El absurdo de la ACB con los árbitros tras la polémica Copa del Rey: nevera o purgatorio

De los tres árbitros de la final de Copa del Rey, uno volverá a pitar en la jornada de este fin de semana. Los otros seguirán apartados. ¿Hasta cuándo?

Foto: La final de Copa del Rey aún trae cola para los árbitros. (EFE)
La final de Copa del Rey aún trae cola para los árbitros. (EFE)

Los árbitros buenos van al cielo y los malos a̶l̶ ̶i̶n̶f̶i̶e̶r̶n̶o a la nevera. Por segunda jornada seguida, la ACB no ha asignado ningún partido a dos de los tres árbitros de la final de la Copa del Rey. El único que ya ha cumplido su pena es Benjamín Jiménez, que será uno de los tres colegiados del Unicaja-Delteco GBC. Los otros dos, Miguel Ángel Pérez Pérez y Juan Carlos García González, seguirán pasando frío. ¿Hasta cuándo? La ACB no lo dice.

A Jiménez le han levantado el castigo porque fue el que menos intervino en las dos jugadas polémicas del final del Real Madrid-FC Barcelona: la falta de Anthony Randolph a Chris Singleton y el intento de tapón de Randolph a Ante Tomic. En la primera era el árbitro más alejado porque había sido el encargado de hacer la cuenta en el saque de Tomic desde el otro fondo de la pista. En la segunda estaba más cerca, pero no participó en la revisión del 'instant replay'. La decisión la tomaron Pérez Pérez y García González.

En la ACB impera el silencio, al menos de manera oficial. Tras la valoración de su presidente, Antonio Martín, y el comunicado de los Árbitros Españoles de Baloncesto Asociados (AEBA), en ambos casos para reconocer errores arbitrales graves, no ha hablado nadie sobre la final de Copa. Ni Martín ni el director de arbitraje, Francisco Monjas. Tampoco los tres árbitros. Y no será porque no ha habido peticiones de entrevista. La idea es dejar pasar el tiempo, que todo se enfríe.

Eso provoca una situación absurda. Es evidente que hay un castigo aunque la ACB no lo confirme, pero no se conoce su duración. El de Benjamín Jiménez ha sido una jornada. ¿Y el de Miguel Ángel Pérez Pérez y Juan Carlos García González? ¿Dos? ¿Tres? Hay un antecedente, el de Carlos Peruga hace un año. El arbitro aragonés (que la semana pasada arbitró dos partidos, uno el sábado y otro el domingo: unos tanto y otros tan poco) cometió un grave error en la final de la Copa del Rey celebrada en Las Palmas de Gran Canaria. No vio una falta de Víctor Claver a Jeffery Taylor en los últimos segundos y estuvo dos jornadas sin pitar.

La jugada entre Randolph y Tomic que decidió la final de Copa del Rey. (EFE)
La jugada entre Randolph y Tomic que decidió la final de Copa del Rey. (EFE)

Sin entrar en si la gravedad de los errores de este año es mayor o menor, lo que sí es innegable es que han sido más relevantes. Han tenido más trascendencia, en parte por el número que montó el Real Madrid en la sala de prensa del WiZink Center. ¿Supone eso que el castigo para los árbitros de la última final será mayor? La ACB no responde. Hay que esperar a que publique cada semana las designaciones arbitrales (lo hace los jueves por la tarde) para comprobar cuál es la distribución de los árbitros y ver si los de la final de Copa aún siguen en la nevera. Lo que sí está claro es que no visitarán el purgatorio, como habría deseado el Madrid. Las designaciones arbitrales, que suelen recibir poca atención mediática, han generado muchas noticias en las dos últimas semanas.

La ACB no ha impuesto medidas disciplinarias a los árbitros del Real Madrid-Barcelona porque eso es competencia del Juez Único de Competición en base al Reglamento Disciplinario de la Federación Española de Baloncesto (FEB). Es necesaria una denuncia previa que no se ha producido. Además, los errores en el final del partido difícilmente encajan con las posibles faltas que especifica el reglamento, a menos que creamos que demuestran "la parcialidad probada hacia uno de los equipos" que recoge el artículo 40 b). En los últimos segundos de la final hubos dos errores claros y cada uno perjudicó a un equipo, aunque en el segundo tuvieron la oportunidad de revisar el 'instant replay' y aun así se equivocaron.

La nevera es lo máximo a lo que va a llegar la liga, y no es poco porque parte del salario de un árbitro depende del número de partidos en los que trabaje: un mes sin ningún encuentro puede costarle varios miles de euros. El problema es la opacidad de todo el proceso. En una situación como esta, la transparencia es mejor que la alternativa. Y la ACB no ha sido transparente por mucho que haya reconocido errores. Le han faltado otros dos pasos: explicar lo que sucedió y ser más clara con las medidas que ha tomado con los árbitros. No haría ningún daño que hablaran los dos que aún siguen en la nevera, el director de arbitraje o el presidente.

Tribuna

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