Bale, el primer aliviado tras la fuga de Zinedine Zidane del Real Madrid

Gareth Bale mantuvo una relación profesional aunque distante con un entrenador que terminó por no confiar en él. Tiene el respaldo pleno de Florentino Pérez para seguir vestido de blanco

Foto: Zidane y Bale, en un partido reciente. (Reuters)
Zidane y Bale, en un partido reciente. (Reuters)

La decisión de Zinedine Zidane cayó como una bomba en Concha Espina. El inesperado abandono del banquillo del Real Madrid sorprendió a todos, dirigencia incluida. Nadie sospechaba que la decisión del francés convulsionaría de esta manera al madridismo. El hombre que en dos años y medio había logrado nueve títulos ponía en seco punto y final a una trayectoria casi inmaculada. Durante el curso se sospechaba alguna desavenencia entre el técnico y la presidencia, pero en el tramo definitivo del curso solo los más cercanos podían intuir que el galo se atrevería a dar el paso del adiós. Y así ha sido. Se marcha como llegó. Con sopresa.

El entrenador copia su modelo de jugador. Si entonces renunció a un año de contrato, esta vez ha sido a dos. Las causas son diversas. Desde su reflexión de una inyección de hambre necesaria que necesita cualquier colectivo tras ganar y ganar, hasta el decaimiento/distanciamiento de algunos jugadores. El revuelo montado por dos de las estrellas tras la final tampoco ayuda. Pero entre tanta amargura, no todos lamentan la fuga: a Bale se le escapó una sonrisa. Es el primer aliviado tras la salida de Zidane.

Parece mentira que una victoria escarnezca el presente del Real Madrid tras construir una historia irrepetible. No se trata de descuidar el presente porque el club ya ha demostrado que es capaz de manejar con destreza el futuro. Tras ganar en Kiev y mostrar con firmeza que es sin discusión la mejor entidad del último lustro, la opinión pública blanca se lleva un triple revolcón tras sentir improcedentes las palabras de dos de las estrellas del madridismo unida a la inesperada marcha del entrenador.

Mientras Cristiano Ronaldo se fugaba del éxito colectivo, Gareth Bale admitía su escasa felicidad reclamando unos títulos de crédito que no le corresponden. Al final, ambos exponían el claro y el oscuro de la personalidad de cada cual. El delantero portugués, al que la final le pasó por encima y fracasó en un partido transcendental, antepuso el ego frente al éxito del prójimo. El delantero galés, al que jugar durante media hora le otorgó la gloria, prendió las velas para amenazar con una despedida que se muestra hoy un poco más inverosímil.

Bale se pensó titular en Kiev

El Real Madrid mantiene ahora problemas abiertos frente a la solución de la Copa. Si CR7 demostró que su pelea pública con la dirigencia era evitable, Bale admitió desde el ‘man of the match’ que pasar factura es algo recurrente. Para Gareth, el recuerdo de Cardiff se mostró extremadamente presente en una rueda de prensa a la que sometió su franqueza. Entonces, en su tierra, en su casa, donde más le podía tocar el sentimiento, admitió doblar la rodilla para reconocer y ponérselo fácil al técnico: su incapacidad física para jugar de titular y dar vida al mejor compañero.

Ese paso atrás provocó el aplauso general para el galés que se convirtió en protagonista de una causa a la que parecía ajeno. Aquella recuperación de la lesión proponía un debate que Zidane supo resolver con discreción, pero con firmeza. Bale no manejaba una condición física aceptable para pelear por la titularidad. Con todo, el jugador supo admitirlo y corregir su vanidad para disfrutar de un escaso cuarto de hora en el definitivo partido ante aquella perdedora Juventus.

El ‘detalle’ de Zidane de alinear en Gales al ídolo local superó cualquier afrenta personal. No obstante, el británico no se olvida de un momento crucial en su carrera. La relación entre el entrenador y el futbolista era profesional. En realidad, el trato se vivía con distancia. El observador diría que lejana. El idioma los separa. Pero uno y otro han procurado aproximarse porque eran conscientes de que debían entenderse. Sin embargo, Bale nunca pensó que tras el brillante último tramo recorrido durante el actual curso acabaría en el banquillo de Ucrania. Y por ahí, arreció el desencanto de quien afrontaba con optimismo que sería uno de los once elegidos. El héroe de Kiev no se arrugó cuando dispuso de la oportunidad. Con el orgullo herido, celebró un resultado feliz, pero con la actitud de saber desmarcase del éxito concelebrado. Su reclamación era entendible para el madridismo. La decimotercera era propiedad de Bale. Él había sido capaz de demostrarlo sobre la hierba.

El presidente apuesta por Bale

Bale amenazó con exigir más tiempo. Pero Florentino Pérez, que cree en su figura por encima de cualquier opinión, no le puede ofrecer minutos, que es lo que solicita el galés. Por aquí nace el problema para el Real Madrid. El presidente, que apuesta más que nadie por el jugador, no quiere doblar el brazo, ni mucho menos capitular. Para el dirigente no hay debate. Fundamentalmente porque él ha sido capaz de calmar a un corrosivo ambiente que rodea al futbolista con un punto de incomodidad.

El mandamás recorre con seguridad un camino donde afrontar y repeler una crisis que sitúa a las partes frente a una quimera que tapona la salida del galés. Esto no significa que la dirigencia no se plantee la opción de Neymar. Pero Bale sigue sin sobrar. O como dice Florentino, “que lo pongan donde tiene que jugar”. Pues eso, que el dirigente del club se opone a la salida de una de sus apuestas más firmes.

Entretanto, Zidane tampoco aflojaba. El entrenador francés, que tanto aplaudió y respaldó en su comienzo un tridente difícilmente admisible para los ayudantes que respaldan su itinerario futbolístico, ha demostrado que existen otras alternativas a la BBC. Eso sí, sin Bale. Da lo mismo que los números respalden al galés. Ha marcado 21 goles en 39 partidos, dieciséis de ellos en Liga. Gareth mantuvo el tipo en la suplencia y se arrimó al sentido del club: ganar frente a todas las cosas. Pero Zizou mantenía otra teoría. El técnico apostaba porque Cristiano Ronaldo se desenvuelve mejor con Benzema que con otro.

Su compatriota pasaba por ser el discípulo predilecto. Este era el problema de Bale. No para el Real Madrid. Tampoco para Pérez. Lo que separaba a Bale del club era que Zidane anteponía al francés frente al galés. Hoy, el jugador británico suspira porque con nuevo entrenador en el horizonte se siente más liberado y más fortalecido. Es, quizá, la única sonrisa que le han sacado a Florentino en una jornada negra. Porque él tampoco esperaba la salida del técnico. Eso sí, también se ha quitado un problema de encima.

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