Comparando la recuperación en los diferentes países europeos

La repercusión de la crisis sobre los diferentes países europeos ha sido radicalmente diferente, siendo España uno de los que peor comportamiento ha tenido

Foto: Vista de la exposición Sweet Europa, en la que artistas griegos satirizan sobre la situación economica en Europa. (EFE)
Vista de la exposición "Sweet Europa", en la que artistas griegos satirizan sobre la situación economica en Europa. (EFE)

Uno de los más espinosos temas con los que los analistas tenemos que lidiar, por sus enormes repercusiones políticas, es la diferencia tan enorme que ha habido en la repercusión de la Gran Recesión en los diferentes países. En este artículo centraré el análisis en Europa, tomando como punto de comparación lo que ha pasado en España. Elijo como indicador las ventas en el sector servicios ya que el peso de este sector en la economía es aplastante en toda Europa y además, como he demostrado en artículos anteriores a lo largo del último año, es altamente fiable para valorar la evolución general de la economía.

Tomamos como punto de partida el año anterior al estallido de la crisis, es decir, hace exactamente una década (2007), lo que nos permite abarcar un período de una década.

En primer lugar analizamos el grupo de los países más importantes de la Eurozona, además de Portugal, Irlanda y Grecia más el Reino Unido, y lo primero que llama la atención, diez años después, es que no hay ningún parecido entre unos países y otros. Podemos dividirlos en dos grupos. El primero lo conformarían los que se hallan ahora mejor que en 2007: Irlanda, Alemania, Francia y Reino Unido. El segundo lo forman los países que están netamente peor: Grecia, Portugal, España e Italia. Las diferencias entre uno y otro grupo son realmente abismales. El caso de Grecia es el más llamativo, con una caída del 43%, lo que son niveles no ya de depresión sino más bien propios de un conflicto bélico masivo, además sin indicio alguno de recuperación. En Portugal y España las caídas son más bien propias de una gran depresión. En España tenemos todavía unos niveles de actividad un 14% más bajos que en 2007, mientras que en Portugal son un 23% menores. Como contraste en Irlanda la actividad de los servicios es 56% mayor que en 2009 (no hay datos en Eurostat de 2007), en Alemania un 14% mayores, en Francia un 18% y en el Reino Unido un 34%.

El caso español es claramente el pinchazo de una monstruosa burbuja crediticia financiada desde el exterior y que no tenía ningún fundamento sólido en mejoras de la productividad de la economía. Es decir, una gigantesca mentira orquestada por una confabulación de la banca, constructoras y los partidos políticos a los que les daba igual el preparar el país para un cataclismo económico con tal de beneficiarse política y económicamente. Ahora la economía sigue siendo la misma mediocridad de siempre, se ha destrozado la vida a millones de personas, y además ha quedado fosilizado un billón de euros en deuda neta exterior que hace que la fragilidad financiera de la economía española sea extrema. Esto causará sin duda alguna graves problemas en el futuro, con nuevas y tremendas recesiones a cada nueva crisis financiera.

El caso de Grecia es de una brutalidad extrema, ya que la economía griega, si bien sufrió un fuerte boom, ha padecido una caída de una dureza impresionante. Su economía se mueve en niveles muy por debajo de su potencial y parece incapaz de salir del agujero negro en que se encuentra, con una sociedad corrupta y adormecida, una clase política cobarde o más corrupta aún, y huérfana de cualquier apoyo exterior.

El caso de Grecia es de una brutalidad extrema, ya que si bien sufrió un fuerte boom, ha padecido una caída de una dureza impresionante

Portugal es posiblemente el caso más triste de todos, ya que ni siquiera sufrió un boom económico tras la entrada en el euro y sin embargo sí que ha sufrido una gran depresión económica. Al igual que la economía griega, parece totalmente incapaz de salir de la lamentable situación en que se halla. La sangría de capital humano es permanente y ello hace que el futuro pinte más negro que nunca.

Italia es otro caso de evolución económica penosa. Al igual que Portugal, no tuvo ningún boom económico tras la entrada en el euro. Su actividad en los servicios se halla ahora mismo un 5% por debajo de la de 2007.

Todos estos países tienen en común el hecho de que eran –éramos–, antes de la entrada en el euro, economías muy débiles en relación a los países ricos de Europa. Nuestra productividad era baja y los sectores punteros de la economía muy pequeños. El euro lo que ha hecho es actuar, tras una primera fase en que los agentes económicos no entendieron bien lo que era, de amplificador de todos los problemas. Todos estos países tienen en común escasa dotación de capital, sociedades corruptas y poco sensibilizadas ante los problemas de las economías actuales y élites incapaces y aún más corruptas que la población que las mantiene en el poder elección tras elección. Son economías muy sensibles al tipo de cambio y al estar ligadas a algunas de las economías más potentes del mundo (especialmente Alemania), sufren el llamado “mal holandés” de una forma persistente. Eso hace que la estructura productiva sea casi imposible de modernizar, máxime en las condiciones sociales tan desfavorables que padecen.

Podemos comparar la evolución de este grupo de países con el de otro grupo de países europeos que a priori partían de condiciones más desfavorables: Rumanía, Polonia, Bulgaria y Turquía. Esto lo vemos en el segundo gráfico de hoy. Contra todo pronóstico el comportamiento de estos países ha sido en todos los caso excepcionalmente bueno. Rumanía crece entre 2007 y 2016 un 48% en la actividad de los servicios, Bulgaria un 41%, Polonia un 55% y Turquía nada menos que un 133%. Todos ellos padecen graves problemas sociales de corrupción, élites poco formadas e igualmente corruptas y a veces directamente autoritarias y escasa dotación de capital.

El principal factor diferencial, pese a la enorme querencia que tienen las poblaciones del Sur de Europa por el euro, es la pertenencia o no a esa moneda. Está claro que si queremos un futuro diferente para las poblaciones del Sur de Europa es necesario replantear la conveniencia de permanecer o no en esa moneda, pese a las resistencias sociales y también de las grandes empresas (hiperendeudadas con el exterior). Es evidente que sería un proceso traumático y duro, pero igualmente necesario. Sino, y como dice la copla popular, seguiremos en la misma situación de la última década de que “hay amores que matan”.

Gráfico de la Semana

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