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Cristiano echa arena en la tumba de Benítez
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Antonio Sanz

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Cristiano echa arena en la tumba de Benítez

Zidane parte con la ventaja de ser quien es, pero con la desventaja que recita el portugués: "Hemos perdido mucho tiempo con éste", en referencia a Rafa Benítez, con quien nunca congenió

Foto: Cristiano saluda a Benítez durante el homenaje que le hizo el Real Madrid. (EFE)
Cristiano saluda a Benítez durante el homenaje que le hizo el Real Madrid. (EFE)

Segunda cabeza de entrenador que Florentino Pérez entrega al vestuario. Para ser más precisos a los altos mandos del camerino. Todo lo que el presidente desterró en su primera etapa como mandamás, “me voy porque los he malcriado”, parece reencarnarse de nuevo. Si ‘Mou’ cayó cuando se peleó con Cristiano Ronaldo, aguantaba bien las embestidas de Casillas y esquivaba mejor las acometidas de Ramos, con Benítez se ha repetido escenario. El entrenador despedido tampoco ha sabido cocinar a su mejor jugador porque ni lo ha convertido en discípulo ni ha sacado provecho de su irregular rendimiento. Sí, muchos goles, tantos como 25, pero todos de dios menor. Es más, la relación resultó irreconciliable desde el principio, y no mejoró con el paso del calendario. Cierto que Rafa tenía más cruces puestas -James, Isco, Jesé- que alternaba con episodios de desorden -Ramos, Benzema, Cheryshev- . Sin embargo, el portugués se ha vuelto a convertir en la espoleta definitiva. Allí donde se le quería escuchar hablaba mal de su entrenador. Sin necesidad de estar rodeado de gente afín. Es más, parecía disfrutar rajando de quien comandaba con escaso acierto la buena convivencia. En la memoria de todos queda la despedida afable a Ancelotti, origen del malestar del luso con la dirigencia.

Hace justo un año, el FC Barcelona transitaba por una crisis sin precedentes en la última década. El máximo mandatario huía del cargo preso de los tribunales cuando su estrella había visitado los Juzgados de Gavá. El equipo no arrancaba y la ‘operación Neymar’ emponzoñaba la ya oscura imagen que presentó el relato de su adquisición. El entrenador, en un iluso golpe de autoridad, dejaba en San Sebastián a los mejores en el banquillo. Y claro, derrota con autogol. La crisis desató dos movimientos arriesgados del interino presidente: convocatoria de elecciones al final de curso para calmar la rebelión popular y presentar al pueblo la cabeza del discutido director deportivo. Zubizarreta saltaba por los aires, aunque el tiempo lo ha puesto en el lugar de honor que mereció su ardua labor. Bartomeu supo ganar tiempo, pero el éxito no llegó por este maquillaje. En el interior de la caseta, Xavi Hernández tiró de galones y ayudado por Mascherano, el compañero que más influye en Messi, Iniesta o Busquets revolucionó al grupo. Logró cerrar filas en torno al discutido Luis Enrique y la maquinaria comenzó a carburar. El asturiano vivía en la polémica, como Benítez, y con escasos apoyos en el grupo por sus pulsos continuos al poder futbolístico. Sin embargo, el toque de corneta a la unidad varió el desquiciante rumbo de aquel Barça.

Nadie del vestuario actual del Real Madrid ha intentado calmar a los que acuciaban la labor del técnico. Salvado varias veces por la campana, Benítez no lograba la empatía suficiente para reconducir el tono díscolo de varios de sus pupilos. La presidencia, con su doble discurso, no ayudaba. Y mientras lanzaba mensajes de unidad y tranquilidad aprovechando las intervenciones públicas, utilizaba sus encuentros privados con algunos líderes mediáticos para echar más leña al fuego. Florentino nunca quiso a Benítez y sólo aprobó su nombramiento por lo que le dijeron que iba a imponer: disciplina. Pero el mandamás se dio cuenta rápidamente que había tropezado. Ni comulgaba con los mensajes del entrenador ni el equipo enamoraba. Con el vestuario alborotado y sin paz social alguna en el graderío, el dirigente se dejó ir hasta encontrar el sí de Zidane. El francés se asustó en la primera acometida de Pérez, tras la humillante derrota ante el Barça. Lejos de agobiarlo, le concedió tiempo para que se diera cuenta de la oportunidad que perdía. Entretanto, Benítez seguía atravesando el desierto sin un grado de avidez e incapaz de reconducir la convivencia en la caseta. Rafa no era Rafa y cada comparecencia pública del equipo sólo alimentaba en Pérez las ganas de echarlo. No encontraba motivos para dar continuidad a un proyecto que caminaba a ninguna parte.

Zidane dijo no para tomarse un respiro. Hacerse cargo del equipo tras una debacle no es aconsejable. Es mejor apaciguar las aguas y tener calma. Él era consciente de que Rafa Benítez estaba herido de muerte y sólo restaba esperar el mejor momento. Además, desde Francia se montó una campaña aludiendo a la excelsa preparación de su compatriota, restando importancia a la inexperiencia. Los medios periodísticos más influyentes anhelaban ver a ‘Zizou’ sentado en el banquillo del Real Madrid. Había que desterrar el vértigo que se deslizaba para explicar por qué Zidane no dirigía aún al equipo tras el castigo que el Barça sometió al club blanco. Pues bien, tras empatar con diez ante el Valencia y adelantarse por dos veces en el marcador, Florentino recibió el visto bueno del marsellés. Ahora sí era el momento de experimentar. A su favor, la imagen de leyenda del Fútbol, una personalidad que admite devoción, la admiración de varias de las figuras, especialmente Cristiano y Benzema, el conocimiento del grupo tras su paso como ayudante de Ancelotti y la sensación siempre óptima de recuperar un viejo ídolo que se alimentaba desde la trastienda del Castilla.

Entre los deberes que debe acometer Zidane está el de recuperar el hambre y la implicación de algunos de sus jugadores, empezando por la estrella y máximo goleador. Con la promesa de continuidad para el controvertido trío de ataque, el nuevo entrenador debe involucrar a Cristiano en los partidos importantes, dónde hace tiempo que no aparece. El ritmo goleador del portugués es bueno con 14 en Liga y 11 en Liga de Campeones, donde cerró con récord en una fase de grupos. Hasta aquí la fría estadística que, sin embargo, no explica lo más importante: en los ocho grandes partidos que el Real Madrid ha disputado durante esta campaña los datos conducen a una extraña sequía. No ha visto puerta en San Mamés, Calderón, Pizjuán, El Madrigal o Mestalla. Tampoco acertó de local ante el FC Barcelona. Tampoco logró anotar en los partidos ante el PSG, el rival más combativo del grupo de Champions. La excepción la encontramos en la visita a Balaídos, dónde sí marcó, cerrando el círculo de los equipos que están en zona de clasificación europea. Zidane, al que los críticos le acusan de que le cuesta mandar, debe aclimatarse a la nueva función. Parte con la ventaja de ser quien es, pero con la desventaja que recita Cristiano: “Hemos perdido mucho tiempo con éste” (Benítez).

Segunda cabeza de entrenador que Florentino Pérez entrega al vestuario. Para ser más precisos a los altos mandos del camerino. Todo lo que el presidente desterró en su primera etapa como mandamás, “me voy porque los he malcriado”, parece reencarnarse de nuevo. Si ‘Mou’ cayó cuando se peleó con Cristiano Ronaldo, aguantaba bien las embestidas de Casillas y esquivaba mejor las acometidas de Ramos, con Benítez se ha repetido escenario. El entrenador despedido tampoco ha sabido cocinar a su mejor jugador porque ni lo ha convertido en discípulo ni ha sacado provecho de su irregular rendimiento. Sí, muchos goles, tantos como 25, pero todos de dios menor. Es más, la relación resultó irreconciliable desde el principio, y no mejoró con el paso del calendario. Cierto que Rafa tenía más cruces puestas -James, Isco, Jesé- que alternaba con episodios de desorden -Ramos, Benzema, Cheryshev- . Sin embargo, el portugués se ha vuelto a convertir en la espoleta definitiva. Allí donde se le quería escuchar hablaba mal de su entrenador. Sin necesidad de estar rodeado de gente afín. Es más, parecía disfrutar rajando de quien comandaba con escaso acierto la buena convivencia. En la memoria de todos queda la despedida afable a Ancelotti, origen del malestar del luso con la dirigencia.

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