El Real Madrid enciende la máquina del tiempo con la Decimotercera Champions

Dentro de algunos años se hablará de esta gesta con palabras demasiado grandes. Nada podrá evitar que este equipo se convierta en un ser mitológico

Foto: Tres Champions seguidas, cuatro en los últimos cinco años, 13 en total. (Reuters)
Tres Champions seguidas, cuatro en los últimos cinco años, 13 en total. (Reuters)

Antes de cada final, llevo a mi hijo a su habitación y digo muy serio: "Diego, algún día perderemos y puede que sea hoy". Me observa y asiente. Me abraza y no me cree. Ha visto demasiado como para tener miedo: Lisboa, Milán y Cardiff. Esta temporada París, Turín y Múnich. Y ahora, Kiev, la "tridécima".

Durante el partido, sufro. A pesar de los nervios, veo que la vida se encarga de ir preparándonos para la derrota, mientras el Madrid nos equipa para luchar por cada conquista. Por eso resulta incomparable y también imprescindible.

Miro a Varane anticipándose a la delantera más rápida de Europa, sacando la pelota con la clase del mejor cinco y comprendo lo importante que es el talento. No todo el mundo ha nacido con ese don.

Veo los pases con el exterior de Modric, esa manera tan limpia de salir de la presión y confirmo el valor de la imaginación. No todo el mundo cultiva y cuida su inspiración.

Disfruto con la parada de Keylor Navas en el minuto 17 y compruebo lo determinante que es el esfuerzo. Todavía son menos los que se arman así de hambre y de humildad, de obstinación. La diferencia es esa.

Varane estuvo soberbio en defensa. (Reuters)
Varane estuvo soberbio en defensa. (Reuters)

Después de la victoria, desbordado por la euforia, respiro hondo y me cruza por la mente la impresión de que no se hará completo honor a lo que es justo. Supongo que es irremediable: con una se toca la gloria, con dos seguidas se hace historia, pero con tres… con tres Champions consecutivas se entra en el terreno de la leyenda.

Dentro de algunos años se hablará de esta gesta con palabras demasiado grandes. Nada podrá evitar que este equipo se convierta en un ser mitológico. Las subidas de Marcelo serán pintadas con las alas de Mercurio a la carrera. Los pases de Kroos serán contados como latidos del Demiurgo que impulsa el universo. Y cada intervención de Ramos será cantada como la embestida de un coloso capaz de frenar la embestida de mil ejércitos rojos.

Será fácil comparar a Cristiano Ronaldo con Aquiles. Sin embargo, conviene recordar dónde está la diferencia: el siete blanco se ha hecho a sí mismo a base de tesón y renuncias. Y como él todos los demás del vestuario. Hay sacrificio.

Por muy mítica que sea esta escuadra, el mejor homenaje está en contar lo menos contado: el trabajo. La soledad durante las lesiones, las horas en el gimnasio, la fortaleza mental ante las dificultades… todo eso y, sobre todo, las infancias perdidas. No es verdad que el secreto del Real Madrid sea algo intangible, el sudor puede tocarse mucho después de haberse dejado el alma en el campo.

Cristiano Ronaldo ya ha ganado cinco Champions League. (Reuters)
Cristiano Ronaldo ya ha ganado cinco Champions League. (Reuters)

Antes de cada final, suena el timbre de casa. 1998. Llegan mi primo y mi hermano. 2000. Empiezan los rituales. 2002. Compartimos las supersticiones. 2014. Representamos el optimismo, el pesimismo y el miedo. 2016. Y nos conjuramos: "Si hay que perder… que sea el año que viene". 2017. Nuevo hito para el calendario de la memoria: 26 de mayo de 2018.

Durante el partido, bulle en las tripas un recuerdo que va tomando forma. Algo que emocionará para siempre, porque cuando el Madrid juega una final, la certeza está en el marcador y la duda en la imagen. Gol o celebración. La carrera de Mijatovic brazos atrás. El regate de Raúl a Cañizares. La volea cuántica de Zinedine. El remate de Ramos. La celebración de Cristiano tras los penaltis. Casemiro empotrando el balón según llegaba.

Minuto 63. Llueve el balón que Gareth llevaba esperando desde que era crío, Bale se eleva sobre todas las dudas que otros vertieron a su alrededor, el sueño de su vida entera atraviesa el viento, veloz e inapelable golpea la red, golpea las puertas del museo emocional del madridismo, golpea con la fuerza de un grito nacido entre millones de gargantas. Nadie podrá cansarse nunca de verlo. Gol.

Nadie podrá cansarse nunca de ver el gol de Bale. (EFE)
Nadie podrá cansarse nunca de ver el gol de Bale. (EFE)

Después de la victoria, fundido por la tensión, alcanzo un fotograma de Zidane: el aura. La ética que ilumina la estética. Este es un logro construido a base de respeto, ese material es más frágil que los egos, aunque sirve para mucho más. El Real Madrid está instalado en la cima del deporte mundial desde que ha recuperado algo que no se puede fichar: la primera persona del plural.

Antes de cada final, oigo la voz de mi abuelo. La voz de cuando le presenté a mi novia. Primero miró sus piernas, después me cogió del brazo y luego me preguntó al oído: “¿Pablo… es del Madrid?”. Yo asentí y él respondió: "Entonces… entonces, todo está bien". La vida me dio el regalo de verle sostenido por la guiri, levantando su bastón al viento, íbamos camino de Cibeles. Hoy no estamos todos, pero todo sigue bien.

Durante el partido, trato de comparar lo que veo con lo que no he vivido. No encuentro motivo para odiar al fútbol moderno, este es más complejo tácticamente, los competidores están mejor preparados que antes, los de ahora han sabido aprender de los de antes.

Karius ya tiene escrita a fuego esta final en su biografía. (EFE)
Karius ya tiene escrita a fuego esta final en su biografía. (EFE)

Sin embargo, muchas de las mejores cosas permanecen. Da igual cuándo y dónde se juegue, no importa el quién. Siempre puede ocurrir lo inesperado. A veces con el nervio no basta y te vence el cuajo. Todo el empuje del Liverpool, toda la energía del mundo, solo podía servir para atenazar al Madrid durante los primeros 30 minutos.

Dos lesiones y el factor suerte, dirán algunos. La maldición de jugar contra este equipo, según otros. También Karius, que ya la tiene escrita a fuego para toda su biografía. En realidad es más fácil: el azar existe, pero siempre sonríe más a quien lo trabaja. Benzema ha jugado el partido de su vida. Dejó sobre el pasto el catálogo completo de sus virtudes, enlazadas con la astucia del carterista que quita la razón a todos los ventajistas.

Después de la victoria, el Real Madrid enciende la máquina del tiempo en todos los corazones blancos. Cada uno se pregunta si quiere congelar el instante, convertir en presente eterno a Ramos cuando levanta la copa, dejar el confeti suspendido en el aire y vivir el momento para siempre. La respuesta compartida es otra. Preferimos cruzar el umbral y entrar en la víspera de la próxima. Entramos en la era de la decimocuarta.

Tribuna
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