¿Quién crea realmente el dinero?

Pese a lo que muchos piensan, el dinero no lo crea realmente el banco central, sino sobre todo los bancos comerciales           

Pese a lo que muchos piensan, el dinero no lo crea realmente el banco central, sino sobre todo los bancos comerciales

            Durante los años que vivimos peligrosamente (2003-2008) y que nos han llevado al infecto cenagal en el que nos encontramos desde que comenzó la crisis, parecía que habíamos entrado en “la gran moderación”. Corría el mes de agosto de 2007 cuando Brad DeLong, una de las máximas autoridades por aquella época en política monetaria en los EEUU, escribió:

            Han transcurrido 20 años desde que Alan Greenspan se convirtiera en presidente de la Reserva Federal estadounidense. Desde entonces, se ha producido la tasa de aumento de la renta media mundial más rápido de cualquier generación, así como unos estallidos notablemente escasos de desempleo masivo que causarán deflación o destrucción de la riqueza. Sólo la década y media perdida por Japón y las privaciones de la transición poscomunista se consideran catástrofes macroeconómicas de una magnitud en otro tiempo deprimentemente común. [...] Por tanto, mi opinión es que haríamos bien en apostar por la teoría de que los bancos centrales hoy están más preparados y tienen una visión más aguda y menos tendencia a dar saltos miopes o permitir que los hagan saltar de un lado a otros unos señores políticos que cambian impredeciblemente los objetivos que ellos en principio persiguen año tras año. Ojalá esta situación dure muchos años”.

Lo más impresionante de todo es que, mientras decía estos disparates, la mayor burbuja de crédito de la historia estaba estallando ante sus narices, siendo la quiebra de Blackstone el pistoletazo de salida.

Veamos exactamente qué es lo que pasó en España y en Europa con el dinero durante esos años, que es lo que aparece en el siguiente gráfico. La cantidad de dinero en circulación se incrementaba a tasas espeluznantes, y buena parte de él se dirigía a países como España, donde la masa monetaria llegó a incrementarse hasta tasas del 20%, mucho más altas que en Europa. Pero ¿de dónde salió tanto dinero? La sabiduría convencional nos indica que era ahorro de los industriosos alemanes que prestaron a los manirrotos españoles, pero no cabe duda de que este no es más que otro de los mitos de esta crisis.

En su último boletín trimestral, el Banco de Inglaterra ha publicado un interesantísimo trabajo en el que nos habla de cómo se crea realmente el dinero en una economía moderna. En resumen, lo que nos dice es que no fueron los bancos centrales los responsables de la monstruosa burbuja financiera, sino que fueron los bancos comerciales los que crearon de la nada esa enorme cantidad de dinero. Utilizaron innovadores instrumentos financieros que les permitieron apalancarse hasta límites insospechados. Esto alimentó las expectativas de las empresas y las familias que, optimistas con el futuro, aprovecharon tantas facilidades para endeudarse de forma exponencial, provocando en el camino enormes burbujas de activos. Cuando la realidad demostró que ese optimismo no estaba justificado, empezó a no poderse devolver la deuda por parte de cada vez más prestatarios y finalmente todo el edificio montado se vino abajo.

Por lo tanto, la deuda de la banca española con el exterior no sería fruto del ahorro, sino de una inflación creada por bancos alemanes, franceses, holandeses e ingleses, básicamente. La banca española estaba sometida a una regulación mucho más estricta que le impedía sacar de balance las titulizaciones de activos –unas de las innovaciones financieras más utilizadas– y por lo tanto no pudo entrar más que parcialmente en el juego de los bancos de esos países.

Esa forma de actuar ha creado un riesgo moral terrible. Los que se equivocaron han pagado poco o nada por ello, salvo excepciones, por lo que el incentivo para repetir el ciclo de toma de riesgos enloquecida es brutalSi los bancos centrales tuvieron culpa, esta fue evidentemente por no cortar a tiempo estas prácticas, pero no por fomentarlas, ya que la banca comercial no necesitaba a nadie para que la jaleara en su carrera hacia ninguna parte. Es como si echáramos la culpa a la Policía de que nos hayan robado en nuestra casa: la culpa es del ladrón.

El trabajo del Banco de Inglaterra realmente es una defensa de las políticas monetarias no convencionales utilizadas por este desde 2008. La justificación consiste en que ante un crash crediticio como el vivido y sin una intervención del banco central, la deflación hubiera provocado que la economía entrara en una “espiral de la muerte” similar a la vivida en el período 1929-1933 en los EEUU. Según ellos, sólo el banco central podía evitar esto.

Posiblemente tengan razón, pero no debemos olvidar que esa forma de actuar ha creado un riesgo moral terrible. Los que se equivocaron han pagado poco o nada por ello, salvo excepciones, por lo que el incentivo para repetir el ciclo de toma de riesgos enloquecida es brutal. Es lo que Hyman Minsky expuso en su Hipótesis de la Inestabilidad Financiera. Esa ponzificación de la economía lleva a una concentración de la riqueza cada vez mayor en manos del sector financiero y a una pérdida general de eficiencia económica en todos los sectores. Justo lo que se supone que es la mayor –si no la única– virtud del sistema capitalista. La solución propuesta por Minsky (una estricta regulación del sector financiero) o por otros más radicales (una nacionalización del sector financiero como la que hizo Mitterrand en Francia hace décadas) por desgracia parece estar cada vez más lejos de llevarse a cabo. Posiblemente la banca sea ya demasiado grande y poderosa. Si es así, sólo nos queda esperar la siguiente crisis financiera, prepararnos a nivel individual lo mejor posible y rogar por que esta vez no llegue el temido momento Minsky.

Gráfico de la Semana
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