Los peligrosos arrebatos de enfado o frustración en el tenis, a debate
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Álvaro Rama

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Los peligrosos arrebatos de enfado o frustración en el tenis, a debate

La normativa coloca estas situaciones en una necesidad de interpretación, jugando la intencionalidad un papel clave, pero menos importante que las consecuencias derivadas del arrebato

placeholder Foto: El juez de silla Arnaud Gabas recibió un pelotazo en la cara del canadiense Denis Shapovalov (Chris White/Reuters)
El juez de silla Arnaud Gabas recibió un pelotazo en la cara del canadiense Denis Shapovalov (Chris White/Reuters)

Con las manos sobre el rostro y un gesto de incredulidad por lo ocurrido. En lugar de terminar la eliminatoria que arbitra estrechando la mano de los jugadores, el juez de silla francés Arnaud Gabas lo hace con una bolsa de hielo sobre el ojo izquierdo y una visita al hospital de Otawa. Bajo la cubierta del TD Place Arena, que congrega a miles de aficionados en las gradas, una escena que deja frío al pabellón y desconcierta a todos los implicados, que en segundos pasan de disfrutar una serie competida al límite a ver la función suspendida de inmediato.

En un fin de semana donde España volvió a ganar una serie de Grupo Mundial cinco años después, remontando ante Croacia con Roberto Bautista y Pablo Carreño como dos timones capitales a medio plazo en la competición, el foco de atención poco tardó en girar hacia otra serie de manera inesperada.

Foto: El juez de silla del Canadá-Gran Bretaña se pone hielo en la cara. (REUTERS)

Durante el quinto punto de la primera ronda de Copa Davis 2017 que enfrentaba a Canadá y Gran Bretaña, un hecho insólito. Enfrentado a Kyle Edmund y tras perder el servicio en el tercer set de un partido negro (6-3, 6-4, 2-1 dominaba el británico), Denis Shapovalov decide liberar la tensión lanzando un pelotazo desesperado en dirección a la grada. Su arrebato se convierte en una acción grave cuando esa bola termina impactando en la cara del juez de silla. De inmediato, el supervisor de la eliminatoria toma cartas en el asunto y, reglamento en mano, dictamina la descalificación del equipo canadiense de la competición y el pase a cuartos de final del cuadro británico. Unas imágenes que, en apenas unos minutos, copan la atención del deporte y recorren conversaciones de medio mundo.

“Me gustaría disculparme con el juez de silla, el supervisor y todos los oficiales de ITF”, se apresuró a advertir el protagonista, que acudió a interesarse por el estado de Gabas en la habitación donde fue inmediatamente atendido, según reportó la 'BBC'. “Ha sido un comportamiento inaceptable por mi parte. Me encuentro profundamente avergonzado por abandonar a mi equipo y a mi país de esa manera. Es la última vez que hago algo así. Aprenderé de ello”.

Normativa interpretable y casos ‘afortunados’

La normativa coloca estas situaciones en una necesidad de interpretación, jugando la intencionalidad un papel clave, pero menos importante que las consecuencias derivadas del arrebato. Si hay propósito en la acción, la descalificación es inmediata. Sin embargo, si se considera que el hecho ha sido fortuito, sin intencionalidad, únicamente habrá castigo si las consecuencias han sido graves, como ha sucedido con Shapovalov.

Un matiz que abre el debate sobre dónde debe estar la punibilidad de las acciones: si un accidente es castigado como tal sólo si genera un agravio y no por ser un accidente en sí. Si el riesgo corrido sólo se persigue si ha generado un mal 'a posteriori'. Más todavía si no se trata de un lance de juego propiamente dicho, sino una acción llevada a cabo sin que la pelota esté en juego. Una circunstancia que nos remite a numerosos casos recientes en el circuito, con algunos de los mayores perfiles del vestuario como protagonistas, exentos de castigo por no tener un desenlace fatal.

De Djokovic a Nalbandian

Novak Djokovic levantó su ansiado título de Roland Garros en 2016, pero estuvo cerca de ser descalificado (reglamento en mano) durante su partido de cuartos de final ante Tomas Berdych, cuando dejó escapar su raqueta contra el fondo de pista y casi golpea a un juez de línea. Apenas unos centímetros le permitieron seguir adelante, ganar sus dos siguientes partidos y completar su colección de Grand Slams.

Serena Williams, por su parte, alcanzó los 22 títulos individuales de Grand Slam en Wimbledon 2016, igualando el récord de Steffi Graf en la Era Open, pero protagonizó un episodio destacable durante su encuentro de segunda ronda ante Christina McHale. La estadounidense, frustrada en un partido que necesitó remontar, zarandeó con desesperación sentada en su banquillo una raqueta que un camarógrafo terminó encontrándose en el regazo. Sin llegar a causar un daño físico, la protagonista salvó la eliminación nuevamente por la no fatalidad del desenlace.

O el caso de Andy Murray, que accedió a la final de Cincinnati 2016 tras batir a Milos Raonic en un encuentro en el que pateó una pelota que pasó a escasos centímetros de la cabeza del juez de silla. Un margen mínimo que convirtió una descalificación segura (en aplicación de la norma) en una mirada fija del oficial.

Todos ellos exentos de mayor castigo a diferencia de, por ejemplo, el argentino David Nalbandian, descalificado en la final de Queen’s 2012 por tener un arrebato al margen del juego, como todos los anteriores, pero desencadenando una consecuencia grave (provocar una herida en la pierna de un juez de línea tras patear una valla publicitaria).

¿Se deben endurecer las medidas en los arrebatos de frustración que pongan en peligro a terceras personas, independientemente del resultado? El debate parece abierto en el circuito.

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