Messi y los males de Argentina o cómo evitar su último partido

Messi disputa ante Venezuela, en los cuartos de final de la Copa América de Brasil, probablemente uno de los duelos más comprometidos de su ya dilatada carrera

Foto: Leo Messi persigue su primer título con Argentina, que no gana nada desde la Copa América de 1993. (Reuters)
Leo Messi persigue su primer título con Argentina, que no gana nada desde la Copa América de 1993. (Reuters)
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Es el hombre deportivamente más observado del planeta fútbol. No puede cometer ni un error. Ni siquiera sufrir un resfriado. Vive atrapado en la eterna comparación con Maradona, el otro dios. Dicen en su país que se muestra de una manera en Europa y de otra cuando viste de corto con la Argentina. Con vaivenes en su recorrido con la albiceleste, Leo Messi disputa ante Venezuela probablemente uno de los duelos más comprometidos de su ya dilatada carrera. El hombre que ha perdido cuatro finales con la selección, tres de ellas consecutivas, afronta la serie de cuartos de final con cierta pesadumbre sobre la hierba. En este último ciclo no alumbra con la fuerza suficiente que impone su leyenda. Pero no afloja. "Me van a tener que seguir aguantando", dijo antes de esta Copa América. Messi y Argentina encaran 90 minutos cruciales, porque si clavan la rodilla pueden haber disputado juntos su último partido.

Amado y repudiado a partes iguales en su país de nacimiento. Ser el saco de golpes en las malas lo ha conducido en dos ocasiones a marcar distancia con la albiceleste. La primera, en junio de 2016 tras caer en Nueva Jersey en la Copa América Centenario. Aquel "se terminó para mí la selección" exponía una frustración que acumulaba tres derrotas consecutivas en tres finales seguidas: en el Mundial de Brasil’14 ante Alemania, en Chile’15 ante el anfitrión en Copa América y la citada tercera en Estados Unidos’16. Sin embargo, las aguas volvieron a su cauce con vistas al siguiente campeonato del mundo de Rusia. Tras la sempiterna decepción, Leo se tomó otro tiempo de reflexión, escrito en silencio público, para afrontar y tratar de resurgir en este torneo que se está celebrando en Brasil.

Argentina sigue divida, pero llueve menos. El sentir general del pueblo observa a un Messi más abierto, no tan aislado, incluso le aplauden las bromas en las redes sociales (se fotografió mientras en la cama de al lado dormía su inseparable Kun Agüero). La gente comprende que a sus 32 años no contaba con la necesidad de seguir demostrando a sus compatriotas lo importante que para él es jugar con Argentina. Lo sencillo para una figura superlativa, como es su caso, pasaría por estar en la playa de vacaciones tras los intentos frustrados. Pero Leo no se da por vencido: quiere el título. Pretende acabar con una sequía que perdura más de 25 años para el país. Uno se debe remontar a la Copa América de 1993 en Ecuador. Desde entonces, ni un festejo.

Una selección con ADN ganador como Argentina no se explica cómo han pasado tantos años sin levantar una copa… y más con el cinco veces Balón de Oro en su plantel. El debate, tras la aparición en la albiceleste del astro de Rosario, se centra en que Messi debe adaptarse al equipo y no al revés. Recordadas son las palabras a este efecto de Simeone, una referencia más que notable en el fútbol argentino. El Cholo, tras la derrota sufrida frente a Croacia en Rusia’18, argumentaba que para un equipo con jugadores normales "encajaría mejor Cristiano Ronaldo". Para concluir que Messi, "rodeado de grandes futbolistas, es sin discusión el mejor del mundo". Quizá es que la nación no cuenta con estrellas mundiales que arropen al ‘10’, a diferencia de lo que pasaba en el Camp Nou con Xavi, Puyol o Iniesta.

Argentina no se explica cómo han pasado tantos años sin levantar una copa… y más con el cinco veces Balón de Oro en su plantel

Pero no solo es el entrenador del Atlético de Madrid quien defiende esta teoría. La pregunta de por qué Messi no gana o rinde con Argentina lo que sí cosecha con el Barça es una retórica constante en las discusiones del balompié mundial. En 'El País', Van Gaal explicaba su particular punto de vista añadiendo en la ecuación al brasileño Neymar: "Los dos me gustan como futbolistas individuales, no como jugadores de equipo. Yo creo que en los juegos colectivos no hay nada más importante que el jugador de equipo. Me gusta Messi porque es el mejor futbolista individual del mundo, sus estadísticas son asombrosas. Pero como capitán, debe preguntarse por qué el Barça no gana en Europa cuando tiene una plantilla maravillosa. Solo Guardiola lo hizo jugar para beneficio del equipo, pero los últimos entrenadores se han adaptado demasiado a Messi, en lugar de proteger el espíritu de equipo". Quien fuera entrenador del FC Barcelona alumbra los males de Argentina.

Cinco años después, Messi regresó a Río de Janeiro, ciudad donde recibió probablemente el golpe más duro de su carrera. Será el mismo estadio de Maracaná el que volverá a pisar ante Venezuela, con el recuerdo de la derrota hace menos de 90 días en el estadio Metropolitano de Madrid. Pero, ¿qué es jugar a beneficio del equipo? ¿Es un problema de Leo o quizá que muchos de sus compañeros se achican ante su figura? ¿Tendrá remedio? Esta Argentina es bien diferente a la de hace un lustro. Entonces, era el mejor, pero no el líder. En aquel equipo de Sabella mandaban Maxi Rodríguez, Mascherano, Demichelis, Lavezzi o Rodrigo Palacio. Hoy, Messi es el único que destila liderazgo. A su lado, los Agüero, Di Maria, Otamendi, Lo Celso o Paredes tratan de aportar lo que pueden para romper el maleficio de los 25 años. Pero quizá afronten otro peor: si Argentina dice adiós, Messi también se plantará ante una nueva decepción.

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