Cuidado con lo que esconden los cortes de manga de Bale (dentro del Real Madrid)

La reacción de Bale, con ese extraño corte de mangas, fue sacar ese genio rebelde que lleva dentro. El gol al Atlético de Madrid le redimía y reivindicaba. No lleva nada bien ser suplente

Foto: Bale celebra el gol al Atlético de Madrid con un corte de mangas. (EFE)
Bale celebra el gol al Atlético de Madrid con un corte de mangas. (EFE)

Más que un simple corte de mangas, fue un gesto de sublevación. Por su situación de suplente, contra los que le critican su rendimiento y la afición. Gareth Bale explotó en el derbi con un gesto que se interpreta contra los aficionados rivales porque le silbaron en el tercero gol. La realidad es que Bale no va a soportar ni va a llevar con normalidad el papel secundario que le ha dado Solari en lo que ha sido la semana grande del Real Madrid. Verse fuera del once contra el Barcelona y el Atlético de Madrid es inasumible para un futbolista que siente que tiene condiciones de estrella para ser titular. Siempre que esté sano. Bale nunca se ha adaptado ni va a asumir que, si está para jugar, tenga que empezar un partido de magnitud en el banco de los suplentes.

La reacción del galés, con ese extraño corte de mangas, fue sacar ese genio rebelde que lleva dentro. El gol al Atlético de Madrid le redimía y reivindicaba. En el Camp Nou tuvo la oportunidad, en la segunda parte, de marcar y echar en cara su disconformidad. Pero el balón se le fue largo en el control y desperdició una ocasión clara de gol. Contra el Atlético de Madrid, estuvo acertado. Salió en la segunda parte, le echaron un balón al espacio y definió con precisión de cirujano. La celebración fue impropia de una persona que da imagen de corrección y educación. Los que conocen a fondo a Bale barruntan que no llevará nada bien su suplencia si Solari decide prolongarla.

Se lo hizo pagar a Zidane y puede darse el mismo guión con Solari. Si a Bale le dejas fuera del equipo titular en los partidos ‘gordos’, se coge un enfado morrocotudo. Se encierra en sí mismo, se calla, aísla y acaba por no cruzar palabra con el entrenador. A Zidane le retiró el saludo en el último mes de competición y fue, junto a Ceballos, el único que no se despidió del francés cuando dejó de ser entrenador del Real Madrid. Bale, después de marcar dos goles al Liverpool en la final de Kiev, ‘rajó’ y amenazó con no aguantar con su rol de suplente. Podía haber hecho otro corte de mangas —con más razón, porque era una final de la Champions—, pero estaba en territorio neutral.

Bale marca a Oblak. (EFE)
Bale marca a Oblak. (EFE)

Fría celebración en el vestuario

El derbi sacó lo mejor y lo peor de Bale. El gol y su rebeldía. Estaba de morros en el banquillo, salió y marcó, hizo el corte de mangas al graderío y se marchó el primero del césped del Wanda Metropolitano. En el vestuario se acercó Sergio Ramos para darle una camiseta con el dorsal 100. Había conseguido el centenar de goles desde que está en el Madrid y su reacción tampoco fue de enorme efusividad. En el vestuario del Metropolitano le ovacionaron los compañeros. Sentados. En este tipo de festejos y con otros jugadores se monta una fotografía de grupo y la hazaña queda más familiar. Con Bale fue diferente. El capitán le dio la camiseta de forma protocolaria.

Solari tendrá que armarse de paciencia —como con Isco— si quiere mantener el tridente de Vinícius, Lucas Vázquez y Benzema. El entrenador compensa con elogios al galés en la sala de prensa, pero no es un ingenuo como para pensar que Bale se ha calentando por ser suplente en el Clásico y en el derbi, y si mantiene esta decisión se arriesga a que cuando salga haya más cortes de manga. O cualquier otro calentón que se le ocurra a Bale. Cuidado con los cortes de mangas de Bale que en el club no se celebran tanto. En el Bernabéu también le pitan y, de momento, aguanta.

Tribuna
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