Voluntad y deseo

Un Clásico es ese tipo de partido donde a ambos equipos les gustaría sacar músculo en demostración eficaz de que un escudo supera al otro

Foto: Sergio Ramos y Leo Messi, en un partido entre Real Madrid y Barcelona. (EFE)
Sergio Ramos y Leo Messi, en un partido entre Real Madrid y Barcelona. (EFE)

Siempre un Clásico

La tentación es la de presentar un Clásico delgaducho, errático, de esos que no muestran una imagen vistosa y tampoco aparente. No deja de ser una actitud atrevida, porque este modelo de partido tiene una historia plena de umbrales de satisfacción, para las dos partes. Que si el Barcelona se anda demoliendo, casi refundándose; que si el Madrid se regala en la mayor parte de los partidos... Que sí, que es un Clásico, con toda su intriga y revolución.

Directores

Que los equipos, grupos —como le quieran llamar—, toman su tiempo en construirse es una realidad. Pero los jugadores, además, necesitan su cuota de seducción, y en eso andan Koeman y Zidane. Ronald conoce el escenario, aunque los actores van cambiando y su pensamiento también; circunstancia y acto que llevan al técnico a tomar decisiones relativamente tempranas alterando en algo la selección natural a la que apunta su equipo, los jóvenes prodigiosos. Zidane ya está, más temprano que nunca, en su zona de confort. Sí, ese lugar donde se sitúa en cada inicio de sesión, gobernando el titubeo hasta que un par de resultados lo lancen a liderar de forma natural, como él lo hace.

Voluntad y deseo

El Barça no se asienta en campo contrario y permite que le corran al contraataque. Viene a ser como una traición al modelo; pero no se apuren, no es consciente

El destino no reina sin la complicidad del instinto y la voluntad. Esta leyenda bien podría representar la dificultad a la que se enfrentan ambos equipos. El instinto del jugador es innato para leer lo que ocurre ahí dentro, en la dificultad del encuentro con el rival y la pelota. Es parte de la capacidad de este grupo elitista de jugadores que marcan las diferencias... pero con voluntad. Sin voluntad no hay destino y justo es esa la flaqueza que reina. Son precisos, rápidos, hábiles y fuertes, pero ahora ausentes de iniciativa y deseo para cumplir voluntades. Por lo tanto, no les da para controlar los partidos.

El Barça

Un Clásico es ese tipo de partido donde a ambos equipos les gustaría sacar músculo en demostración eficaz de que un escudo supera al otro. Un enfrentamiento de tribus afrontado con soldados de seda. Ahora bien, ¿cuál va a ser la estrategia?

Messi, en el último partido de Liga. (EFE)
Messi, en el último partido de Liga. (EFE)

El Barcelona tiene defectos que insiste en corregir. No se asienta en campo contrario y permite que le corran al contraataque. Viene a ser como una traición al modelo; pero no se apuren, no es consciente. Si no permaneces en un ataque posicional, si no dominas, tampoco te abalanzas sobre la pelota cuando la pierdes, no tienes suficientes jugadores para recuperar rápido. La consecuencia es la condena a correr hacia atrás con la inquietud de no saber el 'final cut', cómo acabará la escena. Una vez más, la precisión. Messi es testigo mudo de cómo el balón, una y otra vez, cambia de pies como zapato incómodo. Un factor que ha ido cogiendo peso en el tiempo reciente. Tiene la virtud de la velocidad, extremos rápidos y vibrantes, pero no ataca la profundidad. Y a Messi, ese tipo genial y único que solo busca la sombra cuando se muere de aburrimiento.

El Madrid

El Madrid anda en esa retrospección natural de verse reflejado en el pasado. Y desde fuera no se entiende ese proceso en el cual el equipo evoca los inicios pesados y se incendia de paso. En idéntica situación, misma serie, temporada anterior —cómo nos influye Netflix—, el Madrid hizo su propia 'startup' y Valverde y Vinicius aportaron innovación y hambre, la madre de la voluntad. Esa juventud se traduce en motor y así se recuperan balones, iniciativas y duelos. El buen Madrid sabe jugar, cambiar registros, abrir el campo y también disfrutar a la contra, ya lo hizo antes.

Y de la defensa, qué. De la defensa lo más importante es acordarse, tener la intención de reaccionar cuando la pelota cambia de dueño, apretar los espacios, no ignorar a los jugadores que volantean dirigiendo al rival... Y, como decía mi querido maestro, Víctor Espárrago, ponerse el overol con la idea de apretar el esfuerzo.

La volea de QSF
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