El Real Madrid sí debe achacar a Benzema las consecuencias éticas y de imagen

Mientras en Francia claman por la ejemplaridad como un elemento indispensable para que el ariete vuelva a la selección, en su club han cerrado filas en torno a él y apelan a la presunción de inocencia

Foto: Benzema celebra su gol al Atlético de Madrid en el Calderón. (EFE)
Benzema celebra su gol al Atlético de Madrid en el Calderón. (EFE)

Por fin Karim Benzema ha dado su opinión sobre el asunto de su participación en un presunto proceso de chantaje sexual del que fue víctima su compañero de selección Mathieu Valbuena. En resumen, la dirección de su abogado ha puesto en boca del delantero del Real Madrid un catálogo de palabras de descargo e indignación, de lealtad a los suyos y de sorpresa por el revuelo suscitado.

El caso es que no se le puede considerar culpable del delito hasta que no lo determine la Justicia, pero sí que se le han de achacar las consecuencias éticas y de imagen de unas conversaciones que han sido grabadas y filtradas a los medios de comunicación. Por ahí, no existe forma de exculpar al futbolista, como mínimo de imprudente y de despreocupado respecto a su marca personal y a sus intereses comerciales.

Pero lo más llamativo del asunto, al margen de la posible implicación de una estrella en un cambalache mugriento de bajos fondos aún más cutres, es la diferente reacción que ha suscitado su concurso en su país y en su club. Mientras el primer ministro galo, Manuel Valls, clama por la ejemplaridad como un elemento indispensable para formar parte de la selección de su país, el Real Madrid ha cerrado filas en torno al atacante pese a la palpable demostración de, como poco, su diálogo con el presunto chantajista y la presunta víctima. De manera objetiva, la entidad no puede desoír esos datos y dejar pasar los días sin manifestar una inequívoca postura a favor de las buenas prácticas de sus trabajadores aunque vaya acompañada por soflamas en pro de la incuestionable presunción de inocencia.

Registran el domicio de la atleta marta domínguez
Registran el domicio de la atleta marta domínguez

Otro ejemplo de posturas divergentes lo representa el dopaje. España es un país todavía tibio a este respecto en contraposición a sus vecinos franceses. El último y lastimoso episodio lo ha protagonizado el partido que gobierna con la atleta Marta Domínguez, a quien ha tenido que pedir que saliera de sus listas a la carrera (nunca mejor dicho) pese a que la palentina arrastraba durante años un proceso por irregularidades en su pasaporte biológico que ha culminado en la pérdida del oro que se colgó en los Mundiales de Berlín 2009 y la plata que ganó en los Europeos celebrados en Barcelona hace cinco años, además de una sanción que no cumplirá al haberse retirado ya de la competición. 

El bochornoso papel en el asunto no puede limitarse al cuadro político, dado que no pocos dirigentes deportivos defendieron a la atleta e incluso criticaron el proceso por el que se la considera culpable. Por desgracia, no es el único caso en el que los prohombres del país apoyan a ojos cerrados a deportistas incluso después de haberse probado y condenado su dopaje, por muy peregrinas que fueran las razones. No puede olvidarse que en el historial de las sustancias prohibidas en España han aparecido chuletones, lomos de cerdo, tazas de café o casquería brasileña.

Quizás lo que falla no son los políticos o directivos, sino los deportistas. En cualquier caso, el último en sumarse al plantel de las exculpaciones ha sido un juez, quien ha aportado al mismo tiempo su opinión y unos datos que contribuyen a pensar que con toda probabilidad lo que no da el nivel es el propio país. De vuelta al asunto Benzema, el magistrado Enrique López ha explicado que mientras en Francia la actuación del madridista sí que se considera un delito, en España se exige algo más. Con los datos disponibles, no estaría lo bastante clara la aportación del delantero en todo el proceso del chantaje y de ese modo podría quedar al margen de la presunta coacción.

España vive bajo el estigma de ser el país que no penaliza a la corrupción en las urnas y la tolera en los juzgados. En el ámbito deportivo queda tanto camino por recorrer como en el social, pero al fin y al cabo el primero es algo que existe en relación con el segundo. Ser ejemplar abarca conceptos mucho más amplios que la simple cuenta de resultados económicos y el palmarés con el que paseamos orgullosos por el mundo: significa que la ética en el deporte está a la altura del desempeño y en este sentido España aún está muy lejos de ser una potencia.

*David Espinar es periodista y consultor en comunicación

Tribuna
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