Por qué Fernando Alonso es David contra Goliat en estas 500 Millas de Indianápolis

El proyecto de Alonso con McLaren en las próximas 500 Millas de Indianápolis no parte en principio con las opciones de victoria de 2017, o las 24 Horas de Le Mans y Daytona

Foto: Fernando Alonso en su monoplaza en Indianápolis. (@McLarenIndy)
Fernando Alonso en su monoplaza en Indianápolis. (@McLarenIndy)

Los problemas de Fernando Alonso y McLaren Racing en el Open Test de las 500 Millas de Indianápolis no suponen un drama, pero sí un buen cartel luminoso para recordar que la segunda aventura en Indianápolis será más complicada que la de 2017. El formato de las 500 Millas ofrece mucho tiempo en pista durante las dos semanas de mayo como para poder recuperar el terreno perdido esta semana, pero cada vuelta es oro puro.

Quizás el español esté acostumbrando mal al personal no introducido en la competición automovilística. Le Mans, Daytona, Sebring son victorias al primer intento -en la segunda compitió en LMP2 el pasado año-, pero también logros inusuales en la historia de las carreras. Sin embargo, mantener semejante ritmo con las 500 Millas es una idea que aficionados y profanos deberían desechar de antemano. Porque la mítica carrera americana es un universo singular, un campo de minas donde no basta solo el talento del piloto. En su caso, se añade otro factor crucial: correrá solo en un adolescente McLaren Racing.

"Aquí hay que ser valiente"

El primer test del miércoles se trataba de un programa de aclimatación y rodaje a determinadas velocidades durante un número de vueltas. Sin embargo, para McLaren suponía su bautismo de fuego con su nuevo monoplaza en pista. Que se averió pronto. Una pretemporada de Fórmula 1 recuerda la normalidad de los problemas de juventud, y este también es el caso para McLaren Racing. Pero Alonso apuntó una de las claves para la preparación en Indianápolis: aquí se gana velocidad día a día, de forma progresiva a través de la puesta a punto del monoplaza y la evolución y confianza del piloto. De aquí el valor de una jornada perdida, aunque la lluvia también se aliara con la falta de fiablidad.

Fernando Alonso en el óvalo de Indianápolis. (@McLarenIndy)
Fernando Alonso en el óvalo de Indianápolis. (@McLarenIndy)

“Aquí hay que ser también valiente”, recordaba el español tras este primer test, en referencia a la aclimatación a un monoplaza de altísimas velocidades y dos semanas girando hacia la izquierda. Pero ese valor solo es posible cuando el coche otorga confianza a su dueño a 350 km/h y en pelotones. De lo contrario, el impacto contra el muro está asegurado. Confianza se logra a través de una evolución progresiva del hombre y su máquina. La gran diferencia frente a 2017 radica en que Alonso es el único piloto de un equipo recién formado -aun con personal de experiencia- y con un monoplaza distinto al 2017. “Es un mayor desafío”, corroboraba el español después de la jornada, “tenemos que hacerlo todo nosotros mismos…”. Pero todo.

Ya no es un piloto "empotrado"

Esta carrera que exige gran experiencia técnica y sobre el asfalto para dominar sus múltiples dimensiones, tanto con la puesta a punto progresiva del monoplaza como para la gestión de la carrera. En el primer apartado, un monoplaza de óvalos ha de volar en su límite con el mínimo grip posible. Totalmente diferente a un monoplaza convencional en su puesta a punto, evoluciona y cambia su comportamiento constantemente, tanto en entrenamientos como en carrera. En 2019, Alonso ha de acoplarse así a un Dallara totalmente distinto al de 2017, y quizás aerodinámicamente más complicado de entender que aquel. Pero a diferencia de entonces, no está ahora “empotrado” (acogiéndonos al argot periodístico bélico) en el equipo de Michael Andretti.

Entonces, cuatro pilotos más junto a un equipo veterano y experto proporcionaron la base técnica a Alonso desde el minuto uno del partido. Honda preparó un motor al límite en la certeza de que más de uno explotaría. La apuesta de mandar tantos soldados hacia primera línea de fuego funcionó, y tanto Andretti como Honda se llevaron la victoria aunque algunos, como Alonso, cayeran en combate por el camino. En 2019 Alonso avanzará en solitario para un McLaren sin experiencia.

'Perros viejos' de la carrera

Como piloto, el español se ha referido en ocasiones a esa “memorial corporal” que permite recuperar sensaciones rápidamente en un coche de carreras. La unanimidad es total respecto a su increíble capacidad en este sentido. Los óvalos no serán un problema para el piloto, pero sí un gran desafío para la capacidad operativa en carrera, el segundo gran frente en una prueba caprichosa y aleatoria, que exige “perros viejos” para enfrentarse a ella. McLaren compite frente a equipos -Penske, Ganassi, Andretti entre otros- con décadas de experiencia en las múltiples situaciones que deparan las 500 Millas: ritmo y consumo de combustible, banderas amarillas, paradas en boxes, cambios de comportamiento en el monoplaza en el tráfico y a medida que avanza la prueba, condiciones de pista por temperatura o viento… ¿Cómo cubrirán todos los frentes McLaren y un solo piloto?

Repasando la historia reciente de equipos en semejante posición, incluso la mera clasificación para la carrera ha resultado difícil. La tradición invitaría a considerar a McLaren como un buen candidato para ser devorado por esta imponente carrera. “Si el desafío es mayor, la recompensa también puede serlo”, confesaba el español, asumiendo implícitamente la dificultad de este proyecto. Pero a pesar de su experiencia, medios solvencia e historia, el McLaren Racing de las 500 Millas no es el Toyota de Le Mans o el Wayne Taylor Racing de Daytona, estructuras ganadoras de partida. Así que mejor considerar a Alonso y McLaren como una suerte de David contra el Goliat de las 500 Millas de Indianápolis y sus rivales.

Dentro del Paddock
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