La batalla insostenible en Ferrari o por qué Arrivabene ha sido víctima de la trituradora

Además de la complejidad que supone dirigir un icono como Ferrari, Mauricio Arribavene no se ha distinguido por un liderazgo inspirador estos años. Los resultados también lo delatan

Foto: Maurizio Arrivabene junto a Sebastian Vettel. (EFE)
Maurizio Arrivabene junto a Sebastian Vettel. (EFE)

“Esto es Castilla, que hace hombres y los gasta”, pronunciaba el noble Alfonso Fernandez Coronel antes de ser degollado por el rey Pedro I El Cruel. Podría también hacerla suya Mauricio Arrivabene tras su ‘ejecución’ en Ferrari. Otra víctima de esa particular atmósfera que envuelve y condiciona a un mito sociológico y deportivo como la Scuderia. Tema aparte son los merecimientos de Arrivabene para su fortuna.

Aunque el salto cualitativo de Ferrari desde la llegada de Sergio Marchionne fue extraordinario, solo de puertas para dentro puede conocerse la verdadera contribución de Arrivabene. Pero si la realidad es la percepción, como sintetizara un famoso fotógrafo, el italiano no ha estado a la altura. Máxime con Toto Wolff al otro lado del espejo como referencia equivalente, especialmente cuando Ferrari ha plantado cara al equipo alemán en estos dos últimos años. Si los resultados dan la respectiva medida, algo tendrá el austríaco que no Arrivabene.

Guerra civil en Ferrari

El italiano es otro nombre en la trituradora de Ferrari. Por no remontarse demasiado, Aldo Costa fue injusta cabeza de turco en 2011 y hoy triunfa en Mercedes, como James Allison. En 2014 se marchó uno de los ‘team managers’ más queridos de su historia, Stefano Domenicali. Mattiacci duró un suspiro. Ese mismo año, Alonso pidió a Montezemolo marcharse de Maranello. Hasta el propio presidente hubo de despedirse al final de ese año. Varios técnicos de nivel han dejado el equipo estos años. Arrivabene también ha pagado con su cabeza la falta de títulos.

La singularidad de Ferrari como icono, sus particulares circunstancias, la singular idiosincrasia latina… Arrivabene también habrá sido víctima de factores fuera de su control, así como de las entretelas políticas que mueven a las familias patricias del Grupo Fiat. Como decía al respecto del despido el comentarista y ex piloto británico Martin Brundell: “No conoces lo que no conoces si no estás dentro de una organización, equipo, negocio, familia…”, como para explicar acertadamente la salida de Arrivabene. Pero algunas pinceladas pueden dar pistas.

La atmósfera en Ferrari ha debido inflamarse con la llama política de la muerte de Marchionne. La bicefalia entre Arrivabene y Mattía Binotto parece haber terminado en una guerra fratricida entre una figura catapultada por la progresión técnica de sus monoplazas frente a un director deportivo de liderazgo desabrido y hosco, desbordado por otro liderazgo en el seno del equipo. Desde Italia se habla de dos facciones con un nivel de enfrentamiento insostenible hasta que ha entrado en juego el hacha del rey. En el futuro se conocerá la capacidad de Binotto más allá del área técnica, pero es evidente que la de Arrivabene ha dejado que desear.

Maurizio Arrivabene y Mattia Binotto.
Maurizio Arrivabene y Mattia Binotto.

El ambiente de temor y culpa

En el otro extremo se mueve un Toto Wolff comunicativo, empático, dando la cara y asumiendo públicamente incluso sus propios errores de gestión en carrera, con una sofisticación y versatilidad de mensajes, una mayor inteligencia emocional capaz incluso de integrar a una personalidad compleja como Lewis Hamilton, en su cenit de rendimiento en 2018. ¿Alguien ha visto en Arrivabene semejante apoyo y sintonía hacia Sebastian Vettel? Ya el año pasado le marcó el territorio en seco exigirle que no fuera más allá de sus responsabilidades de piloto. El alemán no ha contando con una red emocional lo suficientemente sólida para el vértigo que supone Ferrari. Ahí están sus resultados en 2018.

“Solo en un entorno de confianza, donde la gente está empoderada y confía en ti, puedes sacar lo mejor de tu gente si te sientes seguro”, explicaba Toto Wolff en una conversación pública sobre liderazgo con Vinod Kumar, Ceo de Tata Comunications. La experiencia personal y profesional del austríaco, su historia familiar, han configurado una personalidad rica y versátil para saber dirigir la vertiente emocional de un colectivo. “La neurociencia nos enseña que si hay un desacuerdo, tu cerebro entra en modo de combate. El desacuerdo te dice que algo no te gusta”, añadía para explicar las aplicaciones prácticas sobre la compleja gestión de un equipo de Fórmula 1. “Lo que intentamos antes de entrar en modo de combate y, por tanto cerrarnos, es aproximarnos a la otra persona con respeto, con curiosidad por saber por qué tiene un diferente punto de vista. Y luego, ser brutalmente honesto en las conversaciones que tienes sobre ello. Pero llega un momento en que hay que tomar una decisión. Hay que crear un entorno seguro, y en el equipo hemos creado un protocolo para descubrir nuestras debilidades: lo ves, lo dices, lo arreglas. Hay que trabajar en un entorno donde puedan admitir sus propios errores y fallos. No puedes culpar a la persona, culpas al problema”. Es solo otro ejemplo de la recurrente filosofía explicitada por Wolff en numerosas ocasiones. ¿El mismo ambiente en la Scuderia? Va a ser que no

Hechos y resultados que hablan

Ferrari no solo se ha encerrado hacia sí mismo ante la opinión pública cuando la Fórmula 1 más se ha abierto al aficionado medio, una proyección de ese Arrivabene distante y hasta altivo que todos hemos visto. Pero lo anterior es mera cosmética si hay efectividad en la gestión. Los errores de Ferrari quedaron especialmente visualizados en el Gran Premio de Italia. Errores de liderazgo sin descartar que en su estilo resonaba ese clasismo jerárquico y tan latino que tradicionalmente ha impregnado la cultura interna de Ferrari.

Olvidemos por un momento la retórica propia de las escuelas de gestión, tan angelicales en lo teórico. Ciñámonos a los hechos, y con la perspectiva del tiempo pasemos revista a estos cuatro años, y especialmente al duelo titánico de 2018. ¿Ha sido Mauricio Arrivabene el líder para que la organización de Ferrari gane a la máquina técnica y humana de Mercedes, liderada por Toto Wolff? John Elkhann, como Pedro I el Cruel, ha dado su respuesta.

Dentro del Paddock

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