El descalabro de Solari y la crisis de un Real Madrid que se traiciona a sí mismo

Perdió el Real Madrid en el Bernabéu y fue Modric el que tuvo que considerar que la derrota ni es una opción ni es aceptable cuando se forma parte de una institución como esta

Foto: Solari, durante el partido contra la Real. (EFE)
Solari, durante el partido contra la Real. (EFE)

Salió Modric diciendo unas cuantas verdades y el madridismo lo agradeció. Falta concentración, falta gol y los jugadores no están a la altura, poniéndose él primero. Obvio, sencillo, fácil de explicar. Un contraste fortísimo con su entrenador, muy dado a no decir nada y a negar una realidad que, por evidente, no puede ser silenciada. Solari mirando al tendido es casi peor que entrenando, si es que eso es posible, porque genera una sensación casi de indefensión en sus seguidores. O no lo ve o no lo entiende.

Santiago Solari es un buen orador, era un buen columnista y durante años se labró una imagen de fino degustador de fútbol. Si se supone que todo eso no era de cartón-piedra, que debajo de esas palabras había una fundación sólida, hay que interpretar que el argentino esconde la verdad. Cuando en la previa comenta que el empate vale y cuando tras la derrota elogia el ardor guerrero de los suyos, está negando la base de todo en su club. Esto no es una maratón benéfica o un concurso infantil, sino el Real Madrid Club de Fútbol, 116 años de deporte y, sobre todo, de victorias.

No vale todo para ganar pero, desde luego, tampoco vale no ganar. No ganar y que no pase nada, aburrir y que todos lo asuman como algo aceptable. Solari llegó el primer día de trabajo y dijo que necesitaba "cojones". Podía interpretarse en ese momento que quería quitarse la imagen de rapsoda que le precedía, que hacía lo posible para desmarcarse de un 'valdanismo' que le cuadraba por más motivos que el hecho cierto de ser argentino. De un modo u otro ha ido perpetuando esos gestos, sin recurrir a los testículos, pero proponiendo una realidad paralela que no se sostiene ni en el visionado de los partidos ni en la clasificación de la Liga.

Lo más parecido a la realidad en el discurso de Solari fue asumir que hubo una "distracción" —esa fue la palabra utilizada— en los primeros minutos que generó el primer gol de la Real Sociedad. Fue muy fino el técnico, la verdad, porque bien podría haber transformado su delicada terminología para castigar más a Casemiro, que incurrió en un enorme absurdo en un penalti que muestra tanta desconcentración como desidia. Y ese es otro de los problemas evidentes del Real Madrid, que los jugadores parecen haber trasladado su residencia permanente a Babia, cansados, distraidos y desganados. Como si la Liga no fuese el torneo, como si el Mundial de Clubes fuese suficiente. Sergio Ramos, sorprendentemente, habló de que el equipo no estaba muerto, que hace 15 días ganó una competición. Pretende hacer pasar eso como el estado real de este Madrid.

Es cierto que el entrenador no está para decir la verdad sino para dirigir. Todos los técnicos, todos, desde Pep Guardiola hasta Alex Ferguson, pasando por Bordalás o Paco Jémez, utilizan la sala de prensa para mandar sus mensajes, motivar a sus jugadores, pasar el trance de la prensa y dar los menos datos posibles. Es parte del juego, ellos actúan dos, tres o cuatro veces a la semana, buscan dar sensaciones y quitarse el trámite del medio. Unos disfrutan más, otros menos. Actuar, en todo caso, también requiere ciertas capacidades y esto de los medios se puede hacer bien o mal. Solari, es evidente, está entre los que no lo hacen bien, no tanto porque lo que diga no tenga ningún tipo de ligazón con la realidad sino porque lo hace de una manera tan burda que cualquier espectador que mire es capaz de ver las costuras del truco de magia.

El "carácter"

"Vi carácter, lo imperdonable sería no verlo", repite el técnico, que se ha olvidado de lo que en el Real Madrid es esencial, que no es otra cosa que el fútbol. Es muy bonita la entrega, hay aficionados —y aficiones enteras— que vibran más con una carrera superflua que con un pase milimétrico, pero tiene muy poco que ver con la identidad del Real Madrid. "El señorío es morir en el campo", dijo un día el celebérrimo Jose Mourinho, otro que nunca llegó a entender, ni por asomo, en qué consistía la institución en la que había aterrizado.

Si la frase hubiese sido "el señorío es ganar", no dejaría de ser un poco absurda, pero estaría mucho más pegada a la realidad del asunto. El problema no es solo que el equipo no gane: es que ni siquiera está cerca, es que desprecia la Liga desde el inicio en una contradicción absoluta con su propia historia, que incluía no solo caminar con la cabeza alta por Europa, sino que no les sacasen los colores todas las semanas por España. El equipo no gana, y eso es grave. Y no juega a nada, lo cual también es grave.

Porque el camino más reconocible hasta la victoria es hoy, como fue en el pasado y será en el futuro, tener un equipo sólido y que juegue con una idea clara. Es mucho más sencillo parecer un equipo cuando se entrena bien y se está bien dirigido. El Real Madrid no lo parece, ni lo pareció nunca con Lopetegui ni lo está siendo con Solari, que ha sido incapaz de cambiarle el color a este enfermo. Desde hace años, los clubes se han blindado lo suficiente para que los entrenamientos sean siempre clandestinos. No se puede, por lo tanto, estudiar los fallos en el desarrollo del trabajo.

Podría decir Solari, pero no lo dirá, que la plantilla que tiene no da para mucho más. No lo hará, claro, porque Solari no es de esos que muerden la mano que les da de comer. No habrá nunca un reproche a quienes confeccionaron el plantel, entre otras cosas porque de ellos depende su futuro (negro) en el banquillo blanco. Al Real Madrid le falta gol. Tenía a Cristiano Ronaldo y ahora ya no lo tiene, y esa situación, tan trascendente cuando de lo que hablamos es de fútbol, no se ha tratado ni de disfrazarla. A falta de Bale, nadie parece con pólvora, y contar con Bale es tratar de cuadrar un balance de pagos con milagros, no funciona. Esa plantilla insuficiente, que tiene lesiones como todas las tienen, es la que lleva al técnico a pensar que la titularidad de Lucas Vázquez es una buena idea.

El doble pago por Brahim

Parece, eso sí, que esto ya está solucionado, porque el Real Madrid anunció, solo unos minutos después de la derrota, que había fichado a Brahim Díaz. Noticia impactante, sin duda. Es lo que se conoce en el argot como una cortina de humo, un poco absurda, eso sí, porque ni siquiera se anunció la llegada de un 'crack' mundial sino de lo único que ficha el Real Madrid desde hace largo tiempo, imberbes por explotar, que pueden resultar en el futuro jugadores importantes pero que, por el momento, no van a enderezar el rumbo perdido del equipo de fútbol.

No se sabe si estaba ya pensado el anuncio con anterioridad, pero de ser así perdieron una buenísima ocasión de dejar de hacerlo, pasar el tiempo y colocar el anuncio unas horas más tarde, aunque solo sea por pasar el duelo de un equipo a la deriva. Si fue improvisado, como idea de 'marketing' solo pudo servir a Real Madrid TV, la televisión del régimen, que es como Pleasantville, un lugar en el que solo tienen cabida la épica blanca y la victoria.

No está de más analizar una cuestión del fichaje, eso sí. El Real Madrid le ha regalado casi 20 millones de euros al Manchester City por un jugador que en los seis meses que tiene por delante no va a ser la clave del resurgimiento blanco. Podía haber esperado sin más, pero no lo ha hecho, se supone que por algo parecido a la buena vecindad. Un detalle más, cuando un jugador está a punto de ver cómo expira su contrato, se frota las manos pensando en la prima de fichaje. Se entiende que lo que se ahorra el club en traspaso, una parte al menos, va al futbolista. No es en absoluto probable que Brahim haya renunciado a esa prima, entre otras cosas porque si lo hubiese hecho estaría horriblemente asesorado. Así que lo más probable es que los blancos hayan pagado tanto la prima de fichaje como el fichaje en sí. Estas cosas se deberían explicar pormenorizadamente a los socios.

Socios, todo sea dicho, que parecen cansados de su equipo. El Bernabéu estaba muy por debajo de sus asistencias habituales, lleva toda la temporada por detrás de lo corriente. No se escucharon los pitos, quizá porque los bafles tenían los decibelios desbocados. Se puede culpar al frío o a las navidades, pero la más probable respuesta está en los jugadores y el entrenador, en un equipo que no es un equipo. Tienen carácter, dice el míster. A él parece que sí le vale.

Tribuna

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
26 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios