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El tenis aprovechó lo que el golf no supo ver
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Gonzalo Cabeza

Sueños olímpicos

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Gonzalo Cabeza

El tenis aprovechó lo que el golf no supo ver

Estar en los Juegos es la oportunidad perfecta para cualquier deporte, incluso los que tienen más tirón, de llamar la atención. El tenis ha dado momentos memorables, el golf solo problemas

Foto: Nadal, exhausto en los Juegos.
Nadal, exhausto en los Juegos.

El tenis fue extendiendo su mancha por los Juegos Olímpicos. Un deporte que no necesita de la cita para lucirse, pues todo el año tiene su espacio asentado, consiguió ocupar espacios de otros con la mejor receta que propone el deporte: emoción. Termina esta cita y los jugadores cogen el avión. La siguiente parada es Cincinnati, uno de esos muchos torneos importantes del calendario, que dan dinero y puntos, pero que no son los Juegos.

Foto: Del Potro saluda a Nadal tras el partido de semifinales (Kevin Lamarque/Reuters)

La equivocación de los golfistas, apresurados en quedarse en casa, es morrocotuda. No se han dado cuenta de que, una vez cada cuatro años, también conviene ser parte de la familia del deporte y no un acontecimiento independiente sin más relación que aparecer en la misma sección del periódico que los demás. Nadal era eterno antes del torneo, eso no es nuevo, pero lo que ha pasado en Río de Janeiro es un recuerdo al mundo de lo grande que fue. Del Potro, que se ha pasado un año viajando por el mundo tan solo para ver que las cosas aún no funcionaban, se ha reencontrado en los Juegos. Porque está mejor y, también, porque el torneo tiene unos matices que no aparecen en otras citas del calendario. Hoy Mónica Puig es una heroína nacional de un modo que nunca habría conseguido ganando, por ejemplo, en Madrid.

Foto: Marc López y Rafa Nadal (Reuters)

Y Murray, que es de nuevo campeón, ha aportado a su brillante historial un elemento diferenciador que no hubiese conseguido de otra manera. Su imagen en el Reino Unido se refuerza cuando los que no son aficionados al tenis se dan cuenta de que, él también, es del 'Team GB', de que vive y transmite como los demás. Ser deportista olímpico les hace un poco más humanos. Otra muestra de todo esto son las lágrimas de Novak Djokovic. El serbio no lloraría en Cincinnati, pasaría la página del bloc de notas y empezaría a pensar en el siguiente partido. Pero en la pista de Río, siendo parte de un equipo, representando a su nación, las cosas eran diferentes.

El deporte es un negocio muy bien montado, está repartido en el calendario, tiene variedad y mueve miles de millones de euros. Es, aunque no se venda así, un entorno competitivo. El tiempo de gloria que tiene el tenis lo deja de tener el baloncesto, el fútbol se come todo y el espacio que no ocupa tiene que ser aprovechado. Cada cuatro años bajan las armas y se reconcilian, aparecen en el mismo lugar y unidos bajo una misma marca, que es la del olimpismo, y en la que todo se multiplica.

placeholder Juan Martín del Potro.
Juan Martín del Potro.

El descontrol de las fechas

Y por eso no solo hay que estar, sino hacerlo con la mejor de la sonrisas. El tenis, en ese sentido, no ha alcanzado la perfección. Ha habido quejas organizativas que tenían, en casi todos los casos, el mismo motivo: han intentado hacer tres torneos en seis días. Los jugadores estaban cansados, casi rotos, pues suman el trasiego del año a unas sesiones que no tenían ningún sentido. El problema, más que en el COI, está en la ATP, que ni se plantea que una de sus ciudades se pueda quedar uno de cada cuatro años sin campeonato. Demasiada pasta.

Claro, que esos pequeños desajustes no son comparables al desastroso hacer del golf. Y eso que al final el torneo hasta salió bonito y emocionante. Es cierto que esta era casi una experiencia piloto, pues es la primera vez, pero parece obvio que para cualquier jugador un oro olímpico puede ser una condecoración única, un diferenciador de una carrera. Ganar el Bridgestone Invitational, por importante que sea en el mundillo, no tiene la repercusión y el altavoz que se puede dar en unos Juegos. Es cierto que en el golf hay una pátina de elitismo, la sensación de que es un deporte para iniciados, lejano al mundo real. Como negocio, siempre es correcto ampliar la base de aficionados, y para eso en Río había un enorme acto de promoción.

Nadal, con un oro en dobles y sin haber ganado a ningún rival de prestigio en individuales, ha conseguido reconectar en el público como hace años que no lo hacía. Ha tenido portadas y las redes sociales este domingo eran la unanimidad en el elogio -en no pocas veces casi empalagoso- del ídolo de siempre. Solo en los Grand Slam, ni siquiera en el master de final de año, su figura encuentra tantos aplausos. Y es posible que ni siquiera en esas grandes citas.

Los tenistas lo entendieron. Hacía tiempo que no se veía a Nadal tan enchufado, tan contento por un triunfo. Su esfuerzo le dio a los Juegos tanto como los Juegos le han dado a este momento de su carrera. Y el llanto de Djokovic, y las declaraciones de Delpo... ellos sí lo han visto.

Foto: Sergio García durante los Juegos de Río (Leonardo Muñoz/EFE)

Hay una parte en el deporte que no entiende de calculadoras, aunque en un último estadio eso se convierta también en dinero. Los aficionados son emocionales y no ven igual a los deportistas en su rutina habitual que cuando van enfundados en una camiseta con la camiseta de su país. Se puede entrar en disquisiciones sobre la conveniencia de esto, tirar de lo bueno o malo que sea ese nacionalismo que hace ver a la gente de un modo diferente si es uno de los propios o si ha nacido más cerca o más lejos. Pero ese no es el tema, porque lo que no se puede es negar que esto es así, que el mundo aún se mueve con un espíritu de tribu. Eso lo entiende también el COI, solo hay que ver las distintas ceremonias para ver el uso de la bandera. El tenis, con la Davis alicaida, sabe encontrar ese filón.

La victoria de Nadal en el dobles se recordará siempre, más incluso que alguna final de Roland Garros, que con tantas ganadas se confunden en la memoria las unas conta otras. Del Potro, ganador del Us Open, podrá presumir de otra medalla olímpica, como también Murray sabe que a Río no se iba de vacaciones porque lo que se premiaba también tiene una traducción a dinero. El COI hizo un esfuerzo importante para encontrarse con un deporte como el golf y sus jugadores, muchos de ellos al menos, le han dado la espalda a la cita. Quizá hoy no lo saben, pero están perdiendo dinero.

El tenis fue extendiendo su mancha por los Juegos Olímpicos. Un deporte que no necesita de la cita para lucirse, pues todo el año tiene su espacio asentado, consiguió ocupar espacios de otros con la mejor receta que propone el deporte: emoción. Termina esta cita y los jugadores cogen el avión. La siguiente parada es Cincinnati, uno de esos muchos torneos importantes del calendario, que dan dinero y puntos, pero que no son los Juegos.

Golf Comité Olímpico Internacional (COI)