El triunfo de los mediocres

Toda la actividad política está ocupada por los mediocres… ¿Toda? ¡No! Un grupo poblado por irreductibles galos resiste, todavía y como siempre, al invasor

Foto: El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont. (Raúl Arias)
El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont. (Raúl Arias)

La tendencia general de las cosas en todo el mundo es otorgarle a la mediocridad un poder ascendente en la humanidad. John Stuart Mill

Unas elecciones que para algunos no se produjeron porque eran ilegales. Unas cargas policiales que esos mismos no vieron porque el referéndum no se estaba produciendo. Una situación que no ha dividido en dos a la sociedad catalana porque en sus familias no se da. Una inseguridad jurídica que provoca que cerca de 2.000 empresas hayan abandonado la región, para alborozo de comunistas y anarquistas. Un golpe de estado, anunciado desde hace años, sin que quien se arroga el monopolio de la justicia y de la violencia, el estado, haya hecho nada para evitarlo. Una partida de pares o nones en el que dos ciegos se juegan la estabilidad social y económica de un país para acabar firmando tablas.

El 1 de octubre los catalanes fueron llamados a votar en unas condiciones tales de ilegalidad (declaración de inconstitucionalidad de todas las leyes promovidas al efecto y de todos los actos del Parlamento autónomo) que el Gobierno del Sr. Rajoy garantizó que no se llevarían a cabo.

Los catalanes fueron llamados a votar en unas condiciones tales de ilegalidad que el Gobierno del Sr. Rajoy garantizó que no se llevarían a cabo

En esas condiciones, y con un mando de los Mossos que había dado pruebas más que suficientes de insumisión, la Policía y la Guardia Civil fueron llamadas a cumplir un mandato judicial en la peor situación posible: decenas de 'colegios electorales' tomados preventivamente por los padres durante el fin de semana para evitar su cierre, cientos de personas ofreciendo resistencia en casi cada centro de votación, y una policía autónoma que traicionó tanto el mandato judicial como a sus compañeros. Toda la maquinaria del estado, formada por funcionarios del grupo A, el mayor cuerpo legal de España, cientos de estrategas repartidos por ministerios, secretarías de estado, direcciones generales, comunidades autónomas y demás organismos de la administración del estado, con un coste de millones de euros anuales, y nadie había previsto tal posibilidad.

Unos días después del referéndum-que-no-existió-pero-que-todo-el-mundo-vio, el presidente Puigdemont solicita al Parlamento suspender los efectos de la declaración de independencia que, soslayadamente, había declarado en la frase anterior, al asumir el mandato del pueblo para que Cataluña se convirtiese en un estado independiente en forma de república. Todo el mundo entiende que sólo se puede solicitar la suspensión de un acto que se ha producido, salvo ese mismo ejército de funcionarios encabezados por un registrador de la propiedad y una abogada del estado excelentes excedentes.

Todo el mundo entiende que sólo se puede solicitar la suspensión de un acto que se ha producido

Por eso, porque no debía estar muy claro que sólo se puede solicitar la suspensión de una acción previamente ejecutada, el Gobierno le dio tres días al rebelde para que lo aclarase, señalando que de no hacerlo con meridiana claridad entendería que la declaración se había producido. De nuevo, la ambigüedad en la respuesta no sólo no dio lugar a la activación del 155 sino que se procedió a una ampliación generosa del plazo, para que el jefe de los rebeldes pudiese ganar algo más de tiempo en su desafío contra la ley de todos. Nadie podía sospechar que el tahúr rebelde y tramposo finalmente acabaría declarando la independencia por segunda vez.

A pesar de la conculcación evidente de derechos por parte de la Sra. Forcadell, que cierra el Parlamento catalán que preside, impidiendo el control de la actividad del legislativo, y obviando resoluciones y sentencias de las máximas instancias judiciales, sólo ahora que se ha producido la votación parece que la Fiscalía anuncia acciones legales contra ella y los miembros de la mesa que ampararon / promovieron / tramitaron la declaración de independencia, si es que esta finalmente se produjo.

En todo este conglomerado de mediocres destacan también los líderes del PSOE y de Podemos. Del primero surgió un capitán que vio la oportunidad de despegarse del segundo en la defensa de la unidad del país, un valor conservador muy acorde con las ideas de compensación interterritorial de rentas de un partido socialista bipolar que flirtea al mismo tiempo con la idea antitética de multinacionalidad y federalismo. Un capitán que tornó en el sargento chusquero que siempre fue, apoyado en un grupo que en 24 horas es capaz de afirmar que no apoyarán el 155 y que lo apoyarán sin fisuras, sin perder la sonrisa, ni tampoco la vergüenza.

Qué bien vive el mediocre jugando a la contra, sin una sola propuesta proactiva, con un salario garantizado por el país que pretendes dividir

Del segundo surgió, por fin, el antisistema que lleva dentro y que trataba de ocultar para ganar votos; su boca se llena de patria mientras sus actos no hacen sino promover la división del país, en una propuesta que puede ser legítima, pero que en todo caso debe ser honesta, algo que siempre desconoció. Claridad y responsabilidad es lo que todo populista rechaza, como cuando el mismo Iglesias se muestra en contra del 155 y de la DUI; qué bien vive el mediocre jugando a la contra, sin una sola propuesta proactiva, con un salario garantizado por el país que pretendes dividir.

Toda la actividad política está ocupada por los mediocres… ¿Toda? ¡No! Un grupo poblado por irreductibles galos resiste, todavía y como siempre, al invasor. Un grupo donde Cantó y Girauta llevan al Parlamento nacional y a las televisiones la voz de quienes han carecido de ella para denunciar lo que ha venido ocurriendo en cuarenta años de democracia y de cesiones a los jefecillos territoriales.

Y cuando parece que sólo ese pequeño grupo resistirá y triunfará, deciden ponerse las pinturas de camuflaje para tratar de obtener ventaja del cortoplacista cálculo electoral que los lleva a verse ganadores de unas elecciones autonómicas en las que los independentistas, tras haber declarado su república, no participarían, al no reconocer la legitimidad de la decisión del presidente del Gobierno de España.

Como si quienes han conocido la miel del sueldo público estuviesen dispuestos a cambiarla por la hiel del trabajo diario, tan bien representados por Rufián, ese campeón de la mediocridad que anunció en diciembre de 2015 su marcha del Congreso de los Diputados para junio pasado y que ahí sigue, haciendo equilibrios para evitar la sanción disciplinaria que le privaría, cada mes de los catorce que tiene su año, de sus 6.000 euros y casi 2.000 adicionales para gastos, libres de esos impuestos que exige que paguemos los demás para que él, así, pueda evitarlos.

Sueña Ciudadanos con una victoria por incomparecencia del rival, y actúa liderando una decisión que, sorprendentemente, los traslada al mismo libro de mediocres que están escribiendo entre todos nuestros políticos.

Big Data

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