Dos maneras de cantar, dos maneras de querer

Antes de que comenzara la final en San Siro, cada afición entonó un cántico sobre el amor a sus equipos. Quizá suenen parecidos, pero son muy distintos.

Foto: Aficionados del Atlético en San Siro (Reuters)
Aficionados del Atlético en San Siro (Reuters)

Ir al estadio en una final de Champions te hace conocer el odio. No por la hinchada rival, no. El odio de la UEFA, que no te quiere allí. La UEFA odia a los aficionados de grada, por eso les escamotea la mitad de las entradas y por eso intenta silenciarlos con altavoces gigantes dirigidos contra las tribunas.

Antes de que empezara el partido todos queríamos animar a los nuestros, pero fuimos sepultados por una absurda marea sonora comandada por Alicia Keys, Andrea Bocelli y un puñado de bailarines espasmódicos con telas brillantes. Después del partido, unos querían cantar "campeones, campeones" y otros queríamos agradecer el esfuerzo de los nuestros, pero todos sucumbimos ante un heroico técnico de sonido que impidió que nuestras voces llegaran al césped gracias a su fanfarria pomposa a todo volumen. "¿Cuándo conseguiremos sustituir a toda esta gente por un holograma?", se preguntaban los máximos dirigentes del fútbol europeo mientras decidían a quién sobornar para evitar la cárcel.

No obstante, el circo de la UEFA tuvo un momento de (involuntaria) brillantez. Sucedió media hora antes del pitido inicial, cuando se detuvo por unos momentos el atronador hilo musical para que un 'speaker' dirigiese un cántico de cada afición. Y lo que iba a ser otro episodio de artificialidad resultó perfecto: ya se había presentado a los equipos, pero los cánticos presentaron a las aficiones. Para saber quiénes jugábamos y cuál era nuestra manera de estar en el mundo.

Empezó la afición del Madrid, con su hit indiscutible, su omnipresente tarjeta de visita, cuya letra dice así:

Cómo no te voy a querer

Cómo no te voy a querer

Si fuiste campeón de Europa

por décima vez

Léanla otra vez. Es la declaración de amor más triste de la historia. Querer a cambio de algo, medir al milímetro la cantidad de amor que el otro se merece. Estoy seguro de que los que la cantan no quieren así a sus parejas, a sus familias o a sus amigos.

Aficionados del Real Madrid en San Siro (Reuters)
Aficionados del Real Madrid en San Siro (Reuters)

Me hizo recordar un episodio que había vivido horas antes en el avión hacia Milán. A mi lado iba una mujer que se pasó el vuelo hablando de fondos de inversión, fondos perfilados, fondos de fondos... y teorizando sobre en cuántos puntos está el suelo del Ibex.

En un momento dado se desató un simpático duelo de cánticos entre los pasajeros del Madrid y del Atleti, y los del Madrid insistían con lo de "cómo no te voy a querer". Varias filas más atrás se oyó a alguien gritar socarrón: "¡Chavales, que solo tenéis una canción!", a lo que la mujer que iba a mi lado respondió inmutable en voz baja: "Sólo tenemos una canción pero tenemos diez copas de Europa, mamarracho".

Era tan pobre / que no tenía más que dinero...

Volvamos al estadio. Cuando le tocó el turno a la afición atlética, el cántico fue éste:

Muchachos,

Hoy viajamos juntos otra vez

Enamorado del Atleti

No lo puedes entender

Creo que la diferencia salta a la vista, pero hay alguien que hace poco lo explicaba mucho mejor de lo que yo podría hacerlo:

"En España la mentalidad es 'el equipo me tiene que dar a mí, y en Inglaterra es 'yo tengo que darle a mi equipo'. Creo que aquello está relacionado más con el amor. Tú cuando amas de verdad a alguien, estás más pendiente casi de darle cosas a esa persona que de recibirlas. Los ingleses aman mejor, aman más a sus equipos".

Luis María Valero (autor de esas palabras) y Alejandro Oliva son dos seguidores del Real Murcia que escriben un blog, que escriben libros (como éste y éste) y de los que podemos aprender muchas cosas sobre qué significa ser hincha de un equipo de fútbol. De hecho, podría haberme ahorrado este texto y poner simplemente este tuit, donde está todo dicho:

En fin, escribo esto volviendo de una ciudad en la que hemos perdido. Otras veces hemos vuelto de otras ciudades en las que hemos ganado. Voy pensando que a partir de hoy, los madridistas cantarán "cómo no te voy a querer si fuiste campeón de Europa por undécima vez". Recordándole al equipo lo que tiene que hacer para que le quieran, un amor siempre frágil, siempre en la balanza.

Nosotros pronto viajaremos juntos otra vez. Enamorados del Atleti.

 

 

Tribuna
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