"El sermón al Rey de España"

Felipe VI tenía la obligación constitucional inexcusable de explicar en público al pueblo español qué medidas piensa tomar para solventar el problema independentista catalán

Foto: El rey Felipe VI, en el acto de entrega del IV Premio Enrique V. (EFE)
El rey Felipe VI, en el acto de entrega del IV Premio Enrique V. (EFE)

Por su trascendencia, dado el enorme peso del autor, el más grande pensador político en lengua española de todos los tiempos, D. Antonio García Trevijano, cuyos libros de teoría política son los únicos de un pensador europeo actual que se encuentran en la Biblioteca del Congreso de los EEUU, y el mayor aún de la persona a la que va destinada, el rey Felipe VI, transcribo íntegras las reflexiones del primero ante la pasividad del monarca frente al golpe de Estado de los independentistas en Cataluña.

“La palabra sermón no la utilizo en sentido religioso, sino en el empleado por Francis Bacon: como lección de ética política.

Mis relaciones con su abuelo D. Juan y su padre Juan Carlos fueron políticamente muy intensas desde antes de su nacimiento. El día de su bautizo, al que asiste D. Juan con permiso de Franco para entrar en España, me pide y yo le organizo en la propia Zarzuela entrevistas con toda la izquierda obrera e intelectual. Al día siguiente, al regreso de D. Juan de su visita a Menéndez Pidal, organizo en mi domicilio de plaza de Cristo Rey 4, una entrevista secreta de D. Juan con el general D. Manuel Díez Alegría y D. Eduardo Blanco, director general de Seguridad, con el conocimiento y aprobación de su ministro D. Camilo Alonso Vega, para que a la muerte de Franco un avión militar traiga a D. Juan a Madrid y sea proclamado rey.

El rey Juan Carlos, junto al general Franco. (EFE)
El rey Juan Carlos, junto al general Franco. (EFE)

Tiempo después, el 16 de julio de 1969, me llama D. Juan desde Estoril, diciendo que vaya enseguida porque ha recibido una carta de Franco transmitiéndole que ha nombrado a Juan Carlos sucesor a título de rey. Llego a Estoril, y me pregunta qué debe hacer. Le respondo que conteste diciendo que no acepta, porque Franco no tiene poder para alterar el orden de sucesión dinástico. Me pide que se la escriba, lo hago, la firma, la mete en un sobre muy lacrado, llama al embajador Jiménez Arnau y le pide que vaya a recoger la carta de contestación a Franco.

Por la noche me llama al hotel diciéndome que ha recibido otra carta de Juan Carlos comunicándole que "para salvar a la monarquía" ha aceptado el nombramiento de Franco, y me pide que vaya a verle por la mañana porque eso cambia todo. De nuevo me pregunta qué hacer, se lo explico y le preparo la respuesta diciendo: “¿Qué monarquía vas a salvar?, una monarquía sin honor. El sostén de las repúblicas descansa en la virtud y el de las monarquías en el honor. Si lo has aceptado, que sepas que es contra mi voluntad y sin mi consentimiento”.

Cuando aplastan los derechos humanos más elementales de los catalanes no nacionalistas, no puede, señor, permanecer en silencio

Cuando muere Carrero, tomo la iniciativa de ir a ver a Don Juan, y le pido que levante su bandera contra el nombramiento de Juan Carlos como sucesor. Le convenzo y llama a Giscard d'Estaing pidiéndole que le invite a París para hacer una importante declaración. Lo hace bajo el título: “La rentrée du comte de Barcelone contre Franco et pour la liberté”, lo publica el periodista Edouard Balbi en 'L'Express', y posteriormente el director de 'Le Monde Fontain' concierta una entrevista en Estoril para el día 24. Sin embargo, presionado por sus consejeros y por su familia a límites inauditos, D. Juan se echa atrás. Me diría: “Tono [era como me llamaban los íntimos], no tengo más remedio y tiro la toalla, pero debo decirte que no he conocido a nadie más leal que tú y tengo la mala suerte de que eres republicano”.

Todo esto se lo he relatado para que no tenga la menor duda de que soy el único español que tiene autoridad moral para decirle la verdad. Y es desde esa lealtad que me reconocía su abuelo, que me permito decirle en esta hora crucial de nuestra historia, donde un grupo de sediciosos a los que durante años nadie ha hecho frente, que con un aplastamiento total de los derechos más elementales de los catalanes no separatistas, sin fuerza militar, ni razón jurídica, ni histórica que los sustente, mientras ignoran la Constitución y la ley, y aplastan impunemente los derechos humanos más elementales de los catalanes no nacionalistas, no puede, señor, permanecer en silencio.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy (d), acompañado del jefe de la Casa del Rey, Jaime Alfonsín. (EFE)
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy (d), acompañado del jefe de la Casa del Rey, Jaime Alfonsín. (EFE)

Sé que el jefe de la Casa Real, Jaime Alfonsín, y el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, cuya ignorancia es solo superada por su cobardía sin límites, le han convencido de que su obligación constitucional de “arbitrar y moderar”, que es un mandato que solo cabe interpretar en privado y nunca en público, una interpretación delirante y que si la historia política sirve de guía, sin duda le costará la Corona, porque ante un golpe de Estado público y abierto, su obligación constitucional inexcusable es explicar en público al pueblo español qué medidas piensa tomar para cortar de raíz el golpe de Estado, y qué medidas piensa tomar para evitar su repetición.

Y en su defecto, que aborte el referéndum de independencia de Cataluña convocando y presidiendo una manifestación civil imponente en Barcelona el 1-O y vaya sin escolta militar, si no lo hace, dejará de ser rey de España y no le queda más salida que la que mostró su bisabuelo Alfonso XIII en Cartagena”.

El Disparate Económico

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