Romain Grosjean, entre el fuego: cuando lo único que piensas es en sobrevivir

Los pilotos están durante una hora viendo las imágenes de un colega cuya vida ha estado en grave peligro de muerte. Pero el protagonista solo ha sentido el impulso brutal de sobrevivir

Foto: Romain Grosjean estuvo 26 segundos metido en su monoplaza, en medio del fuego (EFE)
Romain Grosjean estuvo 26 segundos metido en su monoplaza, en medio del fuego (EFE)

Me permito el atrevimiento de preguntarte querido lector: ¿cómo te sentirías si tienes que subirte al coche de carreras, tras haber asistido en directo y de manera presencial al accidente tan brutal que acaba de sufrir un compañero tuyo de parilla? ¿Y pasar 56 veces después por la curva dónde casi pierde la vida?

El accidente de Romain Grosjean te plantea dos cuestiones básicas. Una, qué puede llegar a sentir un piloto que ha visto las escenas de su compañero metido en una bola de fuego, y tiene qué salir un poco más tarde a la carrera. Otra, qué sentirá en esos momentos el propio piloto que está metida en ella, siendo consciente de que está en juego su vida.

No es un hobby, es una obligación

A los pilotos nos pagan por competir y en la mayoría de los casos por ganar. Lo cierto es que esto no es compatible con permitirte tener sentimientos que te hagan perder una décima de segundo por vuelta. El piloto profesional, cuando se pone el casco, no tiene un hobby sino una obligación, y todos y cada uno de los pilotos que continuaron el GP de Bárein después del accidente de Romain Grosjean lo saben. El pasado domingo lo volvieron a demostrar, los sentimientos existen mientras estás fuera del coche, dentro y con el casco puesto tienes una obligación.

Todos vimos las caras de los pilotos durante la hora de espera en el carril de boxes y en sus respectivos garajes. Y si bien es cierto que tienes esa obligación con el casco puesto, cuando te lo quitas y ves las imágenes de lo que acaba de ocurrir lo vives de una manera muy intensa. Es un golpe de realidad tremendo. Todos en algún momento durante esa hora de espera pensaron en que les podía haber pasado a ellos y seguro que mas de uno pensó también en sus familias. Te das cuenta de que como piloto la fatalidad siempre acecha, y te planteas si vale la pena hacer lo que haces. Luego, te pones el caso y sigues adelante.

Es increíble la sensación de subirse al coche de carreras y que no exista nada más que lo que tienes que hacer. Pierdes el miedo a lo que hay por delante, obvias el riesgo inherente y debes jugarte el adelantamiento a más de 200 km por hora sobre una carretera/circuito lleno de curvas, olvidando lo que acaba de suceder unos minutos antes con alguno de tus compañeros de profesión. Esto lo he vivido muchas veces dentro la pista, y aun hoy no consigo entender cómo es posible que la mente sea capaz de algo así. El sentimiento de preocupación, angustia, lástima, nervios o miedo desaparece en el preciso momento en el que te pones el casco.

El halo fue elemento de seguridad crucial para salvar la vida del piloto francés
El halo fue elemento de seguridad crucial para salvar la vida del piloto francés

Todo, en 26 segundos

El accidente del pasado domingo de Romain Grosjean ha dejado perplejo al mundo. Compartí con él pista primero en el Gran Premio de Macau en el año 2006 y posteriormente en GP2 en 2008 y 2009. Justo antes del accidente, Romain cambió de trayectoria en un movimiento clásico y habitual de primera vuelta de carrera, pero con la mala suerte de que por el ángulo muerto no vió a Kvyat, y se fue directo al guardarrail en uno de los puntos del circuito donde menos escapatoria había...

A partir de aquí, el piloto tiene dos opciones. La primera, permitir que el cuerpo se resienta, te acomodes para pensar en lo que acaba de suceder, tomas consciencia de que te encuentras bien, y después trates de salir del coche. Esto es lo que suele ocurrir en un accidente sin graves consecuencias. Gracias a Dios que eligió la segunda opción. 26 segundos transcurrieron desde que impacta a más de 200 kilómetros por hora hasta que lo vimos salir por encima del amasijo de hierros. Romain Grosjean se saltó todos los pasos de la primera opción y fue directamente a la opción segunda: Sobrevivir.

"Hay algo más importante"

Primero, moverse instintivamente para salir del coche en medio de la tormenta de fuego. Sacó el volante con las dos manos, se quitó los cinturones 6 en 1 que tiene el monoplaza, desenchufó el cable de la radio que está enganchado al casco, buscó salida a un lado del halo que, sin lugar a dudas, le salvó la vida. Vió que por ahí no había hueco y salió por otro lado. Todo, en esos 26 segundos tras un accidente tremendamente violento. Romain Grosjean eligió sobrevivir por encima de todo, quizás no se enteró de lo que hizo durante en ese tiempo porque buscaba desesperadamente sobrevivir. Gracias a Dios que lo consiguió.

Son imágenes que no deberían de suceder. El riesgo a perder la vida en el deporte del motor cada vez está peor visto. Bajo mi punto de vista es uno de los grandes retos que tiene la F1 del futuro y la competición del motor en general; buscar el espectáculo y la diversión del espectador sin que los pilotos se jueguen la vida. Vamos en esa línea, aunque lo que pasó el domingo nos recuerda que aún queda mucho por hacer.

Bienvenido de nuevo Romain.

La mente del piloto