La vida sin Roger Federer

Va a ser duro. Se va a hacer extraño. La simple idea de ver salir de escena al mayor ganador de todos los tiempos debe rasgar por dentro a cualquier amante del deporte

Foto: Roger Federer, en el Abierto de Australia (Efe)
Roger Federer, en el Abierto de Australia (Efe)

Roger Federer, una leyenda a la altura de cualquier otra, ofrece en la temporada 2016 un anticipado evidente ante el paso del tiempo. La necesidad de configurar un calendario cada vez más exiguo para fomentar el rendimiento a meses de cumplir los 35 años. Una carrera prolongada por un mito sin necesidad de probar nada, capaz de permanecer entre la élite del deporte con motivos de sobra para haber cerrado la carpeta hace tiempo.

La imagen de un circuito sin el helvético no parece inmediata, pero la ruta a seguir en 2016 puede ser lo más parecido que hayamos visto hasta el momento. Apenas 14 eventos programados, sin llegar siquiera al cupo de torneos (16) que puntúan para el ranking, expresan a las claras la voluntad actual del helvético: no tanto competir por todo sino competir con garantías en cada torneo en que se presente.

Su ruta de 2016 ya había generado comentarios a principio de curso al ser un calendario trazado hasta evitar la tierra batida, una superficie que garantiza encuentros largos, perfectamente asumibles para un atleta como el de Basilea pero donde la capacidad para imponer un tenis directo, un arte que el helvético ha dominado como ningún otro, encuentra mayores dificultades que en ningún otro suelo. Ahora, y tras pasar por quirófano para intervenir uno de sus meniscos, dañado durante un paseo familiar en Melbourne, el suizo ha virado su ruta. Un forzado giro de timón hasta dejar de lado por completo la gira americana de pista dura que conforman los eventos de Indian Wells y Miami, algo inédito desde que es campeón de Grand Slam, y prácticamente desapareciendo del mapa entre el Abierto de Australia y Roland Garros, los dos primeros majors del curso.

“La rehabilitación de mi rodilla está yendo realmente bien”, comentó el suizo a través de sus perfiles sociales informando del movimiento. “He llevado a cabo muchas sesiones de entrenamiento y en el gimnasio. Siendo un año largo, no quiero forzarme demasiado y volver más pronto de lo recomendable. En consecuencia, no podré regresar al circuito para disputar el gran torneo de Indian Wells, pero sin duda tengo en mente volver al desierto el próximo año. Tras consultarlo con mi equipo, he decidido apuntarme al Masters de Montecarlo”, desveló, encontrando en la tierra batida, el suelo menos agresivo con las articulaciones, un punto ideal para el regreso. “Gracias por el apoyo. Nos vemos pronto en el circuito”. 

En total, una semana de competición en cuatro meses será el balance del helvético al llegar a Roland Garros. En un curso donde la planificación apunta claramente a la temporada de hierba: con hasta tres torneos planificados, no hubo gira más larga sobre verde en su vida, y el desembarco en Wimbledon como objetivo último a los 35 años, no hubo nadie que lograra esa copa superada la barrera de los 32. Así, acumulando oxígeno en los primeros meses, la opción del impulso para un último gran arreón deportivo. Con los Juegos Olímpicos también en el horizonte como meta paralela al césped.

Para el suizo, que horas atrás se dejó ver incluso en la gala de los premios Oscar en Los Ángeles, evadido de la competición pisando alfombra roja como cualquier estrella de Hollywood, un momento de barbecho. Para el resto, la dolorosa aceptación de contar con los dedos sus apariciones en el circuito.

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