Las 500 Millas de Indianápolis, una nueva experiencia vital para Fernando Alonso

Fernando Alonso, pese a su abandono, ha dejado huella en Estados Unidos y ha descubierto una nueva competición que impresiona en directo: desde lo que ocurre en el asfalto a lo que lo rodea

Foto: Fernando Alonso saltando el muro de boxes hacia su McLaren Andretti. (EFE)
Fernando Alonso saltando el muro de boxes hacia su McLaren Andretti. (EFE)

“No hay nada como esto…”. “Estoy haciendo unos vídeos para llevar como recuerdo”. “Sí, pero es imposible recogerlo como es” era la conversación en la parrilla de las 500 Millas de Indianápolis en torno a los monoplazas, y especialmente el de Alonso, cercado por los aficionados y periodistas. Rodeados de las impresionantes tribunas repletas de gente que escuchaban con veneración su himno nacional, el tradicional “Back Home again in Indiana”, que se entregan para rendir homenaje a sus militares desfilando por la recta principal... Una carrera que presenta a sus pilotos antes de empezar como estrellas de cine, puro espectáculo acompañando siempre una música electrizante en un ambiente cargado de una impresionante energía… Pero tampoco las palabras pueden dar forma a la experiencia que supone vivir las 500 Millas de Indianápolis, que este año se las llevó Takuma Sato.

Esas tribunas se levantaron luego en pie para rendir otro homenaje, esta vez a Alonso. Su monoplaza se acaba de romper otra vez. Mientras andaba de vuelta por la recta principal seguía recibiendo la felicitación sincera de aficionados y comisarios. Una de las lecciones de su participación en las 500 Millas es que el piloto español ha iniciado un particular idilio con el público norteamericano. Ningún piloto de Fórmula 1 tiene ahora la presencia del español en Estados Unidos. Viviendo de cerca su aventura americana se percibe que, más que una carrera, Alonso ha vivido una nueva experiencia vital en su vida. Desde el punto de vista personal, y profesional.

“Primero de todo, de parte de todos los aficionados, medios de comunicación, gracias por haber estado tan abierto y accesible, nos has ofrecido un gran día, aunque al final haya habido algo de decepción”, le declaraba el maestro de ceremonias de la rueda de prensa al terminar la carrera. Por su resultado, el piloto español no debería haber estado en ella. Pero el impacto de su presencia y protagonismo lo convertía en cita ineludible después de cada sesión de entrenamientos. Y, por supuesto también de la carrera.

Salir a la pista como una estrella del rock

Había que verle desfilar en el instituto de secundaria, compartiendo competición con los estudiantes. O desfilando en el centro de Indianápolis, en la caravana del día anterior a la prueba. En los innumerables actos públicos que ha tenido que llevar a cabo en una semana agotadora. Había que verle salir a la pista como una estrella de rock antes de la prueba, luego engullido casi en el anonimato por treinta y dos pilotos más en la foto, con la copa Borg Warner como protagonista. O en la parrilla de salida, siguiendo respetuoso todos los actos previos a la carrera, rodeado de una inmensa masa de aficionados que incluso se atrevían a pedirle un selfie pocos minutos antes de la carrera. Nada que ver con la burbuja de aislamiento de la Fórmula 1.

“No muchos pilotos son suficientemente bravos para hacer lo que ha hecho, no solo desde el punto de vista físico, sino porque se expuso a sí mismo y ofreció un gran rendimiento que ha sorprendido a todo el mundo”. Y este ha sido, precisamente, el gran mérito de Alonso en su primera aventura americana: el de atreverse salir de su zona de confort de la Fórmula 1, del territorio protegido por su experiencia de tantos años, y con un contacto mínimo y directo con los aficionados. Alonso arriesgaba a hacer el ridículo ante millones de espectadores americanos y del resto del mundo. Por no hablar de la seguridad, como el accidente de Dixon y Bourdais se encargaron de recordar. Su carrera se vio truncada a pocas vueltas antes de la meta, pero triunfó al ganarse a un público que, en su gran mayoría, no sabía quién era Fernando Alonso antes de acudir a Indianápolis.

No por dinero

El público americano ha comprendido y valorado que Alonso ha venido a competir genuinamente en esta carrera. No ha sido el dinero, como en el pasado hacían Jim Clark, Stewart, Hill y otros, desafíos de los óvalos al margen. Tampoco se ha retirado de la Fórmula 1. Como Alonso recordaba ayer, ha venido a América para probarse a sí mismo. Y el público americano lo ha percibido.

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Hamilton no tenía la menor idea de lo que hablaba cuando ridiculizaba la aventura de las 500 Millas. Los accidentes de la carrera y los entrenamientos han vuelto a recordar que en los óvalos, a pesar de sus medidas de seguridad, verdaderamente se corre más peligro que en la Fórmula 1. Que sus rivales son especialistas en una disciplina que Alonso ha ‘empollado’ en menos de un mes. Y cuando se le veía rodar con una inesperada agresividad y habilidad en carrera, se terminó de ganar a ese público que le vió antes en todo tipo de situaciones sociales a la que tan expuestos y obligados están los pilotos que compiten en Estados Unidos. Aquí, no se entiende la distancia de la Fórmula 1. Solo había que estar presentes en la recta principal de Indianápolis antes de la carrera.

Estados Unidos puso a prueba la personalidad de Alonso, esa considerada tan arisca para muchos en España, y también su condición de piloto en un entorno totalmente ajeno a su experiencia deportiva desde que empezara a competir en kart, todavía un niño. La respuesta del público americano cuando se rompía su monoplaza a pocas vueltas del final de las 500 Millas fue la prueba del algodón. Ya lo decía Mario Andretti. Se comprobará cuando viaje a Texas para el Gran Premio de Estados Unidos.

Dentro del Paddock
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