Real Madrid: El miedo de Neymar se llama Ben Arfa o cómo no pasarse para terminar en el Madrid

El miedo de Neymar se llama Ben Arfa o cómo no pasarse para terminar en el Madrid

Neymar está tensando la cuerda en el PSG para abrir la posibilidad de salir de París con destino Madrid, pero tiene el ejemplo de Ben Arfa, el cual fue demasiado lejos y terminó desterrado

Foto: Neymar en un encuentro liguero con el PSG. (Reuters)
Neymar en un encuentro liguero con el PSG. (Reuters)

“¿Quién es este chico que juega tan bien al fútbol?”. Estas palabras de Neymar, lanzadas al epicentro del vestuario, eran dedicadas a un futbolista desconocido para él, pero que tras los primeros pasos en el entrenamiento había asombrado al brasileño por sus condiciones. Cuando le contaron la historia de Ben Arfa no podía dar crédito a lo que estaba escuchando. El París Saint Germain había prescindido de un jugador así por sus desavenencias, con la dirigencia primero y con el entrenador después. El franco-tunecino no disputa un partido oficial desde hace más de un año, circunstancia, ahora que se despide de la entidad, que hace reflexionar a Neymar ante el soberano poder que soporta la sociedad franco-qatarí. El pulso que sostiene el brasileño para abandonar Francia puede volverse en su contra. Lo ha comprobado con su compañero: al PSG no le tiembla nada si la rebelión del ‘10’ provoca un estallido en la paciencia de la dirección del club.

Hubo un tiempo en el que a Ben Arfa se lo comparó en Francia con Messi. El país vivía entregado a un futbolista diferente, de los plásticos, de los bellos, de los lustrosos, de aquellos que saben manejar los tiempos de la pelota. Por eso, la entidad con más capital de la nación lo reclutó para sus filas en esa campaña peregrina de afrancesar al PSG. Nadie conoce verdaderamente los motivos que llevaron al centrocampista a ser apartado por la dirección técnica del equipo. Pero tan fea se puso la secuencia que este trotamundos del balompié terminó interpelando un escrito en forma de demanda ante la Liga profesional gala en lo que consideraba discriminación laboral tras ser enviado a entrenar de manera permanente con el filial. El PSG tuvo que dar marcha atrás, aceptar el retorno del jugador con sus compañeros de división, para que Unai Emery terminara ignorándolo deliberadamente en cada convocatoria.

Con todo lo que lleva soportando Nasser Al Khelaifi a Neymar, parece mentira que tanto rencor provocara la marginación de Hatem Ben Arfa. Cuentan diversas fuentes que una simple broma del ‘parisino’ -nació en un municipio a escasamente ocho kilómetros de París- al jeque Tamim bin Hamad Al-Thani, el Emir de Qatar, aludiendo a lo difícil que era contactar con el presidente del PSG, provocó su desgracia. Al Khelaifi se lo tomó tan mal que dicen que juró impedir que el futbolista volviera a vestirse con la camiseta azul. Esto, unido a algún ataque de indisciplina y que no terminaba de llenar el ojo del entrenador vasco, hizo que durante este curso 17/18 se cumpliera el mandato del mandamás. Pero lejos de sentir rencor, Ben Arfa se lo tomó con filosofía y con buen talante. Contó ‘France Football’ que el pasado 5 de abril, coincidiendo con un año natural de su destierro deportivo, decidió invitar a unas pizzas a los componentes del vestuario para ‘celebrar’ su distanciamiento con la dirigencia.

Críticas por no celebrar nada del PSG

Ni siquiera el respaldo popular ha salvado al jugador. Recientemente, Hatem fue protagonista de una campaña de internet donde los aficionados del PSG solicitaban a la directiva que le permitiera jugar al menos un minuto para poder proclamarse campeón de Liga -según la normativa gala solo son campeones aquellos que han disputado al menos sesenta segundos de la competición en juego-. Pero no hay perdón para él. Todo esto ha provocado que Neymar no fuerce la cuerda, que la estire pero sin el error de llegar a romperla. Es cierto, que no es comparable un jugador a otro, y menos uno que aterrizó como superestrella y el otro, que tras pertenecer a cinco equipos distintos, firmó en París cumpliendo un sueño. Por uno se abonó más de 200 millones de euros y el compatriota optó por concluir su contrato en Niza para evitar a la entidad el pago del traspaso. Sin embargo, sí existe un recelo en el brasileño y así se lo han hecho saber: no hay que arriesgar más de lo debido si pretendes que se sienten a negociar con el Real Madrid. De ahí que tras las críticas sufridas por ausentarse de la celebración del título de Liga, con la Copa, la actitud del brasileño ha sido completamente diferente. Neymar sí apoyó al vestuario en la celebración. Quiso sentirse como uno más. Se antoja difícil creer que el PSG lo tendrá solo entrenando y cobrando, demasiado para someter así a un crack. Pero el respeto al poder ya cuece en la mente del jugador.

Dani Alves bautizó a Ben Arfa como ‘el fenómeno’. Algo parecido sintió su amigo y compatriota cuando lo observó tras el primer entrenamiento en París. Pero las condiciones técnicas importan poco si la actitud es mala. Ese es el espejo en el que ahora enfoca ‘Ney’. Es consciente de que le han permitido todo, que todos sus caprichos han sido concedidos, que nadie ha puesto un palo en su rueda. Por eso, el deseo de jugar en el Real Madrid debe ser atemperado y bien medido. El talento, tan escaso en el fútbol, ha sido despreciado por el poder qatarí del PSG. Un ilustre de esa factoría de elegidos ha vivido más de una temporada marginado por una negligencia que pocos se explican. Con Neymar quizá no se atrevan, pero que nadie tiente a un todopoderoso. Por eso el futbolista se mostrará a partir de ahora tranquilo y nada desafiante. Es consciente de aquel proverbio árabe: “En la abundancia de agua, el tonto tiene sed”.

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