La piña de Luis Enrique: le acabaremos cogiendo cariño, pese a que es un antipático
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Ulises Sánchez-Flor

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La piña de Luis Enrique: le acabaremos cogiendo cariño, pese a que es un antipático

Ha quedado comprobado que solo hay una manera de que todos los españoles estemos unidos y es cuando nos sentimos atracados. Y más si es contra Francia

Foto: Luis Enrique y los jugadores se animan tras la derrota. (@pablogsacristan)
Luis Enrique y los jugadores se animan tras la derrota. (@pablogsacristan)

Hay una imagen de la final del partido entre España y Francia que nos hace sentirnos orgullosos porque refleja el espíritu de equipo y los valores más puros del deporte. Los jugadores forman una piña en el vestuario y se animan tras la polémica derrota que les ha impedido ganar la Liga de Naciones. En ese grupo están todos. Los que han jugado y los que no. Por encima, sobresale Luis Enrique con un gesto de euforia. Es el grito de la esperanza de un entrenador que consigue formar un equipo que está por encima de las individualidades técnicas y también de los egos. La España de Luis Enrique vuelve a perder con la cabeza alta. Esta vez contra los campeones del mundo y siendo mejores. Lo mismo sucedió en la Eurocopa contra Italia con una derrota en los penaltis.

La imagen del seleccionador y su equipo unido en el vestuario tras perder un título reconforta porque demuestra qué valor tiene España. Es el de haber formado un colectivo que compite contra selecciones más potentes con un estilo de juego ofensivo y tiene personalidad. Con futbolistas menos experimentados, sin estrellas y con bajas (Morata, Dani Olmo, Gerard Moreno, Pedri, Marcos Llorente...), el grupo no se ha resentido en la Liga de Naciones. Se ha superado con la incorporación de niños (Gavi, Yeremi Pino y Bryan Gil) y el compromiso de veteranos. Hay que destacar los dos partidazos que ha hecho Sergio Busquets, elegido mejor jugador del torneo.

Foto: El gol de Mbappé con el que Francia tumbó a España. (EFE)

A Rafa Nadal se le admira por su grandeza cuando gana y también cuando pierde. La España de Luis Enrique todavía no ha ganado nada, pero demuestra que hay derrotas que marcan el camino a las grandes victorias. La imagen del vestuario es del fotoperiodista Pablo García y en ella se reflejan los valores que transmite Rafa Nadal. De las derrotas siempre hay algo que aprender y no hay que caer en reproches o hablar de fracasos cuando lo has dado todo, te dejas hasta la última gota de sudor y el esfuerzo no llega para conseguir el triunfo. España lo hizo ante Francia. La miró a los ojos, la dominó y la metió en su área en los últimos minutos del partido. Provocó que su portero hiciera paradas decisivas. España cayó con grandeza contra Francia. La tuvo contra las cuerdas. En San Siro hubo muchos futuros Nadales.

Mbappé y el gol del palomero

El mérito es del antipático Luis Enrique. Tiene claro a lo que juega, cómo sacar el mejor rendimiento a cada futbolista, juegue quien juegue, y modificar la táctica para potenciar las virtudes de su equipo y minimizar las del rival. El planteamiento contra Francia solo tuvo un error defensivo en un equipo que no destaca por su contundencia atrás. No había que haber dejado disparar con comodidad a Benzema. Habría que haberle 'mordido'. Incluso Unai Simón está algo adelantado. Es el único reproche que se le puede hacer a España. Llegó muy pronto tras el tanto de Oyarzabal. El gol de Mbappé es el gol del palomero que valida una norma absurda capaz de convertir en legal una acción que es ilegal. Se aprovecha de su posición de ventaja en fuera de juego.

La jugada de la victoria de los franceses ensucia su triunfo y sirve para unir a los españoles. Los que no tragan a Luis Enrique están tan indignados o más como los que son de Luis Enrique. Una jugada polémica contribuye para que, por fin, todos estemos en el mismo barco del seleccionador. Tampoco nos creamos que con esto ya somos una piña como la imagen del vestuario de los jugadores y el técnico. Volverán las disputas entre los que dicen que no les representa porque es un borde en la sala de prensa y discrepan de su criterio para hacer las convocatorias.

placeholder Oyarzabal celebra el gol marcado a Francia en la final de la Liga de Naciones. (EFE)
Oyarzabal celebra el gol marcado a Francia en la final de la Liga de Naciones. (EFE)

Ha quedado comprobado que solo hay una manera de que todos los españoles estemos unidos y es cuando nos sentimos atracados. Y más si es contra Francia. Ese país con el que tenemos una rivalidad socio-deportiva. Desde el gol de Platini en la final de la Eurocopa de 1984 con el error de Arconada, todo lo que nos suceda contra los franceses produce rabia e impotencia. Pero que te marquen un gol en fuera de juego, por una norma que va contra la esencia del propio juego, y con la que no se ponen ni de acuerdo en la interpretación los propios especialistas arbitrales que dan luz en los distintos medios de comunicación, es grave. Si nos roban, entonces todos somos de la misma familia.

Las audiencias le respaldan

De esta manera sale reforzado Luis Enrique de la Liga de Naciones. Ha sido capaz de ganar a Italia y perder de manera injusta contra Francia siendo mejor en los dos partidos. España vuelve a enganchar a los aficionados que miran con expectación la obra de Luis Enrique. Tanto si lo que está construyendo es una chapuza como si tiene visos de convertirse en algo que nos devuelva la ilusión perdida y dé motivos para pensar que es un proyecto ganador. Más de 6,4 millones de espectadores siguieron por TVE la final contra los franceses (un 42,1%) y el minuto de oro se fue hasta los 7.665.560 espectadores de audiencia (un 47,7% de 'share').

Es el reflejo de que España está pendiente de lo que haga Luis Enrique y que, con partidos, como contra Italia y Francia, que nos hacen sentirnos orgullosos, es más sencillo coger cariño a un seleccionador que es un vinagre en la sala de prensa y un osado en sus planteamientos futbolísticos. Si gana o si pierde con injusticias y siendo mejor que el rival, no importará que sea un antipático. Si, además, vemos una imagen como la de la piña del vestuario dándose ánimos después de una derrota, estaremos más seguros de que el punto de inflexión para volver a ganar ha llegado.

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