Para Guindos ha sido un éxito, para Stiglitz un raído

No se ponen de acuerdo en Davos. ¿Será que ninguno comprende lo que le ocurre, aunque solo sea por razones contrapuestas, cual escuelas fallidas divergentes que ambos representan?

Foto: El ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos. (EFE)
El ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos. (EFE)

Guindos dice que la economía va como un tiro. Stiglitz, que nos han hecho un raído. No se ponen de acuerdo en Davos. ¿Será que ninguno comprende lo que le ocurre, aunque solo sea por razones contrapuestas, cual escuelas fallidas divergentes que ambos representan?

Vayamos con Guindos

Se hacía eco este diario de cómo Guindos ha trasladado a Davos la solidez de la recuperación española gracias a la calidad de su gestión. Durante estos cuatro años, la deuda pública se ha incrementado en unos 300.000 millones de euros, alrededor de un 30% del PIB, si no se incluyen los pasivos ocultos. Con ellos podría alcanzar hasta un 150% del PIB, según la Metodología del Protocolo del Déficit Excesivo (PDE) utilizada por el Banco de España.

Parámetros que se pondrán en trágico valor, en forma de castañazo financiero, cuando a esa cosa difusa denominada mercados le dé un telele y la prima de riesgo se descontrole. Falta la chispa. Podrá provenir de fuera.

Proclama el susodicho la buena nueva en el santuario alpino cual San Bernardo que lame la mano del amo que alimenta impagables débitos con barrica monetaria artificialmente creada. Magro porcentaje temporal debido a factores exógenos, como la bajada del petróleo o el incremento del turismo a causa de la inestabilidad en Oriente Medio.

Crecimiento basado en trabajo basura que lo mismo que aparece, desaparecerá súbitamente. Acata la delirante teoría neoclásica que indica que el capitalismo se dirige hacia un equilibrio y con uso pleno de los recursos, salvo cuando se ve afectado por fricciones, sobre todo en el mercado laboral.

El éxito de su gestión consiste en proclamar a Heidis y cervatillos que las fricciones se han eliminado, al menos las laborales. No dice nada acerca de los corsés legislativos incorporados, elevando otro tipo de fricciones que atentan contra las libertades y los buenos empresarios no asimilados a la casta. Persevera el mantra fallido.

El éxito de su gestión consiste en proclamar a Heidis y cervatillos que las fricciones se han eliminado, al menos las laborales

Si los círculos virtuosos aceleran la economía a menudo de una manera insensata, los círculos perniciosos la deprimen todavía más. El país está más empobrecido que hace cuatro años. Debemos mucho más.

La reforma ha dividido el mercado laboral en dos: aquellos privilegiados que disfrutan de trabajo de por vida o de condiciones laborales blindadas, como los que fichan por el sector público sin más merito que el amiguismo. Incluye los ñoquis, los cuales jamás sufren una reconversión. Y aquellos otros que sobreviven como pueden mediante empleo basura. Desgraciados paganos acogotados a impuestos y penas arbitrarias destinados a mantener el empleo del resto improductivo.

Siguiendo fielmente la teoría, Guindos ha basado su supuesto éxito a crédito, y el de las reformas del mercado de trabajo, la palabreja se las trae, poniendo a los más esforzados y productivos a los pies de los caballos, aquellos que trabajan en la economía real y sufren en sus carnes el 'dumping' humano y medioambiental.

Su segundo error ha consistido en aplicar teorías terriblemente fallidas, además de la teoría del equilibrio general. Aquellas otras que suponen que capital y recursos son intercambiables, cualquiera que sea su distribución. O la que dice que la curva IS-LM funciona. Eso era antes. Pero cuando los estímulos monetarios no llegan a la economía real, el modelo de Hicks-Hansen puede arrojarse a la basura. ¿Por qué se empeñan en acatarlo?

Son tales premisas acientíficas las que impelen al BCE a inundar los mercados de liquidez, en teoría, sin hacer que esta llegue a la economía real. Hundiría el tinglado al dejar los 'mercados' huérfanos de metadona monetaria. Así consigue mantener la prima de riesgo a niveles ínfimos, chute tras chute, cuando en realidad el riesgo macroeconómico es cada vez más elevado.

Si la expansión monetaria alcanzara la economía real, generaría una inflación de camello en vez de la deflación del momento, agravada por las manipulaciones asiáticas y las importaciones baratas promovidas mediante 'dumping' humano y medioambiental. ¿Mercados perfectos? Qué guasa.

Vayamos con Stiglitz

Lo de Stiglitz es peor. Va de sabio, progre y avanzado, cuando ha contribuido a la paralización del desarrollo de la teoría económica. En un célebre no debate (sic) que no se desarrolló (sic) a principios de los años setenta del siglo pasado, que incluyó a Solow, apóstol del crecimiento fantástico, Georgescu-Roegen, economista maldito por osar salirse de la ortodoxia académica, proponía la ampliación de parámetros de la célebre función de producción, de manera que introdujera los recursos a la ecuación.

Joseph Stiglitz.
Joseph Stiglitz.

La ortodoxia dominante establecía, y continúa haciéndolo, que los recursos no eran un factor relevante. Los incluían por piedad. Siempre se podrían sustituir por capital, ignorando olímpicamente toda condición de contorno natural, como el segundo principio de la termodinámica y el corsé ambiental impuesto al habitar un planeta aislado y esférico que impide exportar la mierda hacia espacio.

Obviaban, mediante series econométricas incompletas y faltas de rigor, el método científico. Pensaban que la tecnología sería capaz de encontrar siempre sustituto a cualquier recurso, siempre y cuando hubiese suficiente capital disponible a mano.

El tal gurú nobelado dijo en Davos, yendo a lo nuestro, que el protagonista primero ha hecho un roto colosal a nuestra economía. Que el resultado económico de esta legislatura es desolador, al finalizar con un 22% de desempleo, un 50% de paro juvenil, un magro 3% de incremento con un empleo de pésima calidad, al coste exagerado de incrementar la deuda pública un 30% del PIB.

No ha realizado ninguna reforma profunda que sustituya gasto corriente por inversión productiva. No ha reestructurado una Administración pública voraz e ineficiente, estructuralmente corrupta a causa de la inexistencia de contrapoderes eficaces. La casilla de llegada está retrasada respecto a la de salida, a pesar del consenso ortodoxo dominante.

Quién tiene razón

Un error trágico que las teorías económicas cometen, y esto vale para los dos, es considerar el capital un ente abstracto, sea para invertir o para jugarlo en el casino financiero, cualquiera que sea su distribución o su destino. Un error que nuestro todavía ministro de Economía comparte con sus jefes alemanes de Davos, causa de que Thomas Piketty goce de actualidad.

Falacia que contribuye a un crecimiento que apenas son meandros, que incrementa la deuda inútilmente a cambio de trabajo precario de escasa calidad para los nuevos trabajadores que no pertenezcan a la casta. Y que acelera la desaparición de la clase media, como en época romana.

Lo de Stiglitz es peor. Va de sabio, progre y avanzado, cuando ha contribuido a la paralización del desarrollo de la teoría económica

La palabra maldita se denomina austeridad. Para uno, ha sido la clave del éxito de esta legislatura. Ha costado 300.000 millones de euros a cambio de un crecimiento magro y el desguace de todo lo de valor que conservaba este país, como la cultura y la investigación. ¿Es eso austeridad? Para el otro, ha sido la clave del fracaso. El derroche ha sido moderado. Hay que acabar con la austeridad, vocea desde el refugio alpino. Pongámonos a temblar.

¿Ninguno de los dos recuerda los multiplicadores de Keynes? ¿Cuánto dinero más es necesario tirar a la basura hasta que uno y otro reconozcan el fracaso de sus recetas?

El cansino infanticidio de la izquierda no solo emergente consistirá, si gobierna, en gastar todavía más e incrementar pesebres sociales que engrasan una burocracia corrupta sin apenas beneficiar a sus destinatarios. No distingue entre inversión y gasto. Será si les deja Merkel. Les callará la boca como a Tsipras, por bocazas.

Las recetas de las derechas, traicionando una vez más todo valor ilustrado, consistirán en profundizar en las 'reformas', insistiendo en políticas fracasadas que machaquen todavía más la menguante clase media, su propio semillero de votos que se les está acabando: más madera hasta que el contubernio corrupto reviente, recortando donde no se debe sin mancillar ningún pesebre, cubriendo bolsillos y despropósitos de los que dan las órdenes.

La solución pasaría por exigir que ambas aceras aparcaran la demagogia y el populismo y buscaran un crecimiento sano basado en inversión fabril y no en gasto. En detener la avaricia confiscatoria de Hacienda, incluyendo la humillación de los escritores jubilados, que permita dar oxígeno al consumo hasta que la economía fundamental arranque. Racionalizando unas administraciones públicas que succionan recursos preciosos, que se deberían destinar a aquella economía real capaz de generar actividad manufacturera y exportadora en vez de gasto innecesario.

El sector privado de la economía ha sufrido una purga brutal. Es imperativo sustituir gasto corriente y burocracia desatada por inversión productiva que genere multiplicadores de Keynes superiores a la unidad. Los provocados por el Estado hasta ahora se acercan peligrosamente a cero, deprimiendo la economía si se descuenta la deuda incrementada.

Los fondos liberados se deberán dedicar a industria y exportación, adecuando al bolsillo con el menor dolor posible las prestaciones del mal llamado Estado del bienestar. Contamos con una población envejecida. Sin un crecimiento equilibrado que no incremente la deuda, las prestaciones de ahora aumentarán los pasivos de nuestros hijos, monetarios y medioambientales.

Dos escuelas fracasadas

Cualquier ejecutivo que haya trabajado en una corporación americana importante, si es espabilado, tiene toda la información a su disposición si sabe leer un balance y conoce cómo funciona su negocio. Aunque solo sea porque la SEC y la Fed, son más rigurosos con la información que exigen. Véase el caso ENRON o el de las hipotecas 'subprime', triples A legendarias de tan grato recuerdo.

Uno se enteró por la prensa de que había quebrado el banco que presidía. El otro va de científico, puso en barbecho durante más de 40 años el desarrollo de la teoría económica.

¿Era Guindos consciente de la situación de su empresa cuando se enteró de su cese? Lo de Stiglitz es peor. Su escaqueo, junto con el de su colega Solow, fue pura premonición. Va de progre ecológico preocupado por las desigualdades, que él ha contribuido a fortalecer, al pretender hacer creer que capital y recursos son sustituibles indistintamente sin más aliño nutritivo que una buena dosis de tecnología etérea por desarrollar. Religión laica auténtica.

Moraleja

La macroeconomía teórica cada vez diverge más de la economía real, aquella que se nutre de los medianos de Teseo, la menguante clase media que continúa siendo machacada por ella.

Las finanzas mundiales mantienen un equilibrio inestable. El capitalismo global morirá de entrópico éxito impulsado por un catecismo laico errado. Nuestros dos protagonistas estimulan su defunción. Cualquier chispa provocará un 'tsunami' que tumbará este castillo de naipes financiero relleno de deuda impagable.

Constituye el mayor esquema Ponzi de la historia. Solo los países mejor preparados soportarán el estallido de la madre de todas las burbujas si no los termina de aislar la avalancha humana. De momento, no somos uno de ellos. El tiempo se acaba.

Mientras no se detenga el gasto absurdo y no se dediquen los fondos liberados a inversiones que fomenten la exportación, preferentemente industrial, la economía española seguirá sin metodología para crecer más allá de afianzar empleo basura. Mientras no se diseñe una economía 4.0 siguiendo la estela de París, no habrá crecimiento sin deuda.

Ningún cabeza de lista está en condiciones de encintar este jamelgo plagado de pulgas a crédito. Toc, toc, toc, camaradas diputados. ¿Hay algún estadista por ahí?

Apuntes de Enerconomía
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