La incompleta recuperación de la economía española

La reciente encuesta de condiciones de vida expone bien a las claras que aún estamos muy lejos de los niveles de vida previos a la crisis

Foto: El ministro de Economía, Luis de Guindos. (EFE)
El ministro de Economía, Luis de Guindos. (EFE)

A tenor de lo que repiten muchos tertulianos y analistas de los medios afines al poder (que son casi todos), parecería que la crisis fuera ya agua pasada. Sin embargo, el INE en su 'Encuesta de condiciones de vida' deja bien claro que no es así. En el gráfico siguiente, podemos ver la evolución de la renta media por persona entre 2008 y 2016. Este es el año de la encuesta, pero los datos se refieren al año anterior. Como vemos, el máximo se alcanzó en 2008 y luego tuvimos una caída continuada que no se detuvo hasta el año 2014. Si tenemos en cuenta la inflación del periodo, la caída de renta acumulada en 2015 era, pese a la recuperación del 2,8% de ese año, de un 13,2%. Es decir, que aún necesitaríamos otros cinco años al ritmo de recuperación de 2015 para conseguir alcanzar los niveles de renta por persona de 2008. Como 2016 también ha sido un buen año y 2017, si no hay imprevistos, también lo será, tendríamos que esperar a 2021 para que la sociedad española superara los niveles de riqueza material de 2008. Nada menos que 13 años perdidos.

Por supuesto, esto tiene su reflejo claro en el empleo. Como vemos en el siguiente gráfico, la recuperación de empleo (normalizado de parcialidad, lo que se conoce como empleo equivalente a tiempo completo), a finales de 2016 estaba lejísimos de los niveles de 2008, en cuyo primer trimestre se alcanzó el máximo histórico de empleo de la economía española con 20.175.000 empleos. El mínimo lo vimos a finales de 2013, con una caída del empleo del 19,8%. A finales de 2015, la caída quedaba en el 15,5%, y a finales de 2016, en el 13,2%. Es decir, que solo hemos recuperado un tercio del empleo perdido en tres años de fortísima creación de empleo. Lo cual nos lleva a fechas más o menos similares a las anteriores para una recuperación completa, en este caso un año más, 2022.

La retórica de que la crisis quedó atrás parece entonces más falsa que nunca a la vista de estos datos, a los cuales se puede añadir cualquier indicador que queramos (producción industrial, actividad de los servicios, actividad comercial). El único que no cuadra es el dato del PIB, que es en el que se basa la retórica triunfalista del Gobierno y de sus palmeros. No sabemos a ciencia cierta qué ha pasado para que el PIB no sea capaz de reflejar lo que tiene que reflejar, que es el nivel de vida de un país, pero está más que claro a estas alturas que resulta un indicador totalmente inútil para evaluar la evolución de la crisis y de la recuperación.

Más allá de este problema, lo que nos dicen estos datos es que tenemos una economía con una capacidad ociosa de la fuerza de trabajo muy grande, es decir, con una demanda muy deprimida. Para alcanzar unos niveles adecuados de empleo dentro de lo que es el contexto europeo, deberíamos crear todavía unos 2,5 a tres millones de empleos más, con lo que superaríamos el 70% de la población entre 20 y 64 años con empleo. Se antoja difícil que seamos capaces de llegar a esa cifra antes de la siguiente crisis, cuya gravedad aún es una incógnita, pero que a mi modo de ver coincidirá con el inevitable pico de precios de las materias primas, que se dará en un plazo de dos a tres años.

Sin ese cambio de modelo productivo, ni tendremos a largo plazo pleno empleo ni seremos capaces de pagar salarios homologables a los de la Europa rica

Por último, me gustaría terminar con una reflexión sobre el sector exterior. A pesar del excelente comportamiento de las exportaciones (que tampoco es excepcional en el contexto europeo), estamos viendo cómo las importaciones aumentan aún más rápido, de modo que la balanza comercial se deteriorará sobre siete décimas del PIB durante este año. Según continúe el ciclo, es de prever que la tendencia se acentuará, con lo que nos veríamos otra vez en una situación de déficit exterior notable cuando nos acercáramos a los niveles de actividad económica de 2007. Cierto que no tan grave, pero aun así podríamos ver unos tres puntos porcentuales de déficit por cuenta corriente, algo a largo plazo insostenible. Eso pone de manifiesto que el modelo productivo sigue teniendo graves problemas.

No generamos suficientes exportaciones como para que a nivel macro pueda sostenerse un empleo completo de la fuerza de trabajo, y los poderes públicos no están haciendo nada para paliar esta situación mediante la financiación de I+D pública, el establecimiento de mecanismos eficaces de transferencia público-privada de tecnología o la creación de una banca pública empresarial al estilo de la alemana. Lo único que están haciendo es tratar de devaluar los salarios, una política tan primitiva para tratar de solucionar el problema del desempleo que cuesta trabajo entender que se siga recomendando. Es como si un médico siguiera recetando sangrías para intentar curar a un paciente. Lo que sí que debemos tener claro es que, sin ese cambio de modelo productivo, ni tendremos a largo plazo pleno empleo ni seremos capaces de pagar salarios homologables a los de la Europa rica a nuestros trabajadores.

Gráfico de la Semana

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
7 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios