Difícil legado de Alierta a Álvarez-Pallete en Telefónica

Es hora, pues, de una suerte de ‘back to the basics’. A los ‘very basics’, nos atreveríamos a decir, en la operadora 'de bandera' española

Foto: César Alierta y José María Álvarez-Pallete. (Reuters)
César Alierta y José María Álvarez-Pallete. (Reuters)

César Alierta lo ha vuelto a hacer.

Aprovechando el desgobierno político nacional, y el interno de una compañía abocada a renovar una parte sustancial de su consejo el próximo 8 de abril, ha anunciado su salida de la presidencia de Telefónica y su designación como heredero a José María Álvarez-Pallete, el actual consejero delegado.

Una decisión que responde a ese modo patrio de hacer las cosas por las bravas que tan poco dice a favor del gobierno corporativo nacional.

El futuro exmandatario sabía que no iba a haber ocasión mejor para hacer las cosas ‘a su manera’ que este, sin inquilino en Moncloa y con el baile de sillas en Las Tablas entre los silentes consejeros salientes y los ignotos entrantes. Y ha aprovechado el ínterin.

Solo Fainé, siempre Fainé, ha estado al cabo de la calle desde su origen de todo el proceso sucesorio.

Se pueden distinguir en la gestión del aragonés dos etapas claramente diferenciadas: una primera, centrada en corregir los excesos operativos y financieros del desmedido Juan Villalonga, y una segunda, bien distinta, en la que ha parecido empeñado en construir los suyos propios. En efecto, si el inicio de su mandato puso orden tanto en la estructura de negocio de la sociedad como en las inversiones de la locura 'puntocom' y la financiación asociada a las mismas, con la irrupción de nuevos agentes en las distintas partes de la cadena de valor del negocio de las telecomunicaciones, y la ralentización de la actividad ordinaria, se embarcó en una serie de iniciativas organizativas y geográficas que han tenido muchas más sombras que luces y que, incluso, han puesto en riesgo una de las señas de identidad históricas de las ‘matildes’: el dividendo.

Por más que esta desorientación estratégica ha sido mal generalizado en la industria, los datos corporativos acreditan tal 'desgobierno' (cierto es que 2015 incluye un ajuste laboral significativo que perjudica las cuentas del Grupo, 20F publicado en la SEC americana).

Precisamente por eso eshmomento, pues, de una suerte de ‘back to the basics’ en esta sociedad. A los ‘very basics’ nos atreveríamos a decir.

No en vano, Álvarez-Pallete (ver perfil) parte de una situación similar a la que se encontró César Alierta cuando desembarcó en la compañía, 16 años atrás, que se dice pronto.

Le toca definir qué quiere ser Telefónica de mayor en este nuevo entorno, hostil para las operadoras 'de bandera' (ver cotización).

Quedan cuestiones tan relevantes por solventar como cómo poner en valor la infraestructura frente a los que se aprovechan de ella; cómo evitar la merma de ingresos derivada de la generalización de nuevas aplicaciones que facilitan la comunicación gratuita entre los usuarios; cómo rentabilizar inversiones como la televisión de pago en modelos ‘quadruple play’ sujetos a guerra de tarifas; cómo finiquitar operaciones de compra y venta sujetas a problemas de competencia (Alemania, ya menos, y Reino Unido, sustantivo); cómo conciliar flujo de caja, rentabilidad, coste de capital y desinversiones en beneficio de los accionistas; cómo achicar balance sin dañar el 'dividend yield', cuadratura del círculo; dónde lograr el crecimiento del que la actividad tradicional carece para abaratar sus múltiplos, exigentes en términos sectoriales; cómo hacer frente a una competencia aún más potente en España y al deterioro económico de algunos mercados ‘core’, caso de Brasil; qué 'equity story' construir de cara a los inversores; cómo posicionar la firma en términos de atributos y valores ante el público más joven y menos fiel, y así sucesivamente.

El nuevo presidente cuenta con la ventaja de poder abordar todos estos retos desde la atalaya de su juventud, de su preparación durante más de década y media y de su teórica mayor conexión con la realidad circundante. Además, si es inteligente, que lo es, aprovechará los cambios en el órgano de administración de la sociedad para rodearse de gente competente y con talento que le pueda ayudar a decidir en cada uno de los frentes que tiene Telefónica abiertos, que no son, ni mucho menos, pocos ni baladíes, y ordenar así la sociedad de arriba abajo a la medida de sus necesidades y de la estructura que tenga en su cabeza.

Vencer la resistencia de los más viejos del lugar, incluido el propio Alierta, que seguirá como consejero, no parece que vaya a ser un problema. No en vano, el momento del cese indica una clara predisposición a dar cancha al nuevo primer espada, también desde Barcelona.

Al menos de inicio.

Eso sí, al calor de los números -o, mejor dicho, desde la frialdad de los mismos- del primero de los cuadros que les hemos adjuntado, Álvarez-Pallete ha sido, hasta ahora, parte del problema. Le toca ser LA solución. ¿Será capaz? Va a necesitar algo más que suerte en el empeño.

Desde aquí, en cualquier caso, se la deseamos. 

Columna Capital
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