Valverde ya puede abrocharse el cinturón en el Barça: los torpedos no vienen de Madrid

Al Barcelona le ha afectado más de lo pensado la decimotercera Champions del Real Madrid. Y no porque hayan venido 'bombas' desde la prensa o el equipo madridista, sino del propio Barça

Foto: Ernesto Valverde, entrenador del FC Barcelona. (EFE)
Ernesto Valverde, entrenador del FC Barcelona. (EFE)

“Abróchense los cinturones, que lo pasaremos bien”, dijo Pep Guardiola un caluroso día de agosto en el 2008 cuando se presentó ante la afición culé en el Trofeo Joan Gamper. Nueve años después Ernesto Valverde ya sabe, cuando no hace ni dos semanas que está de vacaciones, que ya puede abrocharse el cinturón, pero por un motivo bien distinto. Ganar la Champions la próxima temporada parece ahora una obligación para el FC Barcelona. Tal cual.

Era previsible que la decimotercera del Real Madrid, la tercera consecutiva, la cuarta en cinco años, hiciera pupa en el ánimo del barcelonista a pesar de haber firmado una buena temporada con un doblete en Liga y Copa, pero la cuestión es que ha escocido tanto que en solo cuatro días desde que se disputó la final de Kiev el debate está ahora en si el Barça debería tener como principal objetivo ganar la Champions el año que viene. El melón lo abrió Carles Puyol con un tweet que se ha hecho viral con nada menos que 68.000 retuits y que ha desatado la polémica. El excapitán azulgrana se explicó el lunes en ‘La Vanguardia’, asombrado por la polvareda que había levantado: “Lo que pretendía era lanzar una invitación a la reflexión. ¿Qué está pasando? Estoy convencido de que tenemos mejor equipo que el Madrid y resulta que ellos han ganado cuatro Champions de las últimas cinco. Creo que la solución pasa por no equivocarnos en las prioridades. Estamos perdiendo una oportunidad y siento rabia por ello como culé”. Puyol añadía que “lo más coherente sería relegar la Copa”.

La contestación de Guardiola y Laporta

Este miércoles, en un acto de la Fundación Johan Cruyff, Pep Guardiola le corrigió: “No he hablado con él, pero él sabe, me lo transmitió por su manera de jugar, que no hay partido amistoso en el Barça ni se escogen competiciones. Él nos lo enseñó a nosotros, cada partido que juega el Barça es para ganarlo. Si no, no ganas la cantidad de ligas que has ganado”. Joan Laporta, que también asistió, dijo la suya: “Seguro que Cruyff pensaría que más allá de que el Barça ha hecho una gran temporada porque ha ganado dos títulos importantes, y la Liga para mí es el más importante, sí que es cierto que pensaría que podía haber salido aún mejor. Y quizás sí que haría esta reflexión de que un Barça que yo creo que es el mejor equipo del mundo y que es el que mejor juega,y que tiene al mejor que es Messi, pues bueno… se están perdiendo oportunidades. Yo creo que las prioridades son la Liga y la Champions”.

El problema para Valverde no es lo que opinen Puyol, Guardiola y Laporta, sino las dudas sobre su proceder justo antes de caer eliminados con estrépito en Roma. Justo el día en el que se disputaba la final de la Copa, el diario ‘Mundo Deportivo’ informaba del disgusto de la directiva por no haber dado descanso a jugadores claves frente al Leganés antes de viajar a Roma y se ponía en entredicho su continuidad al frente del equipo incluso aunque consiguiera el doblete. El Barça no solo ganó la Copa, sino que lo hizo con una exhibición frente al Sevilla y después selló el título de Liga. Josep María Bartomeu, el mismo que había hecho público su enfado con Valverde en una conversación con periodistas, cambió entonces su discurso de forma radical para elogiar en cada entrevista desde entonces el mérito que tenía su equipo y lo fantástico que era el técnico, aunque el Txingurri sabe perfectamente que fue el presidente quien en una conversación con periodistas dudó de él y la relación ha quedado tocada.

Exigencia máxima

Que un club, un equipo como el Barça tenga como obligación aspirar a todo es lógico. Que a finales de mayo la presión sea máxima por ganar la próxima Champions es exagerado e injusto tanto para Valverde como para la plantilla azulgrana. Una plantilla que aún ni siquiera se sabe cuál será, a la espera de que Griezmann se decida, después de la marcha de Iniesta y con varias incógnitas respecto a la idoneidad de fichar a un centrocampista, reforzar la posición de central con Lenglet, subirle la ficha a Umtiti, cumplir con lo prometido con Busquets y que el límite salarial no se siga disparando.

Para ganar la Champions no solamente es necesario tener una gran plantilla, o un estilo de juego, a Messi, o experiencia, sino que la suerte es un factor clave en una competición que penaliza como ninguna los errores. Un fallo, una mala noche, la puede tener cualquiera. Y la sensación es que la decimotercera del Real Madrid ha hecho sombra, demasiada, a un doblete incontestable del Barcelona que ha sido premiado con justicia por su regularidad durante la temporada. Los torpedos a la línea de flotación no vienen desde Madrid ni los medios de comunicación, sino desde el propio Barça, que se fagocita a sí mísmo con suma facilidad.

Valverde, recién comenzadas sus vacaciones, ya sabe que su presidente dudó de él a las primeras de cambio y que no ganar la Champions en lugar de ser un deseo, un sueño, un objetivo, es una obligación cuando aún desconoce qué jugadores tendrá en sus filas y está en el aire la continuidad de Robert Fernández como secretario técnico. La casa se está empezando por el tejado cuando los cimientos tiemblan y el Txingurri tendrá que abrocharse el cinturón. Bien apretadito además, porque se avecinan curvas.

Tribuna
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