Garrafón en el Bernabéu o por qué lo mejor del River - Boca fue el himno argentino

River Plate ganó la Copa Libertadores con el colombiano Quintero como protagonista con un golazo en la segunda parte en la prórroga. Hasta ese gol, el partido fue aburrido y feo

Foto: Los jugadores del River Plate, con la Copa Libertadores.
Los jugadores del River Plate, con la Copa Libertadores.

Cómo sería de malo el juego de River Plate y Boca Juniors para que Simeone reconociera, en el descanso, que lo mejor de la primera parte fue escuchar el himno de Argentina. El Cholo, siempre respetuoso con cualquier estilo que te permita ganar, estaba horrorizado con el 'garrafón' de fútbol lento, pases horizontales, imprecisiones y escasas ocasiones de gol de los dos finalistas sudamericanos. En lo futbolístico, el partido no pasa el corte en un curso de entrenadores por la ausencia de pizarra y táctica. "Por fin alguien que regatea a alguien", decía Jorge Valdano en una naracción televisiva que terminó 3-1 favorable a River y con Quintero como héroe del ganador de la Copa Libertadores.

A Valdano, el argentino más español, se le abrían las carnes con lo que observaba y le faltaban argumentos para construir uno de esos análisis sesudos para privilegiados de la palabra. "A falta de gol, se festejan los córneres", decía Valdano con decepción. Este es el nivel del fútbol argentino. Está tan enfermo o pobre de calidad y talento que solo así se pueden explicar los fracasos de la selección en los Mundiales. Para los más realistas, hay un único resúmen. Los dos equipos tuvieron demasiado respeto, miedo y pánico a perder o cometer un error que les costara el título. Cero riesgos salvo en los goles y los seis intensos minutos del final, en los que sí hubo una tensión que sorprendió al espectador.

Enzo Pérez celebra uno de los goles de River Plate. (EFE)
Enzo Pérez celebra uno de los goles de River Plate. (EFE)

Para darle algo más de lucimiento, además del emotivo himno, habría bastado con invitar a Messi —en el palco— a bajar al césped y permitirle hacer el saque inicial. Solo ese mínimo desplazamiento de la pelota habría valido para pagar la entrada. En esto no cayeron ni la Conmebol ni Florentino Pérez —el anfitrión, que estuvo en Huesca y cogió un avión en el descanso para llegar a la final—. Messi, que fue con su hijo mayor, bastante tuvo con tragarse el ladrillazo de la primera parte. La segunda —según los comentarios del descorazonado Valdano— mejoró ligeramente. Será porque River Plate consiguió hacer el gol de la igualada y le dio esa chispita de emoción al marcador que no transmitían los futbolistas con un juego soporífero y continuamente trabado.

El zapatazo de Quintero

"River tiene a la defensa parada muy atrás. El gol lo enfrió. Hace mucho que no cruza la cancha. Es un partido sin riesgos", remataba Jorge Valdano para intentar explicar cualquier tipo de posicionamiento táctico. A Jorge, al contrario que a Simeone, le faltó más sinceridad en sus comentarios narrativos. Un tipo tan apasionado y defensor del 'guardiolismo' tuvo que hacer un ejercicio serio de contención para no aborrecer lo que veía en el césped. Nada mejoró el juego en un partido malo en lo colectivo y las acciones individuales. Fue un canto a la mediocridad futbolística de dos equipos que no mostraron ninguna identidad o señas de juego. Una involución del juego hacia los orígenes más básicos. Carente de inspiración, artistas de la pelota y sentido del riesgo. Cuando dos no quieren perder solo puede pasar una cosa: llegar a una prórroga que nos prolongó la tortura más de lo ordinario.

Gonzalo Martínez celebra la victoria. (Reuters)
Gonzalo Martínez celebra la victoria. (Reuters)

Si al miedo a perder se unen el cansancio, las piernas acalambradas y que Boca Juniors se quedó en el inicio de la prórroga con un jugador menos, se pueden imaginar cuál fue el guion de la final. "La expulsión le despertó el apetito a River, pero creo que quieren llegar a los 'penales' para que decida la suerte por ellos", dijo Valdano que, por fin, encontró la piedra filosofal. En efecto, no era difícil de adivinar que River Plate con superioridad numérica se haría dominador de la situación. Hasta que apareció Quintero, el colombiano de River, que se atrevió a lanzar un zapatazo ajustado a la escuadra en el segundo tiempo de la prórroga. Una gota de calidad en un océano de fútbol ramplón que evitó los penaltis. Martínez hizo el tercero para River cuando Boca atacó a la desesperada en los seis últimos minutos, en los que sí hubo final.

Carlos Izquierdoz, tras recibir el tercer tanto. (Reuters)
Carlos Izquierdoz, tras recibir el tercer tanto. (Reuters)

Ficha técnica

3. River Plate: Franco Armani; Gonzalo Montiel (Camilo Mayada, m.74), Jonatan Maidana, Javier Pinola, Milton Casco; Exequiel Palacios (Julián Álvarez, m.98), Leonardo Ponzio (Juan Fernando Quintero, m.58), Ignacio Fernández (Bruno Zuculini, m.111), Enzo Pérez, Gonzalo Martínez; Lucas Pratto. Entrenador: Marcelo Gallardo.

1. Boca Juniors: Esteban Andrada; Julio Alberto Buffarini (Carlos Tevez, m.111), Carlos Izquierdoz, Lisandro Magallán, Lucas Olaza; Nahitan Nandez, Wilmar Barrios, Pablo Pérez (Fernando Gago, m.90); Cristian Pavón, Darío Benedetto (Wanchope Ábila, m.61), Sebastián Villa (Leonardo Jara, m.96). Entrenador: Guillermo Barros Schelotto.

Goles: 0-1: m.44: Benedetto. 1-1: m.68; Pratto. 2-1: m.110: Quintero. 3-1: m.122: Pity González a puerta vacía.

Árbitro: Nestor Cunha (URU). Asistido por Nicolás Tarán y Mauricio Espinosa (URU). Expulsó al xeneize Barrios por doble amarilla (m.86 y 92). Amonestó a Leo Ponzio (m.27), Nacho Fernández (m.81)m, Maidana (m.83) por River y a Pablo Pérez (m.43), de Boca.

Incidencias: partido de vuelta de la final de la Copa Libertadores disputado en el Estadio Santiago Bernabéu ante 62.282 espectadores.

Tribuna
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