C’s: electoralismo y reparto de pobreza

El partido de Albert Rivera parece la única opción que tiene este país para salir del desastre moral, político y económico. Pero siento decepción ante un programa que supone un gran desconocimiento de lo que ha pasado en España desde la Transición

Foto:  El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, junto a los economistas Luis Garicano y Manuel Conthe. (EFE/Zipi)
El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, junto a los economistas Luis Garicano y Manuel Conthe. (EFE/Zipi)

Vaya por delante que Albert Rivera y su partido Ciudadanos me parecen, junto con UPyD, las únicas opciones que tiene este desgraciado país para salir del profundo desastre moral, político y económico al que nos ha llevado la oligarquía partitocrática, PP y PSOE, quienes junto con los nacionalistas separatistas se repartieron el país desde la infausta Transición como si fuera un solar. Implantaron un régimen político sustentado en el caciquismo, el clientelismo y la corrupción institucional y personal, a una escala jamás conocida ni en España ni en Europa. Ciudadanos, además, ha defendido a brazo partido a España frente a la mafia independentista, y solo por ello merece el aplauso y el respeto de todos los españoles de bien.

Para que este país sobreviva PP y PSOE deben desaparecer. Y aunque el golpe principal lo recibirán de los ultraizquierdistas de Podemos, solo Ciudadanos y UPyD constituyen la esperanza de un cambio racional. De ahí mi decepción ante un programa cuyo posicionamiento político supone desconocer totalmente lo que ha pasado en España durante la Transición, lo que es una democracia o lo que es un régimen de partidos sometido a la oligarquía económico-financiera. Y en lo económico se ignora lo esencial: solo electoralismo y reparto la pobreza. No hay recuperación posible ni salida de la crisis sin cambiar un modelo de Estado inviable y corrupto hasta la médula, sin una democracia representativa, y sin renegociar una deuda que Rajoy ha hecho tan monstruosa que ya es imposible de devolver, lo que destruirá el futuro de varias generaciones.

Solo se puede sentir vergüenza y desprecio por la Transición

Empiezo por la afirmación política central de Albert Rivera y Luis Garicano: “Los españoles tenemos mucho de lo que enorgullecernos en las últimas décadas, contrariamente a lo que sugieren muchos que critican todo lo construido desde la Transición. Entre los años 1978 y 2000 España experimentó un periodo de convergencia económica y política con Europa; en esos años creamos una democracia imperfecta, pero que mejoraba cada año, un sistema sanitario excelente y un Estado de bienestar que redujo enormemente la pobreza”. Una declaración demencial porque la realidad es justo la contraria, y no es que lo “sugiramos muchos”, es demostrable con cifras indiscutibles y hechos inapelables.

En 1975 se alcanzó el mayor grado de convergencia económica con la Europa desarrollada, y desde entonces no ha vuelto a alcanzarse. Rivera puede ignorarlo, pero Garicano no. Por tanto, miente conscientemente, lo que resulta tan incomprensible como innecesario, a no ser que desee ganarse el favor de la oligarquía económico-financiera. Para medir la convergencia hay que comparar lo mismo. En 1975 el PIB per cápita español era el 81,3% de la entonces CEE, los nueve países centrales, y para ver qué ha pasado la comparación tiene que hacerse con los mismos nueve, no con 27 –de los cuales la mitad son pobres de solemnidad–. Es la comparación que han hecho siempre el PP, el PSOE y los oligarcas, y constituye un engaño absoluto.

El posicionamiento político del programa de Ciudadanos supone desconocer totalmente lo que ha pasado en España durante la Transición

¿Y qué tenemos si la comparación se realiza de forma homogénea con los nueve países centrales? Pues que del 55% en 1959, y después de 16 años de crecimiento económico sin precedentes, se llegaría al 81,3% en 1975, que el fraude Transición hundiría hasta el 70,8% en 1985, y que en 2013 casi cuarenta años después era solo del 73,2%. Un desastre sin paliativos. Y esto no es opinable, son matemáticas. Como que el paro en 1975 era del 2% (o del 6% si sumamos lo emigrantes) y hoy es del 24%. Que de un sector industrial que representaba el 36% del PIB en 1975, después de su desmantelamiento en los 80, hoy está en un 14%. Que de una renta per cápita igual a la de Irlanda en 1975 hoy este país nos supera en un 40%. Que, pese a tener la misma potencia industrial que Corea del Sur en 1975, hoy no somos ni su sombra. ¿En qué benefician a Ciudadanos estas mentiras flagrantes?

Afirman después: “Creamos una democracia imperfecta, que mejoraba cada año”, una falsedad total. Para que hubiera habido democracia se necesitaban dos condiciones esenciales. La primera, abrir un periodo de libertad constituyente donde los gobernados hubieran tenido el poder de dotarse de una constitución democrática con representación real de los electores y elección del Ejecutivo con sufragio directo. Y la segunda, que los gobernados hubieran tenido la oportunidad de elegir unas cortes constituyentes y de aprobar en referéndum y no en plebiscito la forma de Estado y de Gobierno. Estos hechos no pueden ser ignorados por un partido que aspira a gobernar y a regenerar España. Y, luego, es inaudito que se afirme que el régimen de partidos ha mejorado con el tiempo, cuando solo ha incrementado su degeneración y su perversión. Somos el país más corrupto de Europa en desarrollo urbanístico, financiación de partidos y contratación pública.

El deterioro de la democracia española, por llamarla de alguna manera, ha sido espectacular (sirvan de ejemplo frases de políticos tales como “Montesquieu ha muerto” o “el que se mueve no sale en la foto”). Lo que ocurrió fue la desaparición de todo atisbo de democracia, con todo el aparato legislativo –Constitución incluida– al servicio de unos dirigentes ineptos y venales. Listas cerradas, nepotismo, ineficiencia y corrupción a gran escala. La sanidad, como la enseñanza pública, eran infinitamente mejores en 1975. Su politización a todos los niveles solo ha producido despilfarro y degradación (en el caso de la enseñanza pública, esta ha sido total).

Pero si las afirmaciones anteriores no hay por donde cogerlas respecto al Estado de bienestar la falsedad es absluta. Un sistema de pensiones solvente en 1975 frente a uno quebrado en 2015 donde las pensiones tendrán que recortarse drásticamente. La parte de los salarios en el PIB, que en 1975 era del 62,8% es hoy del 46,6%, la más baja de la UE. La desigualdad en la distribución de la renta y la riqueza ha crecido espectacularmente, y es la mayor de Europa. España está hoy a la cabeza de la injusticia social de la OCDE. Los hijos vivíamos muchísimos mejor que nuestros padres. Hoy, por primera vez en tres siglos, los hijos vivirán peor que los padres. 

Generalidades, mediocridad y buenos deseos

Respecto al programa económico de Ciudadanos, lo presentado es solo una serie de medidas electoralistas, junto a generalidades y buenos deseos. No solo no aborda, es que ni menciona ni en esta ni el resto de entregas los grandes problemas estructurales del país, empezando por un modelo de Estado inviable y fuente una corrupción sistémica jamás conocida. Tampoco trata una deuda que crece sin cesar y la mitad de la cual es para pagar los desafueros de los oligarcas financieros y del IBEX, o el brutal deterioro de la balanza comercial, cuyo déficit ha crecido un 71% a septiembre, lo que ha elevado la deuda externa en 100.000 millones en 2014 (la mayor del mundo en términos de PIB). Un camino cierto al desastre y justo lo contrario de lo que afirman la propaganda del Gobierno, los oligarcas y sus secuaces mediáticos.

La desigualdad, la pobreza, la precariedad y la exclusión social son las consecuencias, no las causas. Y si no se entiende esto es que no se entiende nada. Empecemos por su propuesta más “novedosa”: el complemento salarial anual para quienes tengan salarios bajos y empleos precarios (lo que favorece a unos 5 millones de votantes objetivos de Ciudadanos). Para empezar, la afirmación de que esto servirá para asegurar que todos reciban un salario digno y no los desincentiva para trabajar es un insulto a los 2,6 millones de parados que ya no reciben ayuda alguna y que serán 3 millones a fin de 2015 gracias a Rajoy, que estarían dispuestos a trabajar por salarios de hambre porque no tienen ya nada.

Si en Ciudadanos piensan que España puede salir adelante con parchecillos sin atacar los problemas centrales, fracasarán y con ellos fracasará España

Y para seguir su efecto, útil es permitir a los patronos bajar los salarios. Si el trabajador recibe 150 euros al mes, el empleador se los baja. Es obvio que los autores nunca han trabajado en el mundo real. Y, para terminar, los 10.000 millones que costará esta medida, una cifra irrisoria para una economía donde se despilfarran anualmente 100.000 millones de euros de los cuales 34.000 lo son por duplicidades entre Administraciones Públicas, y otro tanto en 3.000 empresas públicas inútiles. Pero es que ni siquiera 10.000 millones, lo que se da a unos se le quita a otros.

Si en Ciudadanos piensan que España puede salir adelante con parchecillos sin atacar los problemas centrales, fracasarán y con ellos fracasará España. El PP, el PSOE y las élites depredadoras del IBEX ya están moviendo a tope todo su gigantesco aparato mediático y de compra de voluntades para mantener el bipartidismo, la corrupción y el saqueo de España y de los españoles. Por ello espero que en la cuota de poder autonómico y local que sin duda conseguirán renuncien como UPyD a la utilización de coches oficiales y asesores, que es un escándalo en un país donde un tercio de los niños vive ya por debajo del umbral de la pobreza. ¿Exigirá C´s para pactar con el PP en Madrid o Valencia acabar con este despilfarro, que no existe en el mundo civilizado? ¿Les exigirá cerrar empresas inútiles o se subirán al carro de los privilegios y las tarjetas oro?

Luego, hablar de un “nuevo marco laboral de relaciones laborales que elimine la desigualdad y acabe con la precariedad” es un brindis al sol que no significa absolutamente nada, que recuerda aquello de que “todos los españoles deberán ser justos y benéficos” de la Constitución de Cádiz. Es un mero reparto de la pobreza. Como los trabajos basura de Rajoy de 600 euros, solo que con un nuevo envoltorio elaborado por profesores universitarios sin praxis de la realidad laboral. Es un corta-pega de medidas que existen en países solventes, sin pararse un minuto a pensar en la historia y la evolución de nuestra legislación laboral, que empezó con Franco y que es estructuralmente diferente a Austria, Gran Bretaña o Dinamarca. Así ni se crea empleo ni se crea riqueza. Solo se reparte la miseria.

La eliminación de los contratos temporales para las nuevas contrataciones no soluciona ningún problema. Las empresas seguirán despidiendo igual, pero a menor coste. La “mochila austriaca” o seguro contra el despido suena muy bien, pero sin la regulación del despido existente en Austria solo hace menos costoso el despido para el empleador, justo lo que nos faltaba. En la CEOE estarán encantados. Y por cierto, ¿quién paga la ronda? La dación en pago, que sería correcta, al añadir “por el valor actual del inmueble” le quita todo valor. Es una tomadura de pelo porque se vende y en paz. Y la diferencia con el coste, ¿quién la asume? Los bancos estarán encantados porque son los beneficiarios. Les eximen de su responsabilidad de haber dado créditos insensatos a personas que sabían que no podrían pagar.

¿Exigirá C´s para pactar con el PP acabar con el despilfarro? ¿Les exigirá cerrar empresas inútiles o se subirán al carro de los privilegios y las tarjetas oro?

Rebajan los tipos del IRPF y quitan deducciones, exactamente la misma golfada con la que la pareja de trileros Rajoy-Montoro han engañado a los españoles. ¿Y qué pasa con el IBI, que no deja de subir cuando los pisos no dejan de bajar? ¿Y con los más de 80 impuestos y tasas? Para colmo, rebajan los tipos máximos, no los tramos de renta más bajos. Y lo de bajar el IVA va justo al contrario del resto de los países europeos, que es lo que dicen que no hay que hacer. Luego proponen reducir el impuesto de sociedades del 30 al 25%. ¿Acaso desconocen que las grandes empresas pagan solo el 12%? La cifra más baja del mundo industrializado. Parece que, cuando Fuentes Quintana nos explicaba los requisitos esenciales de un sistema fiscal que ayude al crecimiento y a la redistribución de la riqueza, los autores de este programa estaban tomándose un pincho de tortilla en el bar. Aquí, ni hay equidad, ni armonización tributaria interna, ni eficacia recaudatoria. Pagan la clase media y las pymes, y la deslealtad institucional entre CC.AA. es total.

Esperemos las próximas entregas. A ver si por fin se enteran de que un país con 17 miniestados con todas las instituciones propias de un Estado, con 3.000 empresas públicas inútiles, con dos millones de empleados públicos nombrados a dedo y con salarios medios que doblan los del sector privado –algo insólito en el mundo desarrollado–, con 20.000 asesores a 80-100.000 euros per cápita –que ni asesoran ni hacen falta para nada–, con un mercado fragmentado en 17 trozos, con 17 legislaciones –¡120.000 leyes desde 1975 y 340.000 burócratas dedicados a dividir, a entorpecer, a controlar la actividad económica y comercial–, hace mucho más costoso fabricar, exportar y mover productos dentro de España, más difícil que entre los 27 países de la UE, es un país inviable. Desatar este nudo gordiano de nepotismo, intereses creados y corrupción sistémica es imposible: o se corta de un tajo o España no tiene salida.

El Disparate Económico
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