Las razones de peso por las que un futbolista (Jesé, Isco...) nunca puede estar gordo

El entorno de Jesé ha deslizado que ha perdido siete kilos para valorar su profesionalidad, pero en realidad ese dato dice todo lo contrario, se había dejado de una manera inadmisible

Foto: Jesé, en su presentación con el Betis. (EFE)
Jesé, en su presentación con el Betis. (EFE)
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"No estoy gordo, estoy fuerte", gritaba Obélix cada vez que alguien osaba a señalarle lo obvio. Sí, sí estaba gordo, así lo diseñaron Goscinny y Uderzo pero daba un poco igual, porque cuando eres de tinta bien puedes dar mamporros a los romanos, o correr los cien metros lisos más rápido que nadie o comerte varios jabalíes que no importará, porque el papel lo aguanta todo y la imaginación resiste bien lo imposible. Cuando Jesé dice lo mismo... pues no es igual, claro, porque ni tiene largas trenzas rojas, ni se pelea con los romanos ni, por encima de todo, se tiene constancia de que se cayese en la marmita de la poción mágica cuando era pequeño.

Así que, en su caso, no será lo mismo estar gordo que estar fuerte. De Jesé se ha dicho que ha perdido siete kilos en los últimos meses. Se ha vendido eso como una gran cosa, por el esfuerzo que supone bajar en la báscula. Es un mensaje cifrado que en realidad quiere decir "mira Jesé, qué rehabilitado está de lo suyo". Sus afines encontrarán esto como un punto a favor de Jesé cuando, en realidad, es difícil encontrar un argumento peor sobre su profesionalidad.

Cuando un jugador de este nivel baja esa cantidad de peso es porque lo necesita y si lo necesita es única y exclusivamente porque se ha comportado previamente como un pésimo profesional. Cuando eres futbolista solo puedes permitirte estar a la perfección, siempre en tu peso. Jesé tuvo una lesión muy grave, es normal que a la salida de aquello necesitase tiempo para recomponerse. Pero una vez pasado eso, y hace ya mucho tiempo de su rotura, no existe justificación posible para que se tuviese que quitar siete kilos. Bajar ese peso no habla bien de Jesé, habla muy mal de él, porque demuestra que es un jugador que puede abandonarse, que no tiene el compromiso suficiente con el fútbol para ser considerado un profesional.

La paradoja de Jesé es extrema, pero no única. Hay futbolistas que se presentan en las concentraciones de verano con unos kilos de más, otros a los que les cuesta recuperar después de una lesión. No para todos es igual de sencillo, ahí entra el metabolismo, pero que un cuerpo exija un mayor sacrificio no cambia nada del fondo de esta cuestión. Cuando eres un profesional, más todavía cuando ganas millones de euros por ejercer tu función -aunque la profesionalidad no debe ir aparejada al sueldo-, no hay alternativa: o estás perfecto, o eres negligente.

Isco y Ramos, en un partido reciente. (EFE)
Isco y Ramos, en un partido reciente. (EFE)

La fantasía y la carrera

Isco, por ejemplo, ha sido criticado en ocasiones porque no está en forma. Por pura anatomía, tiene tendencia a ganar volumen, incluso puede parecer más pesado de lo conveniente en ocasiones. Es 'culón', lo cual le sirve para mantener bajo el centro de gravedad, pero también le puede lastrar si no lo controla convenientemente. Isco se ha enfadado mucho cuando han señalado que no está en su punto justo e incluso ha enseñado fotografías para justificarse. El malagueño, enfadado como vive con el mundo, puede pensar que está en su punto óptimo, pero lo cierto es que siempre que juega parece lento, que es un problema futbolístico, pero también puede serlo físico.

No sería el único en el Real Madrid con ese problema, otro de los sospechosos habituales es Marcelo, que además coincide con Isco en algunos atributos físicos y futbolísticos. Los dos son jugadores fantasiosos, imaginativos, de una calidad única. Eso es lo que les ha distinguido de una masa enorme de seres humanos que hubiese pactado con el diablo por estar donde ellos llegaron. Eso, quizá, también les ha podido llevar a pensar que podrían compensar el físico con el talento. Pero nunca será cierto, quizá sí en otros tiempos, en los de Maradona, cuando también los defensas estaban algo pasados de forma siempre.

Pero ya no, de ninguna manera, porque un jugado tiene claro que un quiebro puede servir para desbordar al rival, pero sin la carrera posterior para dejarlo atrás el gesto de calidad no servirá de nada. Si el central o el mediocentro o el lateral que te persigue es capaz de volver a cogerte una y otra vez, es seguro que terminará robándote el balón. Al fin y al cabo, el fútbol es un deporte de marcadores cortos en el que lo más habitual es que los atacantes fracasen en sus empeños y solo cuando todo es perfecto -o espantosamente malo por parte de la defensa- terminan consiguiendo el objetivo final, el gol.

El ejemplo de Villa

Y si de gol se habla, hay otra tipología de jugador que tiene cierta tendencia a echar cuerpo. Son los delanteros de área, que utilizan la anatomía para amedrentar a los rivales. Dos ejemplos evidentes, Luis Suárez y Diego Costa. El uruguayo siempre empieza renqueando las temporadas, se le nota pesado y eso influye en todo su juego. Porque el peso da fatiga y quita oportunidades, no ya en carrera, sino también en estático. Quita agilidad. Y algo similar puede decirse de Costa, que con ese corpachón da miedo en ocasiones. Las lesiones, además, se producen más y se recuperan peor si el cuerpo no está suficientemente trabajado. Ellos, probablemente, necesitan una buena aportación de músculo, un paso más para poder pelearse con gente como Sergio Ramos, que parece hecho de tungsteno.

Todos los futbolistas, incluso todos los seres humanos, podrían seguir el ejemplo de David Villa. Él, que era un notable jugador, comentaba en sus últimos años de su larguísima carrera que cada temporada llegaba con un kilo menos a los entrenamientos. Porque el cuerpo envejece y requiere nuevas fórmulas y él no se iba a dejar. Le daba igual jugar en Australia o en la MLS, en todos los sitios triunfó. Es más, fue capaz de salir de lesiones muy graves y volver a su nivel previo porque un buen profesional nunca se permite dejar de serlo.

Se puede hablar de dietas milagros y de casos como el de Llorente, a quien llaman lechuguita, pero en realidad no es necesaria tanta palabrería. En el plano físico (casi) todo está inventado y los jugadores saben lo que tienen o no tienen que hacer para estar en el peso óptimo, del mismo modo que se conocen lo suficiente para tener claro cuando les sobran cien gramos o dos kilos. No hay fórmulas secretas o no debería de haberlas, si ahora el Real Madrid parece mucho más en forma que a principio de temporada no tiene tanto que ver con los métodos de Pintus como con lo en serio que se lo toman los futbolistas. No hay atajos, se puede perder peso subiendo y bajando una ladera y también corriendo detrás de un balón. Lo que es inadmisible, en todo caso, es ser futbolista profesional y no poner todos los medios para estar siempre a tope. Porque luego, con la temporada larga, llegará el cansancio y los altibajos, eso no lo puede controlar el jugador. Lo otro, sí, y no hacerlo es inaceptable.

Tribuna

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