ACS y el Real Madrid, dos empresas y un destino en las Antípodas

Florentino Pérez ha llevado a las antípodas los criterios empresariales aplicados a la gestión de un club como el Real Madrid. Nunca tan grandes jugadores sirvieron para tan escasos títulos

Foto: ACS y el Real Madrid, dos empresas y un destino en las Antípodas

Tiempo y esfuerzo le ha costado a Florentino Pérez admitir en público la cohabitación en el poder de ACS con su buen vasallo Marcelino Fernández Verdes, el hombre que empezó a conquistar el Real Madrid para su señor haciendo relaciones públicas en los palcos privados que la constructora tenía alquilados en el Bernabéu durante la etapa presidencial de Lorenzo Sanz. Los hechos y la presión del entorno accionarial han dado la razón a los que apostaban por este  ovetense merengón, verdadero artífice del imperio levantado en los mercados internacionales y que lleva tres años recorriéndose el mundo a salto de mata entre Alemania y Australia, donde están ubicadas las sedes de Hochtief y de la nueva Cimic, antes denominada Leighton.

Después de una intensa y no menos fructífera labor al frente de las dos grandes filiales extranjeras, Fernández Verdes tiene previsto volver por fin a casa como Phileas Fogg para compartir, es un decir, las riendas del grupo que hasta ahora y desde el primer día viene manejando a su antojo el genuino mandamás que es Florentino. Pérez y Fernández formarán uno de esos tándems que tanto gustan al decir de los inversores multinacionales, obsesionados por replicar en España los modelos de gobernanza anglosajones basados en el reparto de funciones entre un presidente encargado de la más solemne representación institucional y un consejero delegado encaramado al timón de la empresa como primer ejecutivo único y verdadero.

La concentración de poder del presidente del Real Madrid es un ejemplo del mal gobierno corporativo que denuncian los inversores internacionales

Pensar en una división de poderes de tamaña naturaleza dentro de la cúpula directiva del Grupo ACS es mucho imaginar, sobre todo teniendo en cuenta que el regreso del guerrero está justificado también en razones humanitarias, dada la nueva paternidad de Marcelino y la atención exquisita que concede Florentino a todo lo que rodea a la familia. Fernández Verdes quiere ver crecer de cerca a su retoño y Pérez, que lleva años presumiendo de abuelo, no tenía razones morales para dilatar aún más la llegada de alguien a quien muchos consideran su ahijado dentro de la empresa y que bastante antes de emigrar en 2012 ya estaba convenientemente vacunado contra cualquier complejo de Edipo habido o por haber.

El consejero delegado in pectore de ACS no será realmente un delegado del consejo sino más bien del presidente, un amigo allegado que vuelve al redil con una fuerte deuda de gratitud, por lo que no debería tener mayores reparos en oficiar como escudero distinguido para salvar las apariencias a las que tan dados son los grandes capos del Ibex. El primer grupo español de construcción tiene también que ponerse a la moda del buen gobierno porque no se olvide que es uno de los pocos valores del índice selectivo de la Bolsa española que todavía no dispone de un número dos nominal al que apelar como coartada cuando toca defender la presunta separación de poderes en lo más alto de la dirección corporativa.

Presidente pluriempleado

Aunque sólo sea de cara a la galería la reincorporación de Marcelino Fernández Verdes es una buena noticia para la empresa y es una lástima que el ejemplo no pueda trasladarse al otro imperio que regenta Florentino con su particular estilo Luis XIV. El Real Madrid es una institución demasiado grande para un presidente pluriempleado, como él mismo ha venido a reconocer en el interrogatorio a que fue sometido hace pocos meses por el juez del caso Púnica. La entidad deportiva más laureada del país, santo y seña de la marca España, no puede ser gestionada por un rey sol a tiempo parcial que sólo se remanga a ratos en su despacho de adorno para luego ceñirse la corona todos los fines de semana en el palco de honor.

Marcelino Fernández Verdes. (EFE)
Marcelino Fernández Verdes. (EFE)

Como constructor de ilusiones colectivas Florentino ha convertido al Real Madrid de sus amores en el mejor termómetro de sus pesares. Nunca la entidad dispuso de tantos buenos jugadores para conseguir tan escasos resultados en un derroche multimillonario de una rentabilidad operativa muy debajo del presupuesto y que nadie en su sano juicio podría consentir con criterios estrictamente empresariales. El hombre que aspiró a liderar el cuadro de honor que encabeza el mítico Santiago Bernabéu puede pasar a la posteridad como farolillo rojo del que fuera el mejor club del siglo XX. El nuevo presidente, para su desgracia y la de todo el madridismo, llegó en el año 2000 y ese ya era el siglo XXI.

Florentino, o mejor dicho, el Real Madrid, necesita como el comer un cambio radical de gestión interna que garantice la operación deportiva en manos de alguien que sepa de verdad, un profesional del mundo del fútbol equivalente a ese consejero delegado que reclaman a voz en grito los asesores de voto en las sociedades del Ibex 35. El problema no es que el presidente disienta alguna vez de las alineaciones que hace su entrenador, ni siquiera que se le caiga el talonario para fichar estrellas fugaces que sólo venden camisetas. El drama es que todavía no se ha dado cuenta de que la potencialidad competitiva de las grandes corporaciones mundiales descansa en un reparto de funciones donde del primer ejecutivo es el máximo responsable de conseguir los resultados que luego el presidente exhibe en su balance como si fuera su sala de trofeos.

Ronaldo, Bale y compañía se irán de gira este año por Australia, uno de los países donde se orientan los negocios de ACS a través de su filial Cimic

El Real Madrid es por encima de todo una institución deportiva que, claro que sí, debe ser gestionada como una empresa, pero no con el objetivo falaz de poner en valor un negocio que los socios no pueden disfrutar en forma de dividendos, sino para responder a los objetivos fundacionales de su propio ‘core business’, que no son otros que ganar campeonatos. Las copas son las que generan los oros por mucho que algunos se afanen en revolver los palos de la baraja donde, no se olvide, también juegan bastos y espadas. La llegada de Rafael Benítez puede ser una oportunidad para conceder a Florentino el beneficio de la duda, a ver si ésta es la buena y el presidente deja que su flamante y décimo técnico asuma el mando sobre el primer equipo y desde el primer momento.

Los deseos inspirados en la mejor de las voluntades tendrán que hacer una excepción, eso sí, con la próxima gira veraniega, comprometida de antemano y que obliga a los Ronaldo, Bale y demás componentes de la plantilla a marchar este año de bolos por China y Australia, antes de pasar un rato por Alemania. El Madrid se va a las Antípodas que es de donde precisamente viene Marcelino Fernández Verdes, el futuro ‘entrenador’ de ACS. Una casualidad que desde la perspectiva del club no admite ningún tipo de correlación porque al igual que dijo Marco Antonio sobre Bruto en la inmortal obra de Shakespeare: “Florentino es un hombre honrado”. Aparte, claro está, de un ser superior.

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