¿Por qué crece la antipatía por el Barcelona en España?

A la impresión de crisis hay que unir la antipatía creciente que se palpa hacia el Barcelona en el resto de España. El equipo de Luis Enrique provoca mayor rechazo que el que dirigía Pep Guardiola

Foto: Sergio Busquets en un partido de Liga (Cordon Press).
Sergio Busquets en un partido de Liga (Cordon Press).

El Barcelona ha entrado en una mala racha. No arrancaba tan mal desde la temporada 2003-2004 con Frank Rijkaard. Son dos derrotas en las primeras siete jornadas. No suena tan grave. Pero la sensación de haber entrado en crisis sí es real y la del mal fario de las lesiones, también. A esta impresión hay que sumarle la antipatía creciente que se palpa hacia el Barça en el resto de España. Los pitos generalizados a Piqué en Sevilla el sábado no tenían nada que ver con la rivalidad Madrid-Barça y se entienden en clave de las elecciones plebiscitarias en Cataluña.

El Barça de Guardiola, equipo que ganó seis títulos en un año por primera vez en la historia del fútbol, no generó tanta antipatía. Es cierto que su vinculación con el apoyo a la independencia de Cataluña (la pancarta con la frase ‘Catalonia is not Spain’ se permitía en el Camp Nou por parte de Joan Laporta) impidió que muchos más niños del resto de España se hicieran seguidores de uno de los mejores equipos de todos los tiempos. Pero este Barça de Luis Enrique provoca mayor rechazo que aquel, probablemente por la cercanía de las elecciones plebiscitarias catalanas.

Entre el clima político -que afecta a la percepción de los aficionados de fuera de Cataluña sobre el Barça, dado que no se ha desmarcado políticamente, más bien al contrario- y la plaga de lesiones, el equipo culé transmite sensación de crisis. La pasada campaña, el Barça fundamentó su triplete en que no tuvo ninguna baja importante durante la temporada. En apenas dos meses de competición, y con el hándicap de la sanción FIFA que le impide fichar hasta enero, se han lesionado Rafinha, Messi e Iniesta, así como Vermaelen, lo que agudiza la sensación de precariedad de una plantilla ya de por sí liviana y debilitada por la venta de Pedrito al Chelsea.

Luis Enrique da instrucciones a sus jugadores. (Reuters)
Luis Enrique da instrucciones a sus jugadores. (Reuters)

Los datos también juegan en su contra. Incluso las cábalas. Como muestra la siguiente: Unai Emery no había sido capaz de ganar nunca al Barcelona. Se había enfrentado 20 veces como técnico al conjunto culé y el balance era de seis empates y 14 derrotas. No había logrado derrotar al Barça con Almería, Valencia, Spartak de Moscú y Sevilla, hasta el sábado, en que logró su primer triunfo ante el Barça en el Sánchez Pizjuán. Esta derrota es un síntoma. No mereció perder el Barcelona, pero lo hizo. Tuvo ocasiones clarísimas, de las que siempre entran, pero no entraron. Y Emery por fin ganó al Barça.

“Venimos de ganarlo todo y a lo mejor hay gente que quiere que gane otro equipo”, comentó Sergio Busquets tras la derrota en Sevilla siguiendo la teoría que había lanzado Luis Enrique en la previa del partido. Unas semanas antes, desde el club se empezó a apuntar a los árbitros. Y antes de comenzar el campeonato se dijo que el calendario les perjudicaba. Todo vuelve a sonar al Barça de Núñez y de Gaspart, a un equipo con complejo de inferioridad con sensación de persecución. El entorno de Can Barça manda el mensaje de que puede haber una mano negra en el conflicto de Messi con Hacienda (ahora también de Mascherano) o en la investigación de la Audiencia Nacional del fichaje de Neymar (que también es investigado en Brasil y que ha sido embargado en su país). Transmiten la teoría ‘conspiranoica’ de que, como el Barcelona ha superado al Real Madrid en este siglo XXI, el mecanismo del Estado español ha empezado a funcionar para que el club blanco recupere su hegemonía.
 
En estas teorías de la conspiración se mezcla la política indefectiblemente. Hay que intentar abstraerse de la política y hablar de fútbol, aunque es complicado cuando el propio Barça como club alimenta la ambigüedad en su apoyo al proceso secesionista de Artur Mas. El Barcelona está en un pequeño bache de resultados y lo normal es que se recupere. Y sigue siendo candidato a ganar todos los títulos. Igual que los levantó la campaña pasada con un entrenador que solo se hablaba con un jugador de su plantilla: Xavi Hernández

 

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