Con que Ter Stegen las pare y Luis Suárez las meta es suficiente… por ahora

El Barcelona no necesitó un gran despliegue de fútbol para imponerse al Real Madrid en el Bernabéu. Dos goles de Suárez, tantos como remates, y la magia del portero les llevan a la final

Foto: Suárez lucha un balón con Varane y Carvajal. (EFE)
Suárez lucha un balón con Varane y Carvajal. (EFE)

Termina el partido en el Santiago Bernabéu y explotan los petardos en el barrio en el que vivo en el Eixample barcelonés. La Copa sobraba a principio de temporada, pero cuando enfrente está el Real Madrid, los culés no conocen ni a su madre, y es lógico. Si encima es para quitarles una final de Copa a la que los madridistas se agarraban como a un clavo ardiendo y meterles en un lío, más que mejor. Da lo mismo que Ter Stegen salvara dos ocasiones clarísimas a Reguilón y Vinícius o que el juego sea un buñuelo. Lo que importa es el resultado y es inapelable: 0-3.

Con el portero alemán y Luis Suárez ha sido más que suficiente para disputar el 25 de mayo en Sevilla otra final. Después de haber ganado las cuatro últimas ediciones de la Copa y los debates sobre si lo más práctico sería dejarse ir en la competición para centrarse en empresas mayores, la realidad se impone a golpe de petardo. Suárez, al que muchos querían jubilar hace tan solo una semana, ha destrozado al Madrid con sus dos goles, uno de ellos de penalti a lo Panenka, para que escueza más.

El Barça al final tiró dos veces a puerta y marcó tres goles porque Varane coló uno a Navas en propia puerta. Ni siquiera hizo falta colgarse de la magia de Messi para ganar. Con un Leo de andar por casa y un par de chispazos de Dembélé, el adversario está herido de muerte, así que ya hablaremos otro día de las formas y el sacrosanto estilo hasta no hace tanto. Que esta noche se celebra y punto. No es para menos.

Golear sin hacer mucho

Ahora es el momento de las risotadas con la boca abierta y choca esos cinco, de las palomitas mientras el archienemigo vuelve a añorar a Cristiano Ronaldo y le entran todas las dudas del mundo con todos los huevos —o los cojones, como dijo Solari en su primera rueda de prensa antes de viajar a Melilla— en la cesta de la Champions. Ahora es la hora para elogiar el espíritu competitivo del equipo y no pensar en nada más, que mañana dios dirá.

¿A quién le importa que apenas llegaran al área y que Ter Stegen fuera clave cuando se jugaba a verlas venir? ¿A quién que con dos remates a puerta se marquen tres goles? El Barça ya no necesita una exhibición para golear en el Bernabéu, pero la duda es si la contundencia que muestra en Madrid será suficiente para lograr la Champions, que es el título que cuenta, porque la Liga además se da por descontada.

La expectativa ya no es ver a un Barcelona brillante, dominante, exuberante. Con que Ter Stegen las pare y Luis Suárez las meta, ya vale. Y si es contra el Madrid, más. Ya habrá tiempo para reflexionar. Que esta noche toca fiesta.

Tribuna
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