Florentino ya muestra su disgusto con Lopetegui

La angustia alcanzó este verano a Florentino Pérez, que camina con menos cintura que la demostrada en el 2000 y en 2009. Los fieles admiten que guarda una carta para cerrar el verano

Foto: Florentino Pérez consideta que Lopetegui cuenta con plantilla más que suficiente para ganarlo todo. (EFE)
Florentino Pérez consideta que Lopetegui cuenta con plantilla más que suficiente para ganarlo todo. (EFE)

Dicen aquellos que más horas pasan junto al presidente del Real Madrid, que este aún no ha digerido el sorpresivo adiós de Zinédine Zidane. No es extraño. Cualquiera. Es un bajonazo. Una despedida radical. Vaya papeleta restaba asumir al dirigente tras recibir frontalmente la extraña marcha de quien remataba otra temporada con feliz resultado. Por eso la demostración improvisada para elegir al sustituto, ante algunas negativas recibidas. Por ahí las prisas para acelerar el relevo. La angustia alcanzó a quien camina con menos cintura que la demostrada en el 2000 y después en 2009. Entiende el madridismo que entonces se echaba al monte sin paracaídas. Hoy, Florentino se lo piensa o ya no llega a donde presumía. Por eso los fieles admiten que guarda una carta marcada para rematar este curso veraniego. Es posible. Pero algo pasa que este Real Madrid ya no enamora. En otro tiempo eran impensables tantas y tan importantes fugas. La dirigencia no lo explica porque no lo entiende. Ellos también habitan en la confusión.

Si lo de Zidane se convirtió en algo inverosímil y de difícil digestión, lo de Cristiano Ronaldo se sobrellevó con la habilidad de manejar mediáticamente la situación. El portugués estorbaba ante lo que se presenta como idílica imagen blanca. La rebelión frente a la Agencia Tributaria, la Hacienda de todos, lo terminaba de condenar, más allá de la ya inexistente relación con el capataz de los socios. Después ocurrió lo de Modric, y esta historia sí empezó a molestar. ¡Cómo era capaz el Inter de hacer dudar a un jugador del Madrid! Daba igual si el fuego amigo de Pedja Mijatovic, expulsado del club junto al actual asesor deportivo de Lopetegui tras el cambio de la anterior presidencia, obligaba a meditar al croata. El barro seguía presente y la erosión al escudo se manifestaba en mayúsculas. No sólo no llegaban galácticos, sino que los que vigilan el fuerte apuntan a la deserción. Y eso enfurece, y de qué manera, al mandamás. Con todo, la conclusión es que la directriz es golpear el timón y aceptar que toca cambio de ciclo.

A Florentino Pérez les escoció la derrota en la Supercopa de Europa ante el Atlético de Madrid. (Reuters)
A Florentino Pérez les escoció la derrota en la Supercopa de Europa ante el Atlético de Madrid. (Reuters)

El fuego cruzado entre Florentino y Rubiales, que pagó Lopetegui, consiguió que el técnico abandonase muy salpicado el cargo de seleccionador y alcanzase el nuevo puesto como alguien demasiado dependiente del poder. Su indiscriminado amor al escudo le traicionó para medir los tiempos de la salida y eso terminó por condicionar su fulgurante despido y su anticipada entrada al Bernabéu. Y todo esto bien lo sabe Pérez. Ya le sucedió a Rafa Benítez en la presentación, a quien la emoción —Julen repitió el mismo episodio en el mismo escenario— permitió que ese rastro de lágrimas arrastrase su real sentimiento frente al exterior: nervios, tensión, emoción, cumplir un sueño. La realidad es que a Lopetegui le ocurrió lo mismo que a Benítez: frente al poder mostró el deseo de aposentarse en el banquillo a cualquier precio. Y a ojos de quien manda, esto genera debilidad. Además, lo que ya trasciende desde la ciudad deportiva es una situación paralela. En la cuestión deportiva se comprueban demasiadas similitudes entre ambos técnicos: se acabó la buena vida que brindaba Zidane. Todo se explica con el manejo de la exigencia frente a la ‘mano blanda’, que diría Ancelotti, estilo característico del francés.

Pero todo esto no influye en Florentino Pérez si los resultados son satisfactorios. Sin embargo, el Real Madrid ha arrancado con derrota… y frente al Atleti. El presidente es, todavía, de aquellos que enfurece cuando pierde con los rojiblancos. En su juventud, aquella pelea con los vecinos se vivía con más zozobra que la que alcanza actualmente desde Barcelona. Por eso, al dirigente blanco aún le escuece perder con el rival local. Y lo de Estonia ha terminado por humillar el verano del mandamás. Entre que no ha sido capaz de desalojar a Neymar y/o Mbappé de París, que tampoco ha posibilitado el abandono de Lewandowski de Múnich o que Kane no se dejó seducir, la ventana estival se resume en que a tiro solo se encuentra el valencianista Rodrigo, a quien despreció de su cantera. Y claro, perder el primer trofeo ha dejado un mal gusto en el paladar de quien se resiste a firmar a alguien que no se acomode junto al apellido de galáctico.

Perder el primer trofeo ha dejado un mal gusto en el paladar de quien se resiste a firmar a alguien que no se acomode junto al apellido de galáctico

Las palabras de Lopetegui en rueda de prensa, mostrándose ambiguo y dejando entrever que necesitan refuerzos, han disgustado al presidente. Quien, además, ejerce de censor. Varias decisiones deportivas han marcado el arranque del guipuzcoano. Para empezar, el considerado mejor portero del Mundial, Courtois, debe obtener más protagonismo, es decir, debe jugar ya, en opinión del ático. Para continuar, la obsesión de firmar a un central, tal y como desea el entrenador, se considera impropia de quien debe sacar partido de la mejor pareja de zagueros del continente. En cuanto al ataque, al margen de que Florentino es consciente de que falta un galáctico y lamenta la situación, no se comprende el motivo por el que Vinicius es todavía invisible en el Real Madrid. La alta inversión realizada provoca que el presidente mantenga que deba ser utilizado desde el principio. En consecuencia, que debe pelear con Asensio, Bale o Benzema por un hueco en el once inicial. Su conclusión, en agosto, es que Lopetegui cuenta con plantilla más que suficiente para ganarlo todo. Eso sí, también asume que el galáctico se le escapa. Pero claro, es más recurrente disgustarse con otros que admitir su propio fracaso.

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