José Manuel Calderón, el equipo primero

El base extremeño deja la selección española tras 193 partidos y ocho medallas, la última el bronce conseguido en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro

Foto: Calderón (der.) celebra una canasta en el España-Francia de los pasados Juegos Olímpicos (Jorge Zapata/EFE)
Calderón (der.) celebra una canasta en el España-Francia de los pasados Juegos Olímpicos (Jorge Zapata/EFE)

En los recientes Juegos Olímpicos de Río Janeiro, a José Manuel Calderón (Villanueva de la Serena, 1981) le tocó responder a lo mismo una y otra vez. Después de cada partido, la prensa española y estadounidense le preguntaba por su rol en la selección, el de tercer base por detrás de Ricky Rubio y Sergio Rodríguez. En todo el torneo jugó solo 25 minutos, menos que en la semifinal olímpica de Londres cuatro años antes. El extremeño se armaba de paciencia en la zona mixta y respondía una y otra vez lo mismo: que antes del torneo ya sabía cuál iba a ser su papel, que lo asumía con normalidad, que estaba allí para ayudar y que lo importante no era su situación. "El equipo primero", repetía.

Las preguntas fueron desapareciendo conforme avanzaban los Juegos, en parte porque había asuntos más urgentes, la supervivencia del equipo, por ejemplo, y en parte porque acabó por convencer a todos de que aquello no era un asunto que mereciera la atención, que con él no iba a haber ningún problema. Acostumbrado a liderar dentro de la pista, a Calderón le tocó hacerlo por primera vez desde fuera. Y lo hizo tan bien o mejor que botando el balón como un yoyó. Su actitud no solo fue muy valiosa para el grupo, sino que fue un ejemplo. Ni una crítica a la decisión de Sergio Scariolo, ni un mal gesto. Aceptó su papel y lo utilizó para ayudar al equipo.

Es lo que había hecho desde que debutó con la selección antes del Mundial de Indianápolis 2002. Allí se hizo con el mando de un equipo que daba sus primeros pasos para convertirse unos años después en el único capaz de plantarle cara a Estados Unidos. En ese Mundial se reunió por primera vez en la absoluta con Pau Gasol, Juan Carlos Navarro y Felipe Reyes, que ya habían ganado el bronce europeo un año antes. 

Junto a ellos, Calderón había ganado el oro en el Campeonato de Europa Júnior de Varna 1998, el primer éxito de los Júniors de Oro antes de ser los Júniors de Oro. No busquen a Calderón en la foto de Lisboa 1999 porque no estaba: se perdió el torneo por lesión. Los cuatro volvieron a coincidir 18 años después en Río.

Sergio Rodríguez, Juan Carlos Navarro, José Calderón y Felipe Reyes, tras recibir la medalla de bronce en Río. (EFE)
Sergio Rodríguez, Juan Carlos Navarro, José Calderón y Felipe Reyes, tras recibir la medalla de bronce en Río. (EFE)

En el puesto de base, Calderón fue la pieza que le faltaba a la selección, que apenas pudo disfrutar de Raúl López. El villanovense se retira con 193 partidos (sexto jugador con más internacionalidades) y ocho medallas, incluidas el oro mundial de 2006 y las tres olímpicas (2008, 2012 y 2016). El paso de los años y la competencia fueron mermando sus minutos hasta acabar sentado en el fondo del banquillo. Pero incluso en esa posición supo ser importante.

En Río fue el que más parecía disfrutar del corro que hacía el equipo antes de comenzar a calentar, ese al que llegaba siempre en segundo lugar, justo detrás de Felipe Reyes; el que más animó, el que más celebró las canastas y las victorias; y fue el primero en abrazar a Gasol cuando se acabó el partido contra Australia y España ganó un bronce que supo tan bien como las dos platas anteriores. Su último servicio a la selección lo hizo desde el banquillo, pero eso no le resta importancia. Aunque desde un lugar diferente, Calderón hizo en los Juegos de Río lo mismo que había hecho en los 14 años anteriores: poner al equipo por delante de él. Por eso lo deja.

Tribuna