En defensa de la ciudad europea: el caso de Detroit

La ciudad de Detroit ha presentado el mayor concurso de acreedores municipal de la historia de Estados Unidos. Los 20.000 millones de deuda, a repartir entre

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    La ciudad de Detroit ha presentado el mayor concurso de acreedores municipal de la historia de Estados Unidos. Los 20.000 millones de deuda, a repartir entre los 700.000 habitantes actuales, equivalen a unos 28.000 dólares de deuda per cápita, ¡una deuda más de 10 veces superior al endeudamiento per cápita de la ciudad de Madrid! El motivo de la catástrofe financiera es sencillo: el núcleo urbano ha ido despoblándose durante la segunda mitad del siglo XX, perdiendo la mitad de su población debido al white-flight (huida de la población blanca hacia los suburbios).

    Este fenómeno ha ido mermando los ingresos públicos, mientras que la estructura municipal no ha podido reducirse, llevando la ciudad a la bancarrota a pesar de que el área metropolitana ha crecido y es más próspera que la media nacional. Detroit no ha podido hacer frente a sus pagos porque entre sus competencias se encuentran la educación e incluso las pensiones de los antiguos empleados municipales. Es decir, la población actual, muy mermada y con una renta media mucho menor, es incapaz de sostener, entre otras competencias, las pensiones de todos los empleados públicos de la época dorada de la ciudad, sede de las grandes compañías automovilísticas de Estados Unidos.

    El origen del problema es bastante descorazonador: cuando la población inmigrante supera un cierto umbral, existe un punto de inflexión (tipping point, que diría Malcolm Gladwell) a partir del cual se puede producir una emigración en masa de la población anteriormente residente. Thomas Schelling explicó este problema de forma muy clara con su modelo del 'tablero de ajedrez' (aquí un fantástico resumen en vídeo de Tim Harford, con huevos blancos y marrones), en el cual muestra cómo una pequeña aversión a las diferencias étnicas puede llevar a una dinámica de segregación racial total. Basta con que los individuos tengan una preferencia ligeramente mayor por convivir con gente de su propio color para que, con el tiempo, dos poblaciones de distinto color acaben completamente segregadas, algo desastroso para la integración cultural de las minorías inmigrantes.

     

    ¿Está Europa libre de estos problemas? No, pero con una diferencia que me gustaría resaltar. En Europa existe desde luego la segregación étnica, pero el nivel de la misma es menor que en Estados Unidos. Y parte del motivo podría estar en el carácter de centro neurálgico que tienen las urbes europeas respecto a la ciudad típica estadounidense (excepciones aparte). El ocio en una ciudad europea transcurre en mayor medida en la calle y en el centro urbano. Los cascos históricos ejercen de polo de atracción de todo tipo de actividades culturales y comerciales, de forma que la lejanía a dicho polo supone un coste considerable. Por el contrario, el modelo urbano predominante en Estados Unidos es el urban sprawl (el 'desparrame urbanístico', que tan fantásticamente ha caracterizado Diego Puga), en el cual el centro urbano tiene un atractivo mucho menor, el ocio está mucho más segmentado y el automóvil parece casi imprescindible para tener una “vida social digna”.

    ¿Qué sucede cuando aplicamos el 'modelo del tablero de ajedrez' de Schelling a la realidad europea? Pues que el centro de las ciudades ejerce de polo de atracción que impide la huida de las clases medias y medias altas. Ello no implica que puedan formarse bolsas de segregación étnica dentro de las propias ciudades (me vienen a la cabeza los ejemplos de Bruselas o Marsella), pero de momento los centros han ejercido la suficiente atracción para que esta dinámica perversa no estalle como en Detroit. Ello significa que las bolsas se confinarán a menudo a los suburbios de las ciudades, pero que ello hará más difícil el colapso de ciudades enteras.

    ¿Es moralmente mejor el escenario europeo? Quizás no: una bolsa de inmigrantes segregados es un fracaso de integración tanto si ocupa el centro de una ciudad (Detroit) como si ocupa la banlieue (París). Pero quizás desde el punto de vista urbanístico la existencia de un polo de atracción común sí que facilite la integración de la población inmigrante, ya que ambas comunidades valoran vivir cerca del centro. El modelo del urban sprawl, por el contrario, exacerba estas dinámicas de segregación y, además, hace posibles desastres financieros como el de la ciudad de Detroit. Un motivo más para potenciar el atractivo de las ciudades y un argumento para defender la regeneración de los cascos urbanos en Europa.

    El Análisis de Sintetia
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