La inevitable subida de los precios del petróleo y sus consecuencias

La Agencia Internacional de la Energía avisa de lo que está por venir. ¿Estamos preparados?

Foto: Un pozo de extracción de petróleo de la empresa Pemex en el estado mexicano de Chiapas. (EFE)
Un pozo de extracción de petróleo de la empresa Pemex en el estado mexicano de Chiapas. (EFE)

En un reciente informe la IEA (Agencia Internacional de la Energía) avisaba de lo que ya venimos analizando desde este blog desde hace casi dos años: el superciclo de materias primas ha cambiado de signo con extrema brusquedad y está a punto de golpearnos con fuerza.

Para poder comprender lo que está pasando nos tenemos que remontar a los años inmediatamente anteriores a la Gran Recesión. Una economía mundial recalentada y en especial la demanda china provocaron que las compañías (públicas y privadas) que se encargan del suministro de petróleo a nivel mundial se quedaran muy rezagadas en su capacidad para atender la demanda. Esto causó un repunte brutal de precios que se unió a una fiebre especulativa en las postrimerías de 2007 y hasta el verano de 2008, cuando el precio del Brent tocó los 147 dólares.

Esta tremenda subida de los precios del petróleo y en general de todo el complejo de materias primas (de las cuales el petróleo sigue siendo la más importante) causó un repunte inflacionario y una reacción de los bancos centrales para tratar de frenar la escalada de precios. En un mundo hiperendeudado la subida de tipos no pudo ser soportada por las familias y empresas en situación financiera más delicada, lo que ocasionó un derrumbe en cadena del sistema financiero mundial.

A día de hoy la situación de la deuda global es todavía peor que antes de la crisis, como vemos en el gráfico siguiente, en que se ve cómo nos encontramos en máximos en relación al PIB mundial (que es un reflejo de la capacidad de repago de esta deuda). Esto ocurre debido a los bajísimos tipos de interés, que hacen que la capacidad para endeudarse aumente. Por ello cualquier subida de tipos por parte de los bancos centrales para luchar contra la inflación puede provocar un auténtico desastre entre las familias y empresas que puedan estar ya pagando con dificultades.

Aquí es donde cobra una importancia capital la situación en el mercado del petróleo. Como vemos en el gráfico de la IEA la inversión en petróleo a partir de 2014, cuando se hundieron los precios, bajó con mucha fuerza tanto en 2015 como en 2016. Esto hace que con las tasas de inversión actuales sea totalmente imposible a medio plazo cubrir tanto la decadencia de los campos en explotación como el incremento de la demanda mundial. Recordemos que la demanda está aumentando con muchísima fuerza. Los factores detrás de este incremento son los precios relativamente reducidos del petróleo, la fortaleza de la demanda en países emergentes y el hecho de que la demanda también ha revivido en EEUU y Europa. Las renovables a día de hoy todavía aportan poco en la sustitución del petróleo y la decadencia del carbón por motivos fundamentalmente medioambientales también ha sido un factor importante para este incremento global del consumo de petróleo.

Se puede estimar la brecha entre la inversión necesaria a día de hoy para mantener el suministro y la inversión habida en 2016, de unos 470.000 millones de dólares. Dado que el incremento medio habido desde 2005 (punto en el que se hizo necesario empezar a recurrir de forma masiva a los petróleos no convencionales) y 2016 ha sido del 6,8% anual, la inversión teórica en 2017 debería ser de 706.000 millones, es decir, un incremento de 236.000 millones desde 2016. Algo que es más del doble del mayor aumento habido nunca en el sector (entre los años 2007 y 2008). En 2020 la inversión necesaria será ya de 860.000 millones, cerca del doble de la actual.

Se antoja casi imposible que la industria pueda responder con tamaña celeridad a unas señales de precios que avisarán cuando ya sea muy tarde. Sabiendo que además existe un desfase temporal importante entre que se realiza la inversión y los pozos entran en producción y que además la capacidad ociosa está en niveles realmente bajos, a mi modo de ver (y de la IEA) es casi inevitable que vemos un repunte de los precios del petróleo importantísimo entre 2018 y 2020. Es decir, una posible repetición de la situación que había en la crisis de 2007-2009: altísimo endeudamiento y repunte de la inflación por lo que los neokeynesianos llamaron en los 70 del siglo XX “perturbaciones de la oferta”.

Si los bancos centrales reaccionan a las inevitables tensiones inflacionarias con subidas de tipos de interés esto hará que las cuotas a pagar por los innumerables créditos a tipo variable que existen o que se tienen que renovar suban de forma muy notable. Y aquí hablo especialmente del inmenso crédito empresarial, en forma de créditos como tales pero también de instrumentos de deuda como son los bonos corporativos. La propia subida de precios del petróleo a esas alturas habrá dañado bastante la economía, con lo que una subida de tipos podría ser la puntilla que desencadenara una nueva crisis financiera global.

¿Hasta qué punto es plausible esta situación? Todo dependerá de la reacción de los bancos centrales. A mi modo de ver la única forma de evitarlo sería que tuvieran una mayor tolerancia con tasas moderadamente altas de inflación, lo que provocaría un período de estanflación similar, aunque posiblemente menos grave, al de los 70 del siglo XX.

Sin embargo veo improbable que esta estanflación ocurra, con lo que una nueva crisis financiera global dentro de los próximos cuatro años parece casi inevitable. Y más nos vale estar preparados para ello.

Gráfico de la Semana

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