El libreto obsoleto de Mourinho o el mal de preferir un Fellaini a un Banega

El técnico luso, que consiguió hitos importantes en equipos medianos, ha vuelto a darse de bruces con la realidad en el United. El problema no está en el dinero, sino en no saber en qué gastarlo

Foto: Mourinho, cabizbajo en Old Trafford. (Reuters)
Mourinho, cabizbajo en Old Trafford. (Reuters)

Alerta, obviedad: el problema que tiene el resultadismo es que el castillo se desmorona si no llega el resultado. Perdió el Manchester United y, consecuentemente, perdió Mourinho, un hombre que siempre ha querido resumir el fútbol en un puñado de cifras. Nunca importó el medio, el juego, el cómo, los partidos no eran más que escuchar los tres pitidos que delimitan el final de la contienda, mirar el luminoso y saber si lo que había ocurrido era éxito o fracaso. Luego, delante de un micrófono, uno de sus entornos naturales, tocaba jactarse de la victoria o tratar de esconder el fracaso, pero no deja de ser, también eso, una parte de su manera de entender el mundo.

Empecemos pues por lo que ocurre en el campo. Jose Mourinho ha sido un gran entrenador de fútbol. Ganar la Champions League con equipo como el Inter o el Oporto es algo que no está al alcance de muchos. Para llegar a esos títulos necesitó jugadores con hambre, plantillas que creyeron en él de forma casi irracional. Fueron lugares en los que el técnico estaba por encima del club, algo que en otros de sus destinos era imposible. Aunque ahora se dedique a minusvalorar al United, esa institución mastodóntica que le da cobijo. Ese fue siempre uno de los mandamientos del luso, o estás conmigo o estás contra mí, sin escala de grises posibles. Hubo tiempos en los que funcionó.

Hace ya años que no. Su meritoria liga con el Chelsea, ganar la Premier tiene su complicación, fue seguida por un despido a mitad de temporada cuando andaba décimo sexto en la clasificación, una debacle. El siguiente destino, el United, siempre fue marcado como el anhelo vital de Mou. Quería entrenar al gran club de Inglaterra, ser la voz que más se escuchaba en Old Trafford. El discurso a su llegada hablaba de la tradición, pero nunca fue eso, el luso es cualquier cosa menos un sentimental. El tema es que entrenaba al equipo más grande de la liga más grande, a uno de los más poderosos y ricos del mundo. Porque Mourinho, como cualquiera, quiere a su disposición la mejor materia prima posible.

Convertir atletas en artistas

El problema no ha sido de recursos, aunque a él le guste señalar al Manchester City de Guardiola como una máquina de derrochar. Lo es, sin duda, pero su club no es muy diferente en ese sentido. El mal, en este caso, no está tanto en el dinero como en la concepción del fútbol. Mourinho pensó que podía convertir a un grupo de deportistas aeróbicos en futbolistas de nivel. El error, en el fútbol de hoy, no está en gastarse 150 millones de euros en dos jugadores, quizás sí en que esos futbolistas sean Pogba o Fellaini.

Mourinho trató de descifrar el fútbol de hoy y pensó que las mejores piezas posibles eran esas. Se equivocó, muy claramente, pero también hay cierta lógica en ello, pues esos conceptos le sirvieron en su momento. El problema está en que la realidad no para, va cambiando conceptos, enriqueciéndose, y lo que hace unos años era la respuesta correcta quedó desfasado con el tiempo. No es que la selección española o Guardiola cambiasen el deporte, tampoco es eso, pero sí que es cierto que los futbolistas de clase tomaron las riendas y recordaron los conceptos de siempre, que debe correr más el balón que el jugador, que un pase abre un camino, que de nada sirve tener el esférico si no se tiene ni la más remota idea de qué hacer con él.

Mourinho: antes músculo que fútbol

Hoy Barney Ronay, columnista estrella del 'Guardian' explica la importancia de Banega y cómo un solo jugador puede gobernar una eliminatoria. El argentino es un buen futbolista, pero no es exactamente una estrella del fútbol. El United podría haber tenido varios jugadores como él en la plantilla, incluso mejores. Cuenta, de hecho, con alguno de ese estilo como es Ander Herrera, que en este caso estaba lesionado. Pero poco más, en los últimos años cuando ha tenido que elegir entre músculo o fútbol el luso, siempre plenipotenciario en sus diferentes trabajos, escogió lo primero. Gastarse más de cien millones en Pogba es un manifiesto en sí mismo, del mismo modo que lo es desear a Bale, otro jugador notable, pero con más capacidad para correr que para pensar. Es volver a su libreto, ese que piensa que el centro del campo es un engorro, un lugar a evitar y no el espa

Los resultados no salen, porque tampoco ganará la Premier y ahora vive su supervivencia en la Copa inglesa como si fuese algo de lo que presumir. En lo deportivo ha fracasado, aunque se dedicará a negarlo. Ya le ocurrió con el Madrid, donde en tres años se llevó una liga y una copa. En aquel tiempo, con su capacidad retórica casi infinita, lo venció como una época trascendente. Sus palmeros, que son muchos, decían que le había plantado cara al guardiolismo, que había devuelto al Madrid a las semifinales de Champions... como si el Madrid se pudiese evaluar por los rivales o por haberse quedado por el camino en la competición soñada.

El libreto desactualizado

En el United le ocurre algo parecido, vende sus logros, escasos, como si fuesen grandes gestas, como si antes de él ese club no hubiese labrado un tiempo de éxito rotundo, como si no estuviese en un campeón de Europa, en una de las pocas marcas comerciales cuyo nombre suena en todo el planeta. Mourinho quiso entrenar siempre en los banquillos más fastuosos, pero quizá en eso se equivocó más que en nada, el discurso que siempre supo defender es el de ser David contra Goliat. Y claro, cuando fichas a Pogba por nueve cifras no hay manera de ir contra esa milonga sin que te entre la risa.

Más allá del resultado está el discurso. Mourinho, tantas veces faltón, este martes le recordó al mundo que no era la primera vez que echaban al Manchester United de Europa. Pues claro, Jose, no hay equipo en la fútbol que tenga un historial impoluto en la competición, pero para eso estabas tú allí, para que no ocurriese, para seguir pasando rondas y llegar hasta la copa o, al menos, hasta un rival de tu tamaño que en una mala tarde te dejase fuera. El Sevilla, proyecto notable desde hace años, no tiene la chequera suficiente para considerarlo en el nivel del United. Juega, eso sí, con unos conceptos un poco más modernos, teniendo la pelota como una aliada y no como una bola de fuego que quema y que hay que expulsar lo más lejos posible.

Se dijo responsable de la situación, algo loable. Es parte del discurso, ser el centro del todo, el centro también de este fracaso. Cuando estaba en el Real Madrid se vanaglorió de las semifinales de Champions, como si ese fuese el objetivo. Ahora tendrá que explicar cómo no pasar a cuartos de final con un transatlántico que juega en Old Trafford es algo aceptable. Es posible que esté en las quinielas de futuro del PSG porque el número de entrenadores de élite es limitado. La historia está en saber si él sigue formando parte de ese grupo. Las recetas que le hicieron grande hoy parecen caducas. Si no se recicla, y esto es difícil en alguien de carácter obstinado, el futuro no tiene la mejor pinta. Es el problema de preferir a Fellaini sobre Banega.

Tribuna

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