¿Ignorancia o irresponsabilidad?

El economista oculta en su artículo 'Secesión' las graves consecuencias económicas que tendría la independencia de Cataluña en la comunidad

Foto: Manifestación bajo el lema 'A punt', organizada en Lleida por las entidades independentistas Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural. (EFE)
Manifestación bajo el lema 'A punt', organizada en Lleida por las entidades independentistas Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural. (EFE)

Es con asombro y estupor que he leído la colección de anacolutos, absurdos y falsedades que en un momento especialmente crítico para la unidad de España ha desarrollado Juan Ramón Rallo en un artículo titulado 'Secesión' y publicado el sábado 2 de septiembre en este medio. No hay un solo párrafo que una vez analizado quede en pie. Es obvio que los sediciosos catalanes que desde hace años ignoran la Constitución y la ley, y no respetan los derechos de los catalanes no nacionalistas con total impunidad, ya que Rajoy y su Gobierno han renunciado a hacer cumplir la legalidad y además han ofrecido la financiación necesaria para la realización de sus fines, estarán entusiasmados con esta aberración disfrazada con el manto del liberalismo.

Rallo afirma que muchos catalanes desean separarse del Estado español, pero este no se lo permite porque les exige lealtad a la soberanía nacional española. Para empezar, Rallo oculta deliberadamente que son más lo catalanes que desean seguir siendo españoles, a los que no otorga derecho alguno. Oculta que los sediciosos han mentido masivamente a los seis millones de catalanes sobre las consecuencias económicas de su locura, que, mas allá de toda duda razonable, supondrían perder un tercio de su PIB por su enorme déficit exterior comercial (14.000 millones o el 6,7% de su PIB), que crecería más aún por la salida de la UE (un 2,6% del PIB el brexit), y la reducción de las ventas al resto de España (29% de su PIB), su principal mercado. En los procesos de separación en Europa, el comercio entre las partes separadas ha caído en un 70% cuando el proceso ha sido 'amistoso' (Chequia-Eslovaquia) y en un 90% cuando ha sido por las malas (Balcanes, URSS).

El líder serbo-bosnio Radovan Karadzic, junto al presidente yugoslavo, Slobodan Milosevic, y el enviado especial de la ONU para la antigua Yugoslavia, Yasushi Akashi (izq.), durante la guerra en 1994. (EFE)
El líder serbo-bosnio Radovan Karadzic, junto al presidente yugoslavo, Slobodan Milosevic, y el enviado especial de la ONU para la antigua Yugoslavia, Yasushi Akashi (izq.), durante la guerra en 1994. (EFE)

Oculta también que tendría que asumir la parte de deuda pública proporcional a su participación en el PIB, como ha ocurrido en todos los procesos de separación en Europa. Oculta que su moneda perdería el 30% de su valor frente al euro, lo que sería la quiebra del nuevo Estado y la ruina de familias y empresas catalanas endeudadas en euros. Y oculta que los 1,68 millones de jubilados catalanes verían reducidas sus pensiones en más de un 20%, al no poder cubrir el déficit de las mismas recurriendo a endeudamiento con el BCE. Si los catalanes conocieran la verdad, que increíblemente ni Gobierno ni Banco de España han explicado, como ocurre en Reino Unido con el Brexit, cambiarían de opinión la inmensa mayoría.

Oculta que los 1,68 millones de jubilados catalanes verían reducidas sus pensiones en más de un 20%, al no poder cubrir el déficit de las mismas

Aparte de lo que oculta, el articulo de Rallo está construido con una total inconsecuencia, porque procede de una monografía del gran economista y propuesto varias veces para el Premio Nobel Albert Hirschman, que o bien no la ha leído o no la ha comprendido. Este célebre economista, que tuvo tanta influencia en los gobiernos de Hispanoamérica durante la década de los setenta, concibió un sencillo análisis de las tres opciones que se le ofrecen a todo individuo incorporado a un grupo: la salida del grupo si no está conforme con la orientación del mismo; la elevación de la voz dentro del grupo para cambiar su orientación, y la lealtad al grupo tal como está dirigido. Para Rallo, la salida “es el fundamento político del liberalismo”, un despropósito absoluto por dos razones: una, el liberalismo está dentro mientras que lo que está fuera es el anarquismo. Dos, la salida de Hirschman no se refiere al abandono de una comunidad sino de una asociación voluntaria. ¿Qué tiene que ver el liberalismo con eso? ¿Cuántos gobiernos liberales han permitido la sedición?

Y es que la ignorancia (o el sectarismo) del señor Rallo sobre este tema es tan grande que aplica estas tres opciones no a las asociaciones voluntarias, sino a las comunidades, llamando incluso a esas tres opciones “distintos sistemas políticos”. Pero el error más garrafal es haber confundido lo que es propio de la vida interior de cualquier asociación voluntaria con los conflictos internos surgidos en comunidades. Es inconcebible que alguien que se dedica a escribir ignore la diferencia entre comunidad y sociedad, entre comunidades orgánicas y asociaciones voluntarias. Una distinción que ha pasado a ser un clásico en la sociología a partir de Ferdinand Tönnies a finales del siglo XIX.

Rallo afirma que la nación es “una extensión de la tribu superadora de sus restrictivos lazos de parentesco”. ¿Cómo se atreve a hablar de estas cosas sin conocer las primeras tesis de filosofía de la historia y retorno de las naciones (S. Agustín, Vico, Hegel)? ¿Qué significa el disparate de “creación de comunidades políticas unipersonales”? Esto lo rechaza porque sería demasiado costoso, no porque sea un absurdo ontológico. Claro que como Rallo ignora este concepto filosófico, lo utiliza para distinguir los intereses individuales o personales frente a los “intereses ontológicos del grupo”, ¿qué significa esta memez?

El error más garrafal es confundir lo que es propio de la vida interior de cualquier asociación voluntaria con conflictos internos surgidos en comunidades

Antes de la Guerra de Secesión americana, todos los grandes pensadores políticos habían llegado a la conclusión de que la secesión es inaceptable porque cuando se acepta una constitución y la unión que de ella deriva es 'in toto and for ever', es decir, ni siquiera en un Estado federal se puede aceptar una unión parcial o limitada en el tiempo a las leyes y a la unión. Rallo no tiene ni idea del tema porque además carece de formación jurídica.

Habla del derecho individual de separación política y añade que “es hora de habilitar legalmente la salida". ¿Cómo que es hora?, hace siglos que eso está regulado con el cambio individual de nacionalidad. Claro que lo que él quiere es una salida jurisdiccional. Es decir, de jurisdicción, lo contrario de la salida de la que habla Hirschman, que siempre es voluntaria, sin necesidad de permisos del grupo donde antes estaba.

El padre de la Constitución y expresidente del Congreso, Gregorio Peces Barba, en una imagen de archivo. (EFE)
El padre de la Constitución y expresidente del Congreso, Gregorio Peces Barba, en una imagen de archivo. (EFE)

Dice que la lealtad es fundamento de las autocracias y oligarquías (monarquías absolutas o fascismos). ¿Cuando Alemania en 1949 inventa la expresión 'patriotismo constitucional' y aquí en España lo introduce Peces Barba, no se refieren a la Constitución? ¿Acaso son fascistas los regímenes de EEUU, Francia, Suecia, Austria, Suiza, Grecia, etc, que jamás de los jamases tolerarían la secesión de una parte de su territorio? ¡Pero qué disparate! ¿Qué tiene eso que ver con el fascismo? Por lo visto, para Rallo respetar la Constitución es puro fascismo.

El señor Rallo considera que no tiene “legitimidad” moral mantener a Cataluña anexionada a España. ¿Qué es esto de legitimidad moral? ¿Tiene relación alguna con el derecho político, o con la ley positiva? Si, como dice, la ley positiva no puede imponerse como un rodillo, ¿dónde está la ley natural que la suplante?, ¿en Cataluña? En esto es lo único en que tiene razón, si una parte de los catalanes quiere separarse de España que acuda a la ley natural, es decir, a la guerra.

Quiera o no quiera el señor Rallo. Lo sepa o no lo sepa, España es una comunidad y no una sociedad. Una de las unidades nacionales más antiguas del mundo. No proviene de un acuerdo entre los españoles sino del acontecer histórico, que lleva siglos de existencia y reconocimiento internacional. El separatismo catalán fracasará porque Cataluña jamás en la historia ha sido independiente y menos una nación. Y hoy no tienen ni la legalidad ni la fuerza para conseguirlo. Si la situación de hoy es peligrosa no es por ellos, que son algo menos que nada, sino por la cobardía de Rajoy, que ha renunciado desde el principio a defender la Constitución, la ley y los derechos humanos de los catalanes no separatistas.

Rajoy, que no lee más que el 'Marca' y es el presidente más abúlico de Occidente, ignora lo que la historia enseña. La regla de oro política definida por los romanos: “La fortaleza de los pueblos no depende de la fuerza ni de la riqueza, sino de las leyes y de la firmeza en su cumplimiento".

El Disparate Económico

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