Pep Guardiola no mintió: nunca abrazó la bandera de España (ni en la Selección)

El entrenador del Manchester City nunca negó a sus compañeros en la Selección española sus ideas independentistas. Se radicalizó cuando empezó a entrenar al Barça. Se plantea su salto a la política

Foto: Pep Guardiola dirige a su equipo en la pasada jornada de la Champions League. (Reuters)
Pep Guardiola dirige a su equipo en la pasada jornada de la Champions League. (Reuters)

"Las leyes nos decían que teníamos que jugar con la Selección española. Me convocaban y tenía que asistir, pero no podía renegar de lo que uno siente, de lo que ama, y yo me siento muy ligado a mi país: Cataluña". Son palabras pronunciadas por Pep Guardiola en 2005, el mismo que tal y como adelantó este periódico ha sido tanteado para dar el salto definitivo a la arena política, desmarcándose de su figuración testimonial con que arropó al sello secesionista en las listas de las últimas elecciones al Parlamento de Cataluña.

Es lo que el entrenador de fútbol de profesión siente en su cabeza y en su corazón. Estos sentimientos políticos no le impidieron disputar 47 partidos internacionales con España, participando en unos Juegos Olímpicos, un Mundial y una Eurocopa. Según su versión, la ley jugaba en su contra. Hoy, la misma ley impide la independencia de Cataluña de manera unilateral desde su territorio. Pero Guardiola nunca escondió su ideología y su patriotismo catalán. Ni siquiera cuando defendió la suerte de la Roja.

Eran otros tiempos en los que la opinión pública observaba una España apolítica entre sus deportistas. Los futbolistas, con alguna excepción puntual, no entraban en batallas ideológicas públicas y las nuevas generaciones crecían con la convivencia de la Constitución del 78. La dictadura estaba tan reciente que nadie pretendía dar un mal paso. La realidad consistía en que se peleaba por el colectivo para mejorar las condiciones laborales del mismo, pero la política se dejaba hacer a los políticos.

Pep Guardiola deposita su voto durante la consulta sobre la independencia de Cataluña. (EFE)
Pep Guardiola deposita su voto durante la consulta sobre la independencia de Cataluña. (EFE)

Así creció Guardiola, ajeno a esta actividad, en una villa de la comarca del Bages en la provincia de Barcelona, donde la agricultura era y es el principal motor económico de la población. En Santpedor, las cosas fueron cambiando y poco a poco, con el traslado a la gran urbe, creció en él un sentimiento nacionalista que ahora le confunde en algunas de sus oraciones a favor del independentismo. Entonces, en esa década de los noventa, casi nadie en el mundo del fútbol se aventuraba plantearse renunciar a jugar con España. Unos años después sí surgirían Oleguer, Aranburu o Nacho Fernández, como pioneros de la secuencia de evitar vestirse de rojo por motivos políticos.

Nunca se escondió

Guardiola nunca escondió en las concentraciones de la Selección su ideología separatista. Algunos de los que fueron sus compañeros eran claramente conscientes que el Pep que hoy se significa sin rodeos ya se escuchaba en voz baja, no tan radical ni con tanta crítica severa contra España, pero sí con las mismas ideas secesionistas que cuando defendía la camiseta española. Por ejemplo, en Barcelona’92, Guardiola era un chico tímido, callado, consciente de que su rol en ese grupo no era el de liderarlo fuera del césped. De ahí, que disfrutara de los Juegos Olímpicos casi como un barcelonés más. En aquel momento, no había motivos políticos para renunciar o para alejarse de formar parte del combinado nacional. Sin embargo, lo que a algunos de aquellos compañeros de generación más sorprende hoy es su radicalización, quizá fruto del crecimiento del sentimiento separatista que ha dividido a la sociedad catalana.

Pep, el activista que clama por la independencia de su región, excede de su figura como entrenador para volcarse en la vida social y política de Cataluña. Las exhibiciones públicas que ha realizado en esta última década son una constante. El arranque de su salida del armario político llegó con el aterrizaje al banquillo del Barça. Desde este púlpito ha utilizado el cargo como altavoz público para reivindicar su partidismo secesionista.

Pep Guardiola da instrucciones a Oleguer Presas durante su etapa como entrenador del Barça. (EFE)
Pep Guardiola da instrucciones a Oleguer Presas durante su etapa como entrenador del Barça. (EFE)

"Un país llamado Cataluña"

Varios son los episodios que podríamos recoger de Guardiola. Entre los más significativos, quizá por ser el primero, cuando en diciembre de 2010 tras jugar en Pamplona aludió a que "somos de un sitio, de un país llamado Cataluña, por ahí arriba. Y estamos ahí, pintamos poco". Unos meses después, con motivo de la entrega de la medalla de honor del Parlament, habló sin tapujos de que "Cataluña cuando se pone a currar es un país imparable". Pero ha sido desde 2012 cuando se ha significado con absoluta rotundidad en la lucha por la independencia. Desde el lugar del mundo que ha elegido para vivir: Nueva York, Múnich o Manchester, ha promovido internacionalizar el conflicto dibujando un paisaje de España cuando menos reprochable.

Toda esta tendencia política lo aleja del reconocimiento popular futbolístico en el resto de la nación. Con el currículum de Guardiola muy pocos discutirían que es el mejor entrenador, o al menos el más innovador, de la historia. En diez años de trabajo como técnico ha acumulado 28 títulos divididos entre Barcelona, Bayern y Manchester City. Sus creencias políticas lo separan de la gratitud de gran parte de la opinión pública. El lazo amarillo, que ha portado enfrentándose a la UEFA, lo separa del justo aplauso que debe otorgarle el fútbol español.

Sin embargo, pesa en el reconocimiento más que su aportación al balón su verdadera aspiración política. No sabemos si Pep decidirá dar el salto finalmente a la arena política. Apoyo e imagen no le faltan. Quizá, antes debería reprimir un discurso que en ocasiones falta a la verdad. Pero como ya sucedió en su etapa de jugador, nunca se dejó abrazar por la bandera de España.

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