Hacia la guerra generacional

En las redes cada vez se percibe más un profundo resentimiento de muchos jóvenes hacia los mayores, a los que ven como el único obstáculo que separa al país de una regeneración democrática

Foto: Un niño introduce el voto de su padre en la urna durante la jornada electoral de las elecciones europeas. (EFE)
Un niño introduce el voto de su padre en la urna durante la jornada electoral de las elecciones europeas. (EFE)

Los partidos en los diferentes gobiernos han provocado una fractura generacional que tendrá consecuencias devastadoras sobre la sociedad española

Los que pasamos una parte del día en las redes sociales en lo que atañe a su función de difusión y formación de opinión nos damos cuenta de que las personas que las frecuentan no son ni remotamente una muestra representativa de la sociedad española. Son, sobre todo, más jóvenes. Si vamos a los datos del CIS (último estudio de octubre de 2014), nos encontramos que entre la población en general un tercio se informa por internet, frente a la mitad que lo hace por la prensa en papel y nada menos que el 90% por TV o radio (considerando quien se informa al menos una vez a la semana).

Sin embargo, este porcentaje se encuentra sobre el 45% para los menores de 45 años en el caso de internet (32% para el grupo de 45 a 54 años), permaneciendo altísimo en todo caso el porcentaje que además se informa por radio y TV (80 a 90%). El uso de la prensa escrita como medio de información en materia de opinión política encuentra dos mínimos, uno entre los más jóvenes (18 a 24 años) y otro entre los mayores de 65 años, aunque en ambos casos las diferencias no son tampoco demasiado importantes.

Pero la distancia abismal de verdad la encontramos en el uso de internet para informarse de los mayores de 65 años, ya que lo utilizan unas cinco veces menos que los menores de 45 años, es decir, solo una de cada once personas.

Difícilmente se puede resistir la tentación de consultar, en el mismo CIS, el barómetro de abril y comprobar la intención de voto directa por grupos de edad, que es lo que vemos en el gráfico de esta semana.

Los resultados son estremecedores, ya que muestran unas diferencias escandalosas entre los más jóvenes y los mayores. Mientras que en un parlamento elegido solo por los jóvenes veríamos a Podemos ganar con claridad las elecciones y al PP reducido a una fuerza testimonial, entre los mayores el PP y el PSOE arrasarían, quedando Ciudadanos y Podemos como fuerzas muy reducidas. Agregando los votos de todos los menores de 55 años el panorama tampoco cambia demasiado, que es lo que vemos en el siguiente gráfico.

En ese grupo de edad Podemos seguiría ganando con claridad, y además veríamos un fuerte ascenso de Ciudadanos, que quedaría casi empatado con el PSOE. El PP sería cuarta fuerza, muy descolgado.

Nos encontramos, pues, a una gran mayoría de los jóvenes y de las personas de mediana edad que optan con claridad por la liquidación del statu quo bipartidista PP-PSOE mantenido desde 1982, pero cuya opinión choca frontalmente con la del grupo de edad de los mayores de 65 años.

Los políticos han detectado la dificultad de ganar el voto de los jóvenes (era terriblemente caro y difícil) y la facilidad de conservar el de los ancianos

¿Por qué existe esta diferencia tan brutal sobre la percepción de lo que conviene o no a nuestra sociedad? A mi modo de ver existen dos explicaciones. La primera la vemos en el siguiente gráfico, que muestra la tasa de paro por edades según la última EPA. El gráfico, como es lógico, llega solo hasta los 65 años, edad a partir de la cual nadie trabaja, pero todos los que han trabajado un cierto número de años cobran su pensión y, en principio, no perciben un riesgo en cuanto a su seguridad económica.

Lo que se ve es que sencillamente nuestra sociedad apenas deja trabajar a los jóvenes, y además los pocos que lo consiguen lo hacen en unas condiciones lamentables en la gran mayoría de los casos. Es decir, que a unos la crisis les ha tocado de refilón (mayores de 55 y sobre todo jubilados) y a los jóvenes les ha caído directamente un bombardeo sobre sus cabezas.

La segunda razón es la manipulación mediática. Internet es endiabladamente difícil de manipular, mientras que los medios tradicionales se manipulan a placer si se dispone de la suficiente cantidad de dinero (medios privados) o se controla el Gobierno de turno (medios públicos). El hecho de que los mayores se informen casi exclusivamente a través de los medios tradicionales los hace muy vulnerables a la manipulación. En los jóvenes actúa el efecto contrario. Han salido sumamente perjudicados por la crisis y además se informan en buena medida a través de internet, lo que los hace más resistentes a las formas de manipulación mediática tradicionales.

¿Y qué papel han jugado los políticos en todo esto? Podríamos decir que han sido los perfectos bomberos pirómanos. Sus departamentos de marketing electoral han detectado la dificultad de ganar el voto de los jóvenes (era terriblemente caro y difícil) y la facilidad de conservar el de los ancianos, y teniendo como tienen la ética guardada en el baúl de los recuerdos desde hace tanto tiempo que ya no saben ni dónde está, no han dudado ni un instante en decidir qué es lo que tenían que hacer: buscar su propio beneficio a costa de lo que fuera. Los jóvenes, así, han quedado abandonados a su suerte con el único apoyo de su entorno social y familiar.

En las redes sociales cada vez se percibe más un profundo resentimiento de muchos jóvenes hacia los mayores, a los que ven como el único obstáculo que separa al país de una regeneración democrática tan urgente como imprescindible. Esto está haciendo crecer por momentos el riesgo de una auténtica fractura generacional, de la cual los políticos son los únicos causantes al no haber tomado ninguna medida para que el impacto de la crisis se repartiera de forma simétrica entre la población. El último y envenenado legado de este corrupto bipartidismo que ha asolado el país.

Gráfico de la Semana
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