El pulso con Luis Aragonés, la acción más necia en la carrera de Raúl

Raúl se va como rey sin corona. Lo ganó todo con el Real Madrid, pero fracasó en el empeño cuando le tocó vestir de rojo. El pulso con Luis Aragonés ha resultado la acción más necia de su carrera deportiva

Foto: Luis Aragonés y Raúl, durante un entrenamiento con la selección española (Reuters)
Luis Aragonés y Raúl, durante un entrenamiento con la selección española (Reuters)

Hace unos días el protagonista confirmaba que abandona toda una vida dedicada al fútbol. A los 38 años, y tras varias experiencias en el extranjero, ha optado por retornar a casa porque seguro que acabará antes o después en su club de acogida. Si aquella salida del Real Madrid resultó frustrante para quienes anhelaban verlo despedirse colgando las botas de blanco, el tránsito por Alemania y más tarde por Doha y Nueva York ha aportado el éxito esperado de aventura. En definitiva, ha servido para alargar el ciclo de uno de los grandes de ésta era contemporánea. Raúl González, eso sí, se va como rey sin corona. Lo ganó todo con el Real Madrid, pero fracasó en el empeño cuando le tocó vestir de rojo. El pulso con Luis Aragonés ha resultado la acción más necia en su carrera deportiva. Hoy se refleja como la mancha negra en un brillante expediente deportivo. Dice adiós sin ganar con España.

Raúl realizó el camino inverso a Luis. El delantero agitó su infancia con los irreverentes colores rojiblancos demostrando en el campo una capacidad extraordinaria para marcar gol. Presumía de ser atlético y así vivía. Sin embargo, la pésima decisión de Jesús Gil de prescindir de las categorías inferiores le cambió la vida. El Real Madrid lo acogió con los brazos abiertos y aunque el Atleti intentó recuperarlo años después, la suerte estaba echada. Un atlético de cuna se convertiría en ídolo del madridismo. Luis, cuya camiseta infantil se desconoce, tardó en vestirse de rojiblanco. Pasó por el filial del Real Madrid, fue cedido por el club a otras entidades hasta que el Betis, ya en propiedad, aceptó la venta al Manzanares. Precisamente, Aragonés, en una extensa entrevista concedida en septiembre de 2010, admitió sus diferencias con Raúl. Fue en la 'Cadena Cope': “Nunca tuve un encontronazo ni con él ni con nadie. Hubo que hacer cosas por el bien del fútbol español. Algunos jugadores, como Raúl, ya no rendían como a mí me hubiese gustado. Hubo un momento en el que la Selección le venía grande”. 

La ausencia del capitán mejoró la convivencia

Y es cierto que nunca discutieron. Incluso se prestaron a un triste paripé para frenar las acometidas mediáticas que recibía el entonces seleccionador. En una convocatoria sorpresa se anunciaba una rueda de prensa de los dos protagonistas más nombrados por aquellos días. España vivía dividida distanciándose entre un duelo legendario. Algo así como un Messi-Cristiano, Nadal-Federer, Senna-Prost, Magic-Bird, Karpov-Kasparov… El encuentro público Luis-Raúl nos dejó buenas caras, medias sonrisas pero un mensaje distante y vacío. Ninguno tenía nada contra el otro. Algo como pelillos a la mar que Raúl es uno más. La puesta en escena no aportó credibilidad. Fue tan estéril como que la decisión ya estaba tomada. El seleccionador no dudaba: la ausencia del capitán había mejorado la convivencia entre los que continuaban. Luis ni olvidaba lo sucedido ni tenía previsto levantar el castigo.

Pero no siempre fue mala la relación entre ellos. En el primer bienio de Aragonés al frente de la Roja, el 'Sabio' conectó con el capitán. Antes del Mundial de Alemania 2006 mantenían una relación confortable. Luis era consciente de que debía apoyarse en Raúl y Raúl entendía que era el encargado de marcar el paso entre el técnico y el siempre extraño vestuario internacional. Además, el madridista era consciente de que la llegada del seleccionador al cargo se había determinado con consenso nacional. Hasta la víspera del 4-0 a Ucrania todo resultó casi perfecto. Luis había avisado que rotaría, que había Mundial para todos y que un grupo de veintitrés unido les acercaría mucho más al triunfo. El entrenador dejó al capitán en el banquillo y la inesperada goleada le obligó a repetir el mismo once ante Túnez. Raúl descubrió su distanciamiento con el banquillo y su enfado con la suplencia cuando, tras empatar a uno, se acercó al mismo, pero para festejar con… Salgado y Cañizares. Se había roto el idilio porque se sentía nada importante. Aquel desencuentro pendiente y sin aclarar provocó la actitud negativa del capitán en los desplazamientos siguientes posteriores al Mundial.

"El que no quiera estar, que se baje ahora"

La derrota ante Francia, en una España que portaba el cartel de favorita antes del partido, hundió al grupo. Esa noche se brindó, en una triste cena, por el cumpleaños de Raúl, quien recibió como presente un reloj, obsequio de la Federación. Al acabar, casi todos al refugio de la soledad de la habitación, aunque algunos demostrasen no estar tan afectados por la eliminación. Tocaba esperar a septiembre para escribir el segundo y definitivo capítulo del distanciamiento. Luis recibió al equipo con un mensaje conciliador, a la vez que frontal y sin ambigüedades: “Empezamos de nuevo. El fútbol siempre te da una oportunidad de revancha. Estáis aquí los mismos que hace un mes porque quiero saber si remamos todos en una única dirección. El barco sale hoy y vamos todos juntos. El que no quiera estar, que se baje ahora”. Esta segunda oportunidad duró para Raúl esa convocatoria. La capitanía reclamó una serie de reivindicaciones, las expondría en una reunión previa al partido en Irlanda del Norte, que el míster se tomó como un motín a bordo. La relación, ya rota, terminó de hacerse añicos unas horas después. Perder provocó el punto de inflexión.  

Las ciento dos veces internacional, cuarenta y cuatro goles celebrados, presencia en tres Mundiales, dos campeonatos de Europa y unos Juegos Olímpicos resultaron estériles a ojos de quien sintió la traición. La historia deja hoy a Raúl en el octavo lugar de internacionales absolutos y en el segundo del ranking de mejores goleadores. La sensación amarga de sentirse campeón de todo, excepto con la Roja, expone al '7' al margen de los mayores éxitos del fútbol español. Él, que tanto se esforzó en hacer grande a la Selección, se cayó en la carrera definitiva, la que nos condujo a ganarlo todo…sin Raúl. A lo mejor, como técnico, algún día es capaz de sacarse esta espina.

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