Menotti y Bilardo: al enemigo ni agua... ni medicina
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José Manuel García

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Menotti y Bilardo: al enemigo ni agua... ni medicina

Después de encestar hecho un grullo el envoltorio del paquete de tabaco sobre la papelera de su oficina, en pleno centro de Buenos Aires, y encender

Después de encestar hecho un grullo el envoltorio del paquete de tabaco sobre la papelera de su oficina, en pleno centro de Buenos Aires, y encender un nuevo cigarrillo, César Luis Menotti sintió que entre aquellas vaharadas de humo se le escapaba algo más que los pulmones: se le iba la vida. Con un hilillo de voz pidió auxilio. El 'Flaco' fue conducido aquella misma mañana al hospital italiano y por la tarde, de urgencia, fue operado. Se moría. Un hombre, que siempre ha luchado por mantener la cadencia, enemigo de las brusquedades y los extremos, siempre entregó el sable a su adicción al tabaco y al café negro, el cafetito.

Más sano que el Flaco, pero midiendo con celo una peligrosa tendencia a la hipertensión, Carlos Salvador Bilardo, tocó madera y la parte izquierda de una de sus partes. Alguien tan pragmático como el 'Narigón', aprendió en España un dicho que siempre le ha acompañado: si las barbas del vecino ves pelar, pon las tuyas a remojar.

Menotti, según Horacio Mayorga, médico e íntimo amigo del entrenador campeón del mundo del 78, podrá volver a contar una y mil historias de fútbol, pero tendrá que dejar de fumar. Bilardo, campeón del mundo en el 86, guarda silencio. Ni lo nombra. Menotti y Bilardo no se nombran pero siempre se tienen en el pensamiento. Para lo malo y para lo peor. Se odian, no se soportan, aunque guardan una relación fidelísima hacia el amor de sus vidas: el fútbol. Y su elemento más indispensable: el balón.

La diferencia es que uno mira el fútbol con manos blancas y el otro lo mira con manos negras. Uno quiere llegar a la victoria interpretando a Mozart y a Vivaldi, mientras que el otro alcanza sus sueños de victoria utilizando como intérpretes el rock de Los Gatos. El Narigón usa a Maquiavelo, el Flaco no duda en recurrir a Borges, aunque al maravilloso escritor el fútbol le importaba un pimiento.

Yo tuve la suerte de conocer a los dos, también de conocer el entorno de estos dos genios del fútbol, y puedo asegurar que, tanto Menotti como Bilardo, son dos excelentes personas. Dos tipos entrañables. Conviví con ellos en Buenos Aires y en Madrid. Un día de convivencia con alguno de los dos hace que el tiempo se acorte miserablemente, porque te regalan enciclopedias de vida a través de la magia del balón. Pero no se te ocurra preguntarle a Bilardo por Menotti, ni a Menotti por Bilardo: se les agria el rostro, el paladar se les reseca y el pensamiento se les enciende. Arruinarías la velada.

A Menotti el Real Madrid de Mourinho le recuerda demasiado a Bilardo y ello le exalta. Malo para su salud

En sus más de treinta años de enemistad civilizada, ninguno de los dos pierde un segundo cuando alguno de ellos le pone el balón en el pie para que cualquiera dispare. Comentaristas de prestigio, si uno analiza un encuentro de aquella manera, el otro contrapone sus planteamientos de forma nada diplomática. Lanzar misiles de veneno sobre la chepa del otro no produce ya sorpresa alguna, pero sí hilaridad. Hilaridad rutinaria, se diría.

Ambos cuentan con partidarios ilustres. Ángel Cappa es hombre del Flaco. La Brujita Verón, ídolo en Estudiantes, se pone la camiseta del bilardismo, que para eso su padre y el doctor fueron compañeros en aquel Estudiantes legendario y campeón.

Diego Armando Maradona trabajó con los dos. Con ambos tuvo momentos de felicidad inmensa y también huracanados desencuentros. Desde luego no seré yo el que diga que D10s copia a uno o al otro, pero sí puedo deciros que Diego siempre tuvo cierta tendencia hacia el Narigón, y éste le correspondió con una indisimulada querencia paternalista. El Mundial de Sudáfrica tiró por tierra los lazos entre el 10 y Bilardo.

Desde su habitación soleada del hospital italiano, Menotti elogia las maneras del Barcelona y de la Selección española. El Flaco dice que el Barça es una escuadra de virtuosos solistas y Pep Guardiola es Von Karajan. Del Real Madrid no dice nada. En el Real Madrid se encuentra Jorge Valdano, otro de sus admirados discípulos, por eso no levanta la voz contra los chirridos de juego del equipo de Chamartín. El Real Madrid de Mourinho le recuerda demasiado a Bilardo y ello le exalta. Malo para su salud. Para su pensamiento. Para su gusto. Bilardo y Menotti. Jack Lemon y Walter Mathau. Vaya pareja.      

                                            

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