El número 701 dice que ganaría a Serena, pero la igualdad en el tenis no es eso

El tenis femenino ha llegado a cotas que son imposibles en cualquier otra disciplina. Esa sensación de igualdad ha sido beneficiosa para el deporte en general, y no solo para las mujeres que lo juegan

Foto: Serena Williams, en el último Abierto de Australia. (REUTERS)
Serena Williams, en el último Abierto de Australia. (REUTERS)

Afirma Dimitri Tursunov que él nunca ha visto decir a John McEnroe ninguna tontería. Nadie le hubiese preguntado por ello si no fuese porque él, número 701 del ránking de ATP, cuadra bien con la última frase del iracundo zurdo, una sentencia que decía que Serena Williams no podría ganar al número 700 del tenis y que muchos, incluida la jugadora, han calificado como una frase fuera de tono. Como una de esas cosas, por lo tanto, que Tursunov piensa imposibles en McEnroe.

"El tenis es muy físico, por lo que sería difícil para una mujer jugar contra hombres, yo esperaría ganar un partido contra Serena", explicaba el ruso de 34 años que llegó a estar entre los 20 mejores tenistas del mundo. A nadie le ha dado por negar la importancia del físico en el deporte, en este y en casi ninguno. Tampoco la posibilidad de que muchos hombres ganen regularmente en tenis a mujeres si jugasen juntos, precisamente por esa preponderancia del físico. El problema, y por lo que Serena Williams mandó a esparragar a McEnroe, es por esa capacidad de hablar por hablar, de decir el 700 del mundo cuando, en realidad, no hay ningún estudio que coloque a la estadounidense en una hipotética lista de jugadores hombres.

Ha habido en la historia algunas pruebas de competición en las que se cruzaron hombres y mujeres. Navratilova jugó y perdió contra Connors, Bobby Riggs ganó a Margaret Court primero y a Billie Jean King después cuando tenía 55 años y ellas estaban en plenitud, aunque bien es cierto que la segunda le puso en grandes apuros. Las Williams, cuando eran solo unas niñas retaron al 203 del mundo (Karsten Braasch en aquellos días) y fueron ampliamente derrotadas. Pruebas que en otros deportes no se han dado y que, en realidad, son un poco estériles y más centradas en el espectáculo que en un interés real por marcar las diferencias entre el circuito femenino y masculino, algo que, en todo caso, tampoco tiene sentido porque se parte de la base de que físicamente son mundos diferentes.

Discusiones sólo vistas en el tenis

Este tipo de discusiones solo se dan en el tenis. No la esperen en el fútbol, ni en atletismo, no existirá en baloncesto ni en ningún otro deporte individual. Solo en tenis porque el tenis es diferente, único en sí mismo y, con diferencia, el deporte en el que la distancia entre los hombres y las mujeres es más reducida. Al menos entre las disciplinas más mediáticas y que mueven más dinero. Y eso, más allá del debate que pueda generar, es una de las claves del éxito de este deporte.

Maria Sharapova o Serena Williams son estrellas mundiales, a la altura de conocimiento de sus homólogos masculinos y siempre se encuentran en lo más alto de la lista de deportistas en cualquier ránking que se precie, tanto económica como de fama. Esta situación, única en el tenis -el resto de deportes o no tienen esa igualdad o tienen mucho menor tamaño- hace posible una serie de conversaciones que son imposibles en otros campos.

"Me parece bien que ganen lo mismo, pero que tengan las mismas condiciones que nosotros. Si hay igualdad, que la haya para todo", decía Roberto Bautista en una entrevista en El Confidencial sobre el hecho de que las mujeres y los hombres tengan premios iguales en tenis. "Las mujeres merecen respeto y admiración, pero por estadísticas tenemos muchos más espectadores en los partidos de hombres y pienso que deberíamos ganar más. El dinero debería ser distribuido justamente", decía en su día Djokovic sobre el reparto de gratificaciones en su deporte.

Más allá fue el director de Indian Wells, Raymond Moore: "En mi próxima vida, cuando regrese, quiero ser alguien de la WTA [organizadora del circuito femenino], porque van a rebufo del éxito de los hombres. No toman ninguna decisión y son afortunados. Muy afortunados. Si yo fuera una mujer tenista, me arrodillaría cada noche y daría gracias a Dios por el nacimiento de Roger Federer y Rafa Nadal, porque ellos han llevado a lo más alto este deporte. Moore, por si fuera poco, remató con un "Jugadoras atractivas física y competitivamente como Muguruza o Genie Bouchard son las que deben asumir el manto del liderato en el tenis femenino", una manera bastante poco elegante de valorar a una jugadora.

"Las jugadoras no vamos a arrodillarnos"

Serena Williams, que nunca se ha callado, lo cual es un valor en su mismo, respondió aquellas declaraciones de Moore. "Son comentarios equivocados y desacertados. No podría enumerar el número de gente que sólo ve tenis si jugamos mi hermana Venus o yo. Las mujeres no vamos a arrodillarnos". Es la mejor jugadora del mundo, aunque ahora esté fuera de las pistas por su embarazo. Es, probablemente, también una de las mejores jugadoras de la historia. Y su voz resuena, tanto por su indiscutible éxito deportivo como por la contundencia de sus palabras.

"Nunca querría que mi hija estuviera peor pagada que mi hijo haciendo el mismo trabajo. Tampoco tú lo querrías. Las mujeres tenemos que romper muchas barreras en el camino hacia el éxito. Y una de ellas es la forma en que nos recuerdan constantemente que no somos hombres, como si fuera un defecto", explicaba en una emotiva carta el pasado año. Williams se queja porque cuando la nombran dicen que es una de las mejores deportistas "femeninas" de la historia, cuando ella se considera una de las mejores deportistas sin más "¿Acaso le dirían a LeBron James que es uno de los mejores deportistas masculinos?", se ha preguntado en ocasiones.

McEnroe, en una exhibición. (EFE)
McEnroe, en una exhibición. (EFE)

La mano de Billie Jean King

El tenis femenino es, por lo tanto, una historia de éxito. Sería un error hablar de igualdad total, porque no existe, aunque en los torneos principales del calendario, en esos en los que se juegan cuadro masculino y femenino, los premios sí son iguales. Queda aún por hacer en otros contratos, de patrocinio o televisivos, aunque es cierto que las mejores tenistas del mundo están en unos niveles económicos muy parecidos a los que tiene la élite masculina del deporte.

Los problemas vienen más con cuestiones de imagen, de mercantilización del físico y de la venta del deporte más allá del deporte. Es bastante común escuchar a entrenadores o gestores del tenis hablar de la importancia del físico de las tenistas para atraer a los espectadores, un comentario que no se les ocurriría de ninguna manera hablando del circuito de la ATP. Incluso la propia WTA ha incurrido algunas veces en el error de crear campañas en esta línea, como la muy criticada "strong is beautiful".

La propia existencia de la WTA tiene mucho que ver con el éxito de las mujeres en el deporte. Y todo fue culpa de Billie Jean King. Ella, como todas su compañeras, vivía en un tenis en el que no se las tomaban muy en serio. Los premios en los torneos eran hasta doce veces superiores para el cuadro masculino, pero en 1970 ella y ocho compañeras más se plantaron y fundaron su propia asociación, separada de la masculina, llamada Virginia Slims y que, con el tiempo, terminaría siendo la WTA. Ella fue también quien en 1973 decidió amenazar al US Open con no volver a jugar en sus pistas si no se equiparaba el premio final femenino y el masculino. Costó, pero la federación estadounidense terminó dando su brazo a torcer.

Las fechas de todo esto no son baladí. La mano de King, esa lucha por la igualdad, tiene ya más de 40 años de antigüedad. En el deporte esto cuenta, las ligas femeninas estadounidenses no llegaron hasta los 90, por poner un ejemplo. Estos 40 años tienen pedagogía y la demostración de que el tenis femenino puede ser rentable, quizá no tanto como el masculino -sigue teniendo más ingresos globales- pero sí sostenible hasta caminar hacia la igualdad. Por más que haya tenistas masculinos que no lo entiendan.

Hay, además, un punto que no siempre se explica pero es importante. La sensación de igualdad en el tenis es algo que utilizan con frecuencia los propios dirigentes. El tenis es, dicen, inclusivo y diverso, admite gente de todos los continentes, edades o sexos. Eso no lo cuentan quienes dicen que para tener los mismos premios deberían jugar a cinco sets, como pasa en algunos torneos [cada vez menos] masculinos, pero esa imagen de deporte avanzado y de haber superado muchas barreras también influye positivamente dentro del deporte de la raqueta.

Tribuna