Qué necesidad tenía Carlos Sainz y otras grandes historias españolas del Rally Dakar

El Dakar ha vuelto a ofrecer numerosos ejemplos de valores y capacidad de sacrificio entre los españoles. Desde un Sainz sin opciones hasta aquellos que llegaron a Lima sin asistencia

Foto: Carlos Sainz terminó el Dakar en 13ª posición. (EFE)
Carlos Sainz terminó el Dakar en 13ª posición. (EFE)

Esa foto se convertirá en un icono de su carrera deportiva que sigue aumentando su leyenda. Imposible llevar más polvo encima dentro de su habitáculo con el gesto de una buena tunda encima. A su manera, Carlos Sainz también ganó esta edición del Dakar. No fue el único español en lograrlo.

El veterano Sainz podría ser el portaestandarte de la armada española en un Dakar demoledor. Nani Roma, Isidre Esteve, Gerrard Farrés… Y mención singular para las bravas Laia Sanz y Cristina Gutíerrez. Otros participantes españoles con menos nombre y fortuna en la carrera también entrarían en el paquete para recordar una vez más que el deporte, y también el Dakar por su singularidad, es un gran escaparate de valores. Otra tema, el futuro de esta prueba en los próximos años.

Sainz, qué necesidad

Quizás el Dakar de Sainz haya tenido otro mérito no menor al ganado en 2018. Sin opciones desde el tercer día, tocado en el cuello, atrapado con Lucas Cruz una y otra vez en la arena, averías mecánicas, una jornada a puro músculo con más de 200 km en las dunas sin dirección asistida, mochilero con su 'buggie' cargado de repuestos para ayudar a sus rivales como un humilde gregario... ¿Qué necesidad, como diría el castizo? ¿Qué aportaba semejante calvario para quien está a punto de cumplir 57 años y cuatro décadas en activo con todos los éxitos posibles a sus espaldas? ¿Por qué no se fue a casa cuando nada tenía que ganar? Porque Carlos Sainz no tiene remedio ni cura a su pasión y profesionalidad.

Para quien solo aspira a ganar, nada hay peor que la falta de esperanza y motivación. Las opciones de victoria empujan como ese viento favorable que te lleva día a día. "Sigo porque quiero demostrar mi compromiso", justificaba Sainz para no abandonar en un Dakar sin esperanza. Por ello, su equipo hará el año que viene lo que su piloto les pida. Son compromisos y la argamasa para las victorias de mañana. Y claro, acabó ganando la última etapa.

Nani Roma ha acabado segundo el Dakar. (EFE)
Nani Roma ha acabado segundo el Dakar. (EFE)

El mejor Nani Roma

Como valores singulares también ha mostrado otro apasionado dakariano. Sobre el papel, Nani Roma llegaba a este Dakar como el ‘outsider’ de Mini. Todos los pilotos Peugeot de estos años se le subían al carro de su equipo, con Sébastien Loeb como también como rival. Los ganó a todos. Siempre con el corazón a flor de piel, su pasión y temperamento se la jugaron de todos los colores durante más de dos décadas dakarianas. Pero en esta dura, farragosa y peligrosa edición floreció el Nani Roma más maduro y sereno, que no ganó porque fue mejor un catarí nacido y crecido en las dunas que le dio el primer triunfo de la historia a Toyota en el Dakar.

Pero Nani Roma hizo algo más. Quien haya conocido la larga trayectoria dakariana de Stéphane Peterhansel sabe que es una máquina nacida solo para ganar. Trece victorias en coche y moto le avalan. Hasta su mujer, la también dakariana Andrea Mayer, lo reconoce con resignación. Por ello, el francés debió quedarse a cuadros cuando en la etapa entre Tacna y Arequipa el piloto catalán se paró para mantenerle vivo en la carrera. Sí, solo serían unos segundos, pero al final cayeron varios minutos para el improvisado samaritano. No es un gesto muy frecuente entre rivales directos por la victoria. "Era una cuestión de honor", explicó después Roma. Por cierto, su copiloto Álex Haro aguantaba toda la última semana con las costillas fisuradas en un Dakar torturador dentro de un habitáculo. Roma y Haro, segundos en Lima, no fueron en esta ocasión los primeros entre los que pierden.

Laia Sanz ha completado su segunda mejor actuación en el Dakar. (EFE)
Laia Sanz ha completado su segunda mejor actuación en el Dakar. (EFE)

Laia y Cristina siguen rompiendo el techo

Tres meses en el dique seco, debilitada y tirada en una cama, sin energía y… casi directa hacia este Dakar terrible. Y un año más, Laia Sanz sigue superando barreras. Su actuación tiene mayor mérito que en posiciones similares de otras ediciones. Cualquiera que viera a la catalana en las últimas fechas temía que una caída de última hora podría frustrar su proeza. Iba en ‘modo supervivencia’ en las etapas finales. La propia Sanz reconocía lo mucho que ha sufrido en este Dakar. Pero ha terminado undécima, una proeza dada su situación personal. Nadie la ve como una mujer, sino parte de la élite dakariana. Ahora tendrá que darle el beso a un increíble Toby Pricesolo un marciano puede ganar un Dakar así—, pero se llevará la satisfacción de cortarle su famosa y estropajosa melena, puede que uno de los mayores triunfos de Laia Sanz compitiendo contra los hombres en el Dakar.

¿Y Cristina Gutierrez? Hay cariño personal por medio, pero un aventurero global como Jesús Calleja ha agotado todas sus palabras de admiración hacia ella. Admira su mente, su cabeza, su capacidad de adaptación, de sufrir. Ha acabado sus tres dakares. Pero el pasado año le supo a poco y quiso embarcarse en un desafío mayor con una máquina más potente. Hay mucho trabajo detrás para conseguirlo. Lo logró. Se puso como objetivo entrar entre los veinticinco primeros del Dakar. Fue vigésimo sexta. Le faltaron 15 minutos en más de 55 horas de carrera. Algún día será piloto oficial, ya lo verán.

Isidre Esteve, una inspiración por su esfuerzo en el Dakar. (EFE)
Isidre Esteve, una inspiración por su esfuerzo en el Dakar. (EFE)

Los otros dakarianos

Y cuatro puestos por delante de Cristina ha terminado otra de esas figuras que son fuente de inspiración cada día. Isidre Esteve era una ganador potencial del Dakar en la categoría de motos hasta que un estúpido accidente truncó ese futuro. Hoy sigue compitiendo como aquel diablo en la moto que era, pero subiendo y bajando a su coche desde una silla de ruedas. Pasó más de un año recuperándose de las úlceras de su primer Dakar sentado en un coche, sin movilidad. Tampoco se rindió. Ayudó a desarrollar un sistema para él y los conductores en su misma situación. Es feliz. Y hace felices a los demás al verle seguir disfrutando de la competición y del Dakar. Ha terminado otro.

Como Gerard Farrés, que perdía la victoria a falta de dos días para terminar en 'Side by Side' pero nunca la sonrisa ni el ánimo hasta el último minuto del partido. Quedó segundo en su primera participación en cuatro ruedas. O como Javier Vega, que en la ihumana categoría de Originals (sin asistencia) logró llevar hasta la meta el testigo de su pareja, Sara García, que tanto luchó —fisica y económicamente— para participar en el Dakar y se quedó en el camino. O esos hermanos Merino, que también sin asistencia y llegaron juntos y exhaustos a la meta. Todos, los que llegaron o lo intentaron, a su manera, nos han vuelto a dar muchas lecciones en este Dakar.

Dentro del Paddock
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
3 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios