Panenkitas en bicicleta: Primer Manifiesto Malabrocco
  1. Deportes
  2. Tribuna
Marcos Pereda

Tribuna

Por

Panenkitas en bicicleta: Primer Manifiesto Malabrocco

Malabrocca se especializó en acabar último del Giro. Honor inesperado, que incluía, además, una prenda propia: la maglia nera

Foto: El ciclista italiano Luigi Malabrocca
El ciclista italiano Luigi Malabrocca

Lleva unos meses la futbolerada pelín dividida. No entre Madrid y Barça (que eso siempre) sino con otra cosa más sutil. Más, si quieren, ontológica (y disculpen los cuñaos por meter altura desde el principio)

Le podríamos decir “el asunto panenkita”.

En pocas palabras trata sobre dos formas de ver el universo. La vida. Más importante aun... todo lo relacionado con fútbol. Especialmente el periodismo, vaya. Digamos que hay dos posturas irreconciliables (se lo explican muy bien aquí, por cierto). Una, los panenkitas (que toman su nombre de la apreciable revista “Panenka”, dirigida por gente encantadora), anhelan comunicar con palabras largas, aspiran a un conocimiento general del juego (general significa más allá de la M-40) y no dudan en plantear metáforas culturales porque, en definitiva, confían que sus lectores sabrán descifrarlas. Frente a ellos se sitúan los cuñaos, aquellos que hacen periodismo de mesa y mantel, aprovechan para mandar saludos al último restaurante donde sablearon sin conciencia y, en general, toman a lectores y/o oyentes por borregos incapaces desde sus análisis no deportivos de colesterol por las nubes.

Foto: Cochise Rodríguez en una imagen de archivo.

Digamos que es fácil tomar partido, al menos desde mi punto de vista. Entre otras cosas porque el lord sith de los cuñaos resulta ser Roberto Gómez. Y Roberto Gómez actúa como hito ineludible: donde se encuentre, pues para el otro lado. Así que eso, pónganme panenkita en el dni. Solo que yo hablo de ciclismo. Y aquí igual podríamos tener de eso, ¿no? Quiero decir... también hay aficionados que van más allá, que llegan casi hasta las lágrimas hablándote de Berrendero, que recuerdan el ataque de Système U durante el avituallamiento en el Tour 87. Sí, un montón (yo el primero). Deberíamos buscarnos un nombre. Uno que nos represente, que nos permita saludarnos por la carretera. Yep. Y, con esto, me puse a pensar. Y pensar. Y pensar. Bueno, tampoco tanto, pero ustedes me entienden. Avanzo aquí mi propuesta.

Malabroccos

Luigi Malabrocca (Tortona, 1920) es un mito. Uno indeleble, inmortal. Entre otras cosas porque alcanzó la leyenda siendo muy malo en lo suyo (en eso andamos muchos y nada). O muy bueno en lo de ser malo, oigan. Digamos que Malabrocca (antiguo rival de Fausto Coppi cuando niño... sus duelos duraron un total de dos carreras, recordaba más tarde) se especializó en acabar último del Giro. Honor inesperado, que incluía, además, una prenda propia: la maglia nera. Ciclista distintivo, pues, entre todos. No era poca cosa. A la maglia nera le regalaban cosas, le invitaban a critériums, le hacían entrevistas, todos sabían su nombre y sus percances. Dicen que si en 1946 Malabrocca fue el tercer o cuarto ciclista que más premios acumuló en la competición. Un compañero de equipo, Giulio Bresci, terminó sexto en la general y no obtuvo tanto rendimiento económico (ni tanto reconocimiento popular, aclaro). Así que era negocio, ¿eh? Y Malabrocca lo hizo mejor que nadie.

Foto: Alberto Bettiol celebra una pasada victoria en la De Ronde van Vlaanderen. (Efe)

Dos veces fue maglia nera. Otra más quedó penúltimo, después de protagonizar el duelo más parsimonioso de siempre con Sante Carollo, un albañil que fanfarroneaba diciendo... oye, mira, yo puedo hacerlo aun peor. Se lo juro. Durante aquella competencia por no ser competentes los dos ciclistas hicieron de todo. Fingían caídas, pinchazos, paraban a comer durante un par de horas, se ocultaban entre zarzas o en graneros. Cuentan que un campesino encontró a Malabrocca, silencioso, escondido en su pozo. ¿Qué hace usted ahí?, preguntó. Y Luigi regaló la mejor respuesta de todos los tiempos.

- ¿Yo? Estoy corriendo el Giro de Italia.

Es en honor a este genio inmortal que, pienso, los panenkitas sobre ruedas deberían ser reconocidos como Malabroccos. Y para dejar claro qué es y qué no es proclamarse Malabrocco avanzo aquí, de forma totalmente exclusiva, un borrador para el Primer Manifiesto Malabrocco. En forma de decálogo, que así es más fácil recordar. Si dadaístas y surrealistas lo hicieron también podemos los amantes del ciclismo cool. Solo que no lo tengan muy en cuenta. Tampoco hablamos tan en serio.

Y un saludo a mis amigos del Mesón Casa Torrezno.

Primer Manifiesto Malabrocco

El Malabrocco adorará a Luigi Malabrocca por encima de cualquier otro campeón. Es alfa y omega, es cénit de la delicia ciclista, es uno de los nuestros. Las victorias son, para el Malabrocco, apenas borrones en un palmares. Resulta mucho más importante dejar huella, calar en la memoria colectiva, que ir rellenando la tarjeta con dianas como si fuese un videojuego. Por eso apreciamos tanto las historias.

De igual forma, para el Malabrocco no importa el cuánto, sino el cómo. Es más, a veces lo primero se impone por encima de cualquier otra consideración, por muy irracional que parezca tal idea. El Malabrocco aprecia a Bugno no por sus victorias, sino por el estilo maravilloso que tenía encima de la bici. Un buen Malabrocco jamás sube a chepazos, nunca abre las rodillas mientras siente morirse en ese puerto tan jodido que tiene cerca de casa. Para nosotros es más bello Gianni muriendo en la Marmolada que Froome ventilándose el cuarto Tour. (Solo que el buen Malabrocco no dice Marmolada, sino Passo Fedaia).

placeholder Luigi Malabrocca con la maglia nera
Luigi Malabrocca con la maglia nera

El color preferido de los Malabroccos será el negro, como corresponde al recuerdo de nuestro fundador. Si alguien tiene problemas con lo de las camicie nere (inspiración de Torriani para distinguir al más lento en su prueba) puede optar por cualquier otro atuendo, porque esto no es un club donde importe la estética (y menos mal). Se preferirán, siempre, los maillots retro por encima de horteradas actuales. En caso de poder elegir, pican alto en la clasificación zamarras de Kas, Molteni, La Vie Claire o Peugeot. También se permite escoger jerseys que tengan un punto golfo (como los de Cinzano, Carpano, Licor 43 o MG-Orbea), al considerar que respetan perfectamente el espíritu del grupo. El Malabrocco jamás vestirá reproducciones del arcobaleno, la maglia rosa o el maillot jaune, porque eso son prendas sagradas que has de ganarte sobre la carretera, no encargarlas en una web china. Arrastrarse en cualquier repecho con el amarillo sobre las espaldas deshonra por igual a portador y zamarra. En el caso de la Vuelta a España han sido tantos los colores para distinguir al líder que se excusa cualquier referencia. Cuando el Malabrocco encuentre una reproducción del maillot que llevaba Roberto Heras en Pajares, año 2005, debe quemarlo. Que tenía pececitos... pececitos.

El Malabrocco siempre se referirá a cualquier carrera utilizando el idioma oficial del lugar donde se celebre, y arrugando desdeñosamente el morro si escucha cosas como “Tour de Flandes” o “Lieja-Bastón-Lieja”. En caso de duda, usará el flamenco, lengua cool para esto de las dos ruedas, o el italiano, que siempre suena más bonito.

El Malabrocco amará las Clásicas sobre todas las cosas. De entre las Clásicas debe apreciar, sobre todo, la Campaña del Norte. De entre la Campaña del Norte, pruebas que se celebren en Flandes. Aquí entra París-Roubaix, claro, porque “Roubaix es la ciudad más occidental de Flandes”, como dijo Roger de Vlaeminck (icono Malabrocco él mismo). De las Grandes Vuelta se preferirá el Giro, porque tiene ese aire tradicional, caos que acaba saliendo bien. El Tour de Francia se ve casi por obligación (aunque a veces te aburras), pero cada año, a la altura de junio, hay que decir a todos los conocidos ciclistas que, oye, yo del Tour paso, no voy a perder ni un minuto. Sobre la Vuelta a España debes criticar el recorrido, salvo esa etapa que pasa por tu pueblo y siempre luce fenomenal (aunque tú la podías haber hecho más chula metiéndoles por una cuesta que solo conocen los lugareños).

Foto: Roglic y Pogacar en una imagen de archivo. (Efe)

El Malabrocco tendrá predilección por los jóvenes. Preferentemente de países extraños y trayectorias imposibles. Conozco un escalador de Vanuatu que empezó transportando frigoríficos sobre la bicicleta durante sus estudios en Islas Salomón y pinta a estrella. Cosas así. Cada ciclista que destaque en categorías inferiores (bien por calidad o bien porque tenga pelos en el escroto cuando a los demás aun no les ha cambiado la voz) parte con un palmarés potencial de, al menos, cinco Tours de Francia, y ya después se le van quitando victorias a medida que no alcanza nuestras expectativas. La comparación siempre será con Merckx o Bahamontes, nunca con Flecha o el Triki Beltrán. Ah, la generación que llega va a recuperar, sin duda, el tono épico de este deporte. Siempre. Siempre.

Todo buen Malabrocco añora el pasado, porque en el pasado los ciclistas eran más valientes, las carreras más espectaculares y, en general, el problema alopécico no se vislumbraba en el horizonte. Tienes que saberte al dedillo el palmarés de Eddy (al menos Grandes Vueltas y Monumentos), contar lo de Coppi en Abetone y que tu abuelo te haya hablado de cómo seguía a Trueba mientras entrenaba por San Cipriano. El ciclismo de antes era más noble, más puro, con tipos asaltando fuentes, Fuente asaltando Lavaredo, y lavaderos llenos de cualquier Carollo que se precie. Solo que nosotros somos de Malabrocca, así que Carollo nada.

Los Malabroccos nos manifestamos en contra de cualquier avance técnico que haya contribuido, a nuestro parecer, para que el ciclismo de hoy sea menos divertido que el de antes. Punto de no retorno fue la crono de París, Tour 1989. De ahí en adelante... el horror. Así, admitimos calapiés, cuentakilómetros y medidores de frecuencia cardiaca, siempre que se utilicen para que no te dé un jamacuco y no como planificador de entrenamientos. El pinganillo es un invento de Satanás que debería ser erradicado inmediatamente. ¿Potenciómetro? Lo mismo, a veces lees crónicas de carreras que parecen instrucciones para enchufar lámparas, con tantos vatios y gaitas. Los frenos de disco parecen pegotes espantosos que afean la sagrada belleza del velocípedo, aunque se admiten en casos de necesidad. Un túnel de viento es el de Cotefablo cuando pega aire. Y así con todo. Somos inflexibles en este sentido.

Foto: Gonzalo Marín, conocido como Chalo, ganador del Cruce de los Andes

El buen Malabrocco maneja jerga particular, mezclando expresiones de distintos idiomas y otras que directamente se ha inventado él. Grimpeur, passita veloce, embalaje, W Coppi. En el caso de que haya dos de estas palabras que signifiquen lo mismo siempre deberá escoger la más clásica entre ellas. Así, por ejemplo, Diego Ulissi es un buen puncheur, jamás un especialista en uphill finish. Se pueden utilizar términos tomados de la literatura o el cine, pero deberán evitarse comparaciones con otros deportes (totalmente inadmisibles en el caso del fútbol). Esta última regla tiene como excepción al rugby, claro. Todo Malabrocco que se precie huirá de clichés y lugares comunes. Así, los ciclistas nunca descienden “a tumba abierta”, y Miguel Indurain no es “el navarro de Villava”. Se permiten los tacos, siempre que aparezcan con espíritu posmoderno y no como muestra de pobreza léxica.

A la hora de acompañar la carrera con espirituosos, el Malabrocco solo tiene dos opciones. La primera es, claro, cerveza. Pero no cualquier cerveza, sino alguna de marcas semidesconocidas, mejor si llegan directamente desde Flandes. Consumir birra comprada de oferta en el Carrefour está penado con la expulsión del grupo (salvo si es birra comprada en el Carrefour de l´Arbre, entonces sí). La otra bebida que reconoce nuestro grupo es el calimocho, pero siempre desde un punto de vista irónico, recordando aquella vez que fuiste a ver a Rominger hasta aquel puerto tan raro y pasaste las horas pimplando vino malo con cocacola. Huelga decir que gintonics con frutas y similares provocarán expulsión inmediata del movimiento.

En Cantabria, a XX de XX del año 2021

Roberto Heras Ciclismo Miguel Indurain
El redactor recomienda