La corrupción del duque de Lerma, una historia actual

La historia se repite, cuatro siglos después. Hoy recomiendo un libro riguroso a la vez que entretenido. Cosas ambas compatibles siempre y cuando el juntador de

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    La historia se repite, cuatro siglos después. Hoy recomiendo un libro riguroso a la vez que entretenido. Cosas ambas compatibles siempre y cuando el juntador de palabras tenga la capacidad de compaginarlas, virtud nada habitual por estos pagos poco historicistas, pero puritanos y eruditos, que apenas han asimilado nada de la tradición de Cervantes y su genio escribidor.

    Se trata de la biografía del duque de Lerma a cargo de Alfredo Alvar Ezquerra. Libro que debería ser de lectura obligada en los colegios. Además de manual de cabecera para congéneres posmodernos igualmente corruptos: políticos torticeros, ladrilleros en desgracia, banqueros pululantes de indultos, incompetencia y codicia o aldeanos mamporreros ascendidos socialmente con brusquedad, sin cursillo ético ni estético que disimule zafiedad, en esta vapuleada democracia amordazada de sensibilidad artística y pulcritud ética.

    Pero, sobre todo, goce reservado para aquellos lectores, apasionados por la historia más mezquina y vibrante, que quieran disfrutar un buen rato con retazos de la fabulosa, pero a menudo dramática, historia de España. Que les permita mantener bien alta la guardia en la desvencijada y corrupta desventura actual.

    Francisco Gómez de Sandoval y Rojas (1553-1625) fue el valido del rey Felipe III, postrero cardenal para poder salvar el pellejo, ladrillero conventual y palaciego, entre otras muchas corruptelas de Estado, de total actualidad con la que está cayendo.

    El subtítulo del libro es didáctico y ejemplar: “Corrupción y desmoralización en la España del siglo XVII”. ¿Alguna diferencia con el devenir actual salvo el romano dígito?

    El duque de Lerma hizo del poder su industria, del clientelismo su arma, del robo su profesión, de la rapiña su himno, de la corrupción su ser, de la mentira su lema, del exceso su emblema, de su extraordinaria inteligencia su perdición. Se aprovechó de un rey débil que sobrevivía bajo la atenta mirada severa de su padre desde la tumba, el rey Prudente (sic) Felipe II.

    El, que junto con unos cuantos congéneres de clase y casta más, se aprovecharon todo lo que pudieron, mientras empobrecían al resto de España, horadaban su historia futura, poniendo los cimientos de la demolición a sus fastos imperiales de dominación, por los siglos de los siglos.

    Algo no muy diferente en su esencia al clientelismo corrupto que la sigue azotando. Sin afinidad ideológica alguna entre chorizos más que la derivada de la perversión, la codicia, el ansia de poder y de enriquecimiento ilícito. Lo cual nos va a dejar listos y apañados para una buena temporada. Que serán dos si no se empiezan a tomar, inmediatamente, medidas enérgicas contra el virus letal, que nos está corroyendo y arruinando, una vez más.

    Por una vez no sé por dónde empezar. El libro no tiene desperdicio alguno y por eso sugiero que se lo lean entero si no quieren quedarse con las ganas y perderse un placer literario intenso a la vez que ameno.

    Tan solo comentar, a modo de moraleja glosada, que el duque de Lerma sufría de remordimientos. Aliviaba su congoja a la manera habitual en la época: enterrando dinero inútilmente, mediante fundaciones de conventos o donaciones a iglesias o capillas, con el fin de aliviar la conciencia, para poder seguir robando.

    Visiten la fastuosa y señorial villa ducal de Lerma y su palacio, hoy espléndido parador,  y lo comprobarán. ¡Cuánto remordimiento empedrado hay en España! Al menos produce ingresos en forma de turismo y alegra la vista entre tanta arquitectura estelar cara, vulgar y anodina que en el futuro solo producirá basura, desolación, pobreza y ruinas que nadie querrá rememorar, y menos visitar, a diferencia de las pasadas.

    No hemos inventado nada. Como el mismo autor recalca en los comienzos de su libro, que trata sobre la teoría de la corrupción, una excelente introducción al tema igualmente de actualidad en los albores del siglo XXI, sus remordimientos los diluían a la manera contemporánea: igual que muchos entierran hoy parte del dinero depredado, a través de ONG´s y fundaciones con objetivos loables, como aquellos.

    Con realidades pecuniarias en el presente a menudo paternalistas, neocoloniales o contraproducentes para aquellos a los que pretenden aliviar o socorrer. Si no lo es a cambio de malversación, consciente a veces, incluso con reminiscencias presuntamente ducales, y tufillos fecales, como las elevadas pestilencias actuales. ¡Nada ha cambiado en estos cuatro siglos de pesadumbre, picaresca y dolor!

    El duque de Lerma fue el paradigma de una época. Y, en esta, sigue pendiente el título de carroñero mayor de cierto acogotado reino sumido en taifas centrífugas, pueblerinas y despilfarradoras. ¿Candidatos a tan baja merced?

    Me pasa a menudo. Agoto el espacio a causa del exceso de ripios y maledicencias. Así que, el que quiera asimilar algo a la vez que disfruta con la lectura, si a pesar de los e-books y la prensa digital y canalla quedan todavía antiguallas intelectuales como el que esto suscribe, ya tiene con qué pasar un buen rato estas Navidades, contribuir a apuntalar la decadente industria editorial, y material que le ayude a reflexionar acerca de nuestras cuitas presentes y el calvario venidero.

    ¡Nada nuevo bajo el Sol!

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