El fango de Piqué y el Espanyol. Blogs de Tribuna

El fango de Piqué y el Espanyol

Es inaceptable que una grada insulte a un jugador o a su pareja, pero ese hecho no justifica que él responda con unas declaraciones que lindan con la xenofobia y el clasisimo

Foto: Gerard Piqué, defensa central del FC Barcelona. (EFE)
Gerard Piqué, defensa central del FC Barcelona. (EFE)

“Sé que en algunas cosas no soy ejemplo, pero soy como soy y no voy a cambiar”, admitía Gerard Piqué hace una semana en el acto de renovación con el FC Barcelona hasta el 2022. Entonces ya advirtió que no se arrepentía en absoluto de sus declaraciones sobre “el Espanyol de Cornellà, porque es una obviedad que son de Cornellà” y que si queríamos más titulares, nos esperáramos al derbi. ¡Y vaya si cumplió con su palabra!

Si el fútbol no fuera identificarse por encima de cualquier argumento racional con unos colores ya se habría extinguido, como los dinosaurios, pero hay un límite hasta para las emociones. Nadie es perfecto, ni en el deporte ni fuera de él, pero conviene recordar que hay quien debe dar ejemplo. Las instituciones y sus futbolistas, sin ir más lejos. Y el Espanyol no lo ha dado. Y Piqué tampoco. En el terreno del “y tú más” salimos perdiendo todos y corremos el peligro de banalizar actitudes y declaraciones que son el caldo de cultivo ideal para que fermenten el odio y la violencia que nos pueden explotar a todos en plena cara mientras nos miramos ensimismados el dedo con el que apuntamos al de enfrente sin reparar en que los otros cuatro nos señalan a nosotros.

Mi amigo del Espanyol

Tengo un amigo del Espanyol, de esos socios que van al estadio ya llueva o haga sol, se juegue en viernes o lunes y ocupa siempre su asiento aunque los de alrededor estén vacíos y más cercanos al terreno de juego. Un tipo de orden, vaya. Hace cuatro años asistí en Cornellà a un derbi en el que la mitad del estadio coreó “Shakira es una puta” y la otra mitad hizo como si no estuviera pasando. Desde mi asiento de prensa, escandalizada, me di la vuelta y observé que, al parecer, era yo la única que lo estaba escuchando. Incluso hice el gesto a varios compañeros de señalarme la oreja mientras les preguntaba: “¿Lo estáis oyendo?”. La respuesta fue encogerse de hombros.

Dos días después vi a mi amigo del Espanyol, que claro está había asistido al partido, y toda indignada se lo comenté. Él me contestó que jamás en su vida había insultado a nadie en el estadio, pero que no le parecía mal “porque estas son cosas que se dicen y pasan en el fútbol”. Discutimos. Yo le decía que algo así no se podía consentir y que no podía tolerarlo y él me lo justificaba porque “los del Espanyol tenemos que aguantar mucho de estos sobrados”. En ese punto comprendí que el debate no nos iba a llevar a ninguna parte; ni yo le iba a convencer a él ni él a mí. La clave está en que el RCD Espanyol, como club, tampoco condenó los cánticos y que al día siguiente en los medios de comunicación que escuché y leí (ese día yo no estaba trabajando), tampoco se hizo referencia al asunto. La rara era yo, definitivamente.

En enero de 2016, en otro derbi en Cornellà, en la grada del grupo de animación ‘La Curva’, justo detrás de una de las porterías, se desplegó una pancarta en la que se podía leer: “Shakira es de todos”. Ahí sí que los medios se hicieron eco y, ante el ruido, el club salió a decir que no tenían ni idea de que el grupo de animación fuera a hacer algo así y que lo lamentaban. Curiosamente, los aficionados se habían asesorado jurídicamente para que el mensaje rozara el larguero legal y que fuera interpretado como una ‘gracia’ “algo irónico”, dijeron en un comunicado, y no como un insulto por el que la Liga pudiera multar al club.

La grada de Cornellá. (EFE)
La grada de Cornellá. (EFE)

Clasismo y xenofobia

Lo último sucedió el reciente 19 de enero, durante el derbi de ida copero, cuando La Liga denunció ante el Comité de Competición de la Federación Española de Fútbol y la Comisión Antiviolencia los insultos proferidos contra el Barcelona y Piqué. Concretamente, en los minutos 24 y 76 según constaba en el informe se coreó: “Piqué, cabrón, Shakira tiene rabo, tu hijo es de Wakaso y tú eres maricón”. Que lo tiene todo, vaya. Machismo, homofobia, racismo... una joya. Una semana después en el encuentro de vuelta fue cuando el central soltó lo de “Espanyol de Cornellà” con toda la intención del mundo: provocar y ofender. La clave, de nuevo, está en que el Espanyol denunció al azulgrana por sus palabras (junto a Busquets) y no dijo ni pío sobre la actitud de su afición.

Desde esa superioridad que a mi amigo perico le saca de quicio, Piqué les atizó y prometió más. Y este domingo, tras marcar el gol del empate, mandó callar a la grada y aunque él niega haber hecho el gesto de poner los cuernos, la duda persiste porque la imagen, como los cánticos y la pancarta, están ahí. De lo que no hay duda posible es de lo que dijo después. Que el propietario es chino y están desarraigados. Y ahí fue donde se equivocó él de medio a medio porque sus palabras son xenófobas y clasistas. Sin peros, sin más. Se puede y se deben contar los antecedentes, pero también desde la responsabilidad que los medios de comunicación tenemos como altavoz, condenar a los unos y al otro antes de que el barro nos llegue al cuello y todos nos hagamos los sorprendidos, rasgándonos las vestiduras con gesto teatral mientras nos preguntamos: ¿Pero cómo hemos llegado hasta aquí?

Una cosa es una cosa y seis media docena. Esto no es rivalidad deportiva; es fango. Son emociones, sí, pero las equivocadas. Distingamos entre lo que es correcto, admisible, y lo que no. No es tan difícil. Como mínimo, incluso a veces bastaría con dejar de hacernos los sordos y encogernos de hombros.

Tribuna

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