La cuesta de Rafa Nadal

Recuperado físicamente para la causa y reforzado su entorno cercano de trabajo, el mallorquín comienza a dar forma a un curso en el que volver a engrandecer su sombra

Foto: Rafa Nadal, tras imponerse a Alexandr Dolgopolov. (EFE)
Rafa Nadal, tras imponerse a Alexandr Dolgopolov. (EFE)

Hacía tiempo que un inicio de temporada de Rafael Nadal no generaba tanta expectación como este 2017. Una sensación notable para quien ha levantado una carrera ya eterna en el deporte. Para quien ha hecho sello de la superación a lo largo de los años, el horizonte cercano que ahora se abre es más que apetecible. Recuperado físicamente para la causa (su temporada 2016 estuvo lastrada por la lesión en su muñeca izquierda), y reforzado su entorno cercano de trabajo (con la incorporación de Carlos Moyà como pieza más reciente del equipo), el mallorquín comienza a dar forma a un curso en el que volver a engrandecer su sombra en el vestuario. El español, el único hombre que recuperó hasta en dos ocasiones el número uno mundial al cierre de una temporada, toda una prueba de perseverancia y ambición en la cima, tiene ante sí el objetivo de relanzar su figura en la temporada en que dejará atrás los 30 años.

Con las primeras piezas del curso todavía por colocar, y con la paciencia a medio plazo como horizonte establecido por el propio jugador, Nadal se embarca en una aventura varias veces superada: imponer la voluntad a las circunstancias.

Rafael Nadal ganó el torneo de exhibición de Abu Dabi. (Reuters)
Rafael Nadal ganó el torneo de exhibición de Abu Dabi. (Reuters)

El oasis de Abu Dabi

En un contexto de exhibición, pero con la seriedad por bandera, Nadal acumuló una actividad anímica en la pista del emirato. Así, y en el plazo de tres días, el jugador mallorquín desbordó a Tomas Berdych (número 10 mundial), Milos Raonic (número tres) y David Goffin (número 11) consecutivamente, mostrando una actitud enérgica para imponer el juego. El triunfo logrado es ilusorio debido al carácter no oficial de la competición, pero parece importante para el interior de un perfil necesitado de velocidad. Creer es el primer paso para llegar a hacer. Y no parece haber duda de que el balear está poniendo todo de su parte para recuperar el terreno perdido. Como número nueve mundial, abrirá la temporada en una posición de mayor retaguardia que en otras temporadas, al menos en el ordenador y a nivel de cruces, de manera que el mayor mérito será colocarse en una situación de crecimiento, generar esa intriga en el vestuario.

Por primera vez en su carrera, el mallorquín pisa suelo 'aussie' en la semana que abre la temporada. Dos semanas antes del primer gran torneo del año, el Abierto de Australia que se disputa en Melbourne Park del 16 al 29 de enero, Nadal ya se sitúa bajo las condiciones que envolverán el primer Grand Slam del calendario. Si hay alguna sensación que desprende el inicio de curso del mallorquín es el establecimiento del orden, el equilibrio del que está plenamente enfocado en la tarea. Una pretemporada de entrenamiento intenso en Manacor, preparando el cuerpo al abrigo de casa; una participación en el Campeonato de España de dobles, celebrado en la propia localidad, alejando cualquier exhibición en la otra punta del mundo en mitad del periodo de entrenamiento; una escala en Abu Dabi curtiendo el juego ante varios de los mayores talentos del circuito, a medio camino de su primer torneo oficial de la temporada, y el desembarco temprano en Australia, donde intentar permanecer hasta cuatro semanas, algo sin precedentes en una carrera ya extensa.

Rafa Nadal, junto a su tío Toni, durante un entrenamiento. (EFE)
Rafa Nadal, junto a su tío Toni, durante un entrenamiento. (EFE)

Hambre y calma

El balear, que ha abordado 2017 teniendo como choque oficial más reciente la derrota a la primera en el Masters 1000 de Shanghái ante el serbio Viktor Troicki el pasado mes de octubre, ha descartado cualquier valoración de nivel hasta cerrar las citas de Indian Wells y Miami, ya en el corazón de la primavera. Eso son tres meses de competición en las piernas, suficiente para establecer unas conclusiones serias. Eso es, también, un calendario puro de pista dura, pasando por Rotterdam, Acapulco y los dos primeros Masters 1000 estadounidenses, para determinar la altura de vuelo que ostenta un jugador con el curso 2016 partido en dos mitades por la lesión de su muñeca izquierda.

Para subir a lo alto de la escalera, es necesario plantar antes el pie en el primer peldaño. Con esta filosofía aborda el balear una temporada donde buscar de nuevo la temperatura de juego y en la que debe afrontar un problema añadido de las lesiones: mientras uno para, los demás crecen. No es que uno deje de avanzar, es que el resto puede seguir creciendo. En un contexto tal, y sin querer correr antes de fijar los pasos, Nadal vuelve a apostar por la confianza en el trabajo diario.

“No puedo predecir el futuro y no quiero decir cosas que no deba”, indicó el mallorquín al llegar a Brisbane, poniendo una capa de cautela acerca de sus sensaciones de cara a los grandes títulos. Coronas como los Grand Slams, los eventos de mayor calibre del calendario que lleva dos años y medio sin llevarse a las manos. Eso sí, cerró la intervención con un mensaje claro. “Si me encuentro sano, creo que puedo hacerlo”.

La temporada 2017 ya ha llegado y para Nadal hay una receta que domina como pocos: levantar el vuelo tras un mal trago.

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