Wimbledon y el Santo Grial de Federer

La hierba de Londres espera al suizo, que construyó su imperio siendo imbatible en esas pistas. Avista la retirada, pero aún puede hacer historia ganando un grande con 34 años

Foto: Fererer hace un golpe imposible en Wimbledon (Reuters)
Fererer hace un golpe imposible en Wimbledon (Reuters)

Roger Federer y Wimbledon como pareja de baile. El Grand Slam de hierba aparece en el horizonte como en mitad de una temporada plagada por las interrupciones y la escasez de competición para el de Basilea. Apenas seis torneos en los primeros seis meses del calendario (dos de ellos sobre hierba en la última quincena), fuera de los 10 mejores del curso (ocupa el puesto número 12 en la Race), y un cuidado extremo en sus apariciones (llegando a renunciar incluso a Roland Garros) han dejado al helvético entre algodones y con interrogantes camino de una cita capital en su planificación. Escenario de su última corona del Grand Slam cuatro años atrás, testigo de su presencia en la final en las dos ediciones más recientes, Londres aguarda la llegada del suizo con la esperanza de ver algo grande.

Roger, siete veces campeón sobre la hierba de Londres, acudirá al All England Tennis Club en una de las situaciones más intrigantes de su carrera.Una circunstancia compleja para un jugador con varios registros a considerar: no llegaba a Wimbledon sin levantar una copa en la temporada desde 2001, curso en que, con 20 años y sin título alguno en la bolsa, sorprendió a un heptacampeón como Pete Sampras sobre el césped de Londres; tiene caliente su derrota en la semifinal de Halle ante Alexander Zverev, la primera caída ante un jugador menos de 20 años desde la campaña 2006 - todo un síntoma del relevo generacional que trae el paso del tiempo- y afronta un reto de dimensiones monumentales, ganar un 'major' a dos meses de cumplir los 35. Una tarea cuya altura es cristalina como el agua: únicamente un jugador en toda la historia (Ken Rosewall) ha logrado ganar un Grand Slam a una edad más avanzada. Y lo hizo hace ya 44 años en un torneo como el Abierto de Australia donde por entonces, y debido a la distancia a recorrer, no competía toda la plana mayor del circuito.

Djokovic y Federer, en el último Wimbledon.
Djokovic y Federer, en el último Wimbledon.

Tranquilidad y disfrute

Así, y tras reaparecer en el circuito a paso lento en Stuttgart y Halle, quedando en ambos torneos previos sobre césped a dos pasos de la copa, Federer se adentra en Londres con la temperatura por probar y la autoridad por subrayar. Con todo, la filosofía del suizo parece no añorar la época de dominio en el circuito. Lejos de buscar nostalgia en su condición de campeón de 17 grandes, Roger busca en la tranquilidad y el puro disfrute la llave para volver a buscar la copa dorada en Wimbledon, algo que tuvo al alcance de la mano en 2014 (una manga) y 2015 (dos sets), temporadas donde únicamente el indiscutible número 1 Novak Djokovic fue capaz de cuestionar. Toda una prueba de vigencia para un jugador con el currículo más que completado.

“He escuchado comentarios sobre la retirada desde que en 2009 gané Roland Garros. La gente me decía, '¿qué motivo tienes para seguir jugando?'. Mi pensamiento era, '¿qué le ocurre a la gente? ¿No entienden que jugar a tenis es divertido?”, declaraba el helvético en el diario británico The Guardian antes de afrontar la preparación de Wimbledon. “No necesito ganar tres Slams por temporada para estar alegre. Si el cuerpo ya no quiere hacerlo, si la mente deja de estar por la labor, si mi mujer prefiere que deje de competir, si a mis hijos no les gusta que siga en ello, lo dejaré mañana mismo. No tengo problema alguno. Pero amo el tenis de tal manera que no me importa si no gano tanto como antaño. Para mí eso es irrelevante”, sentenció.

Roger, que buscaría su 'major' número 18 para ampliar su condición de jugador más laureado de todos los tiempos, puso cara y ojos a la predilección principal que tiene en su cabeza. “¡Wimbledon! Ahí es donde mis heroes -Becker, Edberg, Sampras- ganaron. Logré ganar el torneo junior en 1998, allí levanté mi primer Grand Slam y allí he ganado partidos increíbles. Wimbledon es Santo Grial”.

En Londres, donde la carrera del helvético mutó en legendaria, la búsqueda de un imposible: competir contra la edad y la inactividad para seguir siendo eterno.

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